NUMERO 1 MARZO 2026

VOLVER A PRODUCIR POLÍTICA

POR Redacción De Frente — marzo 20, 2026

Cuenta Eduardo Galeano en El libro de los abrazos: 

El pastor Miguel Brun me contó que hace algunos años estuvo con los indios del Chaco paraguayo. Él formaba parte de una misión evangelizadora. Los misioneros visitaron a un cacique que tenía prestigio de muy sabio.

El cacique, un gordo quieto y callado, escuchó sin pestañear la propaganda religiosa que le leyeron en lengua de los indios. Cuando la lectura terminó, los misioneros se quedaron esperando.

El cacique se tomó su tiempo. Después, opinó:

– Eso rasca. Y rasca mucho, y rasca muy bien.

Y sentenció:

– Pero rasca donde no pica.


Cuando nadie tiene la culpa: Estructuras endogámicas, solidarismo  y deformaciones militantes

El voluntarismo implica cruzar, cada vez que es necesario, un río nadando. El método político (el punto final al voluntarismo organizado), equivale a construir un puente para pasar caminando sobre el mismo río. Decidir construir el puente implica diseñarlo (plan/plano), obtener los materiales de fabricación (recursos) y finalmente construirlo (acción). Cruzar nadando sólo requiere fuerza y resistencia; hasta que ya no den más los brazos o alguien nos ofrezca subirnos a su bote o cruzar por su puente, bajo sus condiciones. No es posible aplicar las dos formas simultáneamente; por eso aquí reside la primera gran decisión política que debe afrontar el Peronismo para el SXXI.

Por alguna razón, que no es objeto de esta nota descubrir, entre las múltiples deformaciones que la militancia peronista supo conseguir de 2015 a esta parte, existe la idea de que lo que motoriza a la política desde la militancia de base es la coordinación de pocos recursos con fines solidarios, muchísima fuerza de voluntad aliviadora de culpas pequeñoburguesas y universitarias, y una narración exagerada en redes sociales de jornadas breves que no llegan ni siquiera a la categoría de parche frente a las problemáticas reales que atraviesa la  sociedad argentina en la actualidad. Seguramente ocurran muchas otras cosas, muchas de ellas buenísimas, dentro de las deformaciones militantes que supimos conseguir; pero como no son del todo instagrameables no se narran y si no se narran no existen ¿O si?.

La solidaridad es un elemento profundo de nuestra Humanidad; existe y debe existir, está presente y debe estarlo; porque somos humanos que nos conmovemos con otros seres humanos y nos nace, humanamente; ayudar, colaborar, aportar algo para que esos otros seres humanos mejoren sus condiciones para afrontar la vida; más allá de nuestra condición militante. Es verdad que también suenan algunas voces sobregiradas hasta el ridículo que caracterizan a la militancia como un estadío de superioridad social. 

La solidaridad es central para el crecimiento de cualquier sociedad, no lo es para la construcción de un dispositivo político desde una estrategia alternativa y revolucionaria. La solidaridad como único motor; confunde y relativiza todos los demás, iguales o más importantes, pilares de la política a la hora de acumular legitimidad y poder desde el barro; lejos de los nepotismos de Palacio y las torres de marfil académicas hiperracionalizadas. La solidaridad por sí misma, sin la amalgama con la producción política, se puede encontrar en cualquier organización civil; se puede militar tanto en una parroquia, como en un grupo de amigxs, como en un comedor, un club, etc. El desafío para la calidad política es poder encauzar esa solidaridad – que tenemos por ser humanos – en política de transformación y realidad efectiva. Fuimos, somos y seremos solidarios porque somos humanos. Fin.

Y en el mismo lodo, todos manoseaos

Hubo a principios de 2026 un cruce de puntos de vista entre una nota publicada en Revista Panamá y una respuesta en la revista Kranear las cuales agradecemos porque nos ayudaron a pensar; a nutrir nuestra perspectiva y verdades relativas, a debatir ampliando las variables de análisis. Dicho debate, tuvo lugar con relativo impacto en las discusiones silvestres de los peronismos digitales. Tomaremos este interesante cruce como indicador del estado general y síntoma del debate que pulsionalmente atraviesa la política participativa, amplia y expansiva que el Peronismo debe encarnar con urgencia. No es relevante, bajo ningún punto de vista, indagar sobre quién tiene más o menos razón entre ambas publicaciones comprometidas con su tiempo que es también el nuestro. 

Una preocupación sobre la que tenemos más interrogantes que certezas tiene que ver con el exagerado  análisis de las narrativas políticas frente a la ausencia total de sustancia que movilice, active, empuje, entusiasme y dispute. Como la dirigencia desorientada, gastada y burocratizada no tiene la mínima intención (y quizá capacidad) de motorizar entusiasmos sociales por fuera de las lapiceras y los escritorios, el periodismo analítico completa los espacios vacíos frente a la pereza o limitaciones dirigenciales. Es por esta falta de creatividad y producción política que entusiasma mucho más escuchar a Tomás Rebord o a Martín Rodriguez; a Leyla Becha, Juan Ruocco o a Tomás Trapé, interpretar las narrativas que la política actual genera por sobre cualquier dirigente peronista que sólo discute internismos con otros dirigentes peronistas (en el mejor de los casos), disputando sobre virtudes y limitaciones respecto a la transparencia en la gestión y coso. Es realmente muy difícil despertar el interés desde tan chata mediocridad; incluso en los sectores más interesados por la política desde el Peronismo de base. 

El análisis de las narrativas políticas no tiene nada de malo, más bien todo lo contrario; pero presenta límites demasiados cercanos a lo netamente testimonial como para tener la capacidad de movilizar transformaciones donde el Pueblo Organizado sea protagonista. Estos análisis, aunque muchísimas veces valiosos y profundos, no disputan; no materializan ni aumentan ningún tipo de organización con hambre de transformación; solamente narran. Cuentan, describen, analizan y desarrollan a partir de los hechos que ocurrieron u ocurren en las arenas de disputas políticas. La militancia peronista, en clave de Poder, tiene la responsabilidad histórica de comprender lo que está por pasar y accionar, con todas sus fuerzas, en consecuencia. Los intérpretes de narrativas no acumulan para futuras luchas, ni proponen rumbos ni impulsos de transformación, sencillamente porque no es su rol hacerlo; es rol de la política y de la pequeña dirigencia peronista post Cristina que no sabe o no quiere estar a la altura de la historia sino es desde atrás de un escritorio con una hermosa lapicera en la mano. Si no somos capaces de diferenciar líderes o conductores de coordinadores y comisarios políticos; estamos condenados a fracasar, una y otra vez.

Ni QUÉ hacer ni QUÉ pensar (Táctica/Acción), el Movimiento Peronista tiene la obligación de volver a cimentarse sobre CÓMO hacer y CÓMO pensar (Estrategia/Plan). En el último tiempo, hubo mucha confusión al respecto. Esta confusión dió paso a los paladines del pensamiento y profundizó la dicotomía entre “leales y traidores”, enalteciendo a los que no cuestionan ni una coma sobre lo QUÉ hay que hacer, sin la mínima búsqueda para poder diferenciarlo del CÓMO hacer para nutrir la grandeza de la Patria desde el Movimiento. Se achataron los debates políticos, volviendo mediocres las ideas. Apropiarse de la “lealtad” como excusa de la decisión deliberada de pensar por debajo de sus propias capacidades dirigenciales y sin cuestionamientos, es uno de los problemas más grandes que tenemos. Simplificar los procesos en “qué hacer y qué pensar”, sin lugar para la discusión integral y profunda de la política, resulta en el desafío  principal de cualquier militante peronista de base con interés en formarse como Cuadro de Conducción

El Agua y el Peronismo; una tubería con demasiadas roscas

Utilizaremos la metáfora del agua que se hidrata con algunas observaciones que hacen Daniel Santoro y Pedro Saborido que, naturalmente, nutren el simbolismo para el análisis propuesto: El Cruce del Riachuelo, frontera entre la civilización y la barbarie; el 17 de octubre cuando las autoridades levantaron los puentes y los negros cruzaban a nado. Las patas en la fuente como transgresión y desafío a los símbolos de palacio y elites. El acceso al agua recreativa (Mar del Plata o piletas sindicales); cabecitas excediéndose en su derecho al goce. Para los cogotudos, compartir el agua se asocia con el temor a la contaminación biológica, en este caso social,  por parte del peronista excedido. Tierra y agua; barro del hondo bajofondo; son miles las representaciones. Incluso, la divertida anécdota del peronista menemista Jorge Triaca (padre) que lo aceptaron finalmente como socio del Jockey Club pero sin acceso a la pileta de natación de las instalaciones.

El peronismo es un fluido vital que nace en las entrañas del Pueblo. Como un torrente es incontenible; arrasa obstáculos, inventa cauces e inunda territorios; un fluido contaminado y sucio, oscuro y bacterial. La tarea de la militancia no es detener o limitar el torrente, sino canalizar, filtrar y potabilizarlo para convertirlo en fuerza popular organizada para la  transformación social de esa revolución inconclusa llamada Justicialismo.

UN NUEVO SISTEMA DE PRODUCCIÓN POLÍTICA PARA EL PERONISMO DEL SIGLO XXI

Justicializar es la primera tarea. Poner en marcha un sistema de producción política integral es la segunda tarea y debe articularse desde tres dimensiones: 

La primera es la sustancia política: formarse para comprender, discutir para elaborar, producir política como estructura y contenido concreto, ejecutar en la realidad lo que se proyecta en el papel y ser capaces de adaptarnos y perfeccionar nuestros dispositivos de acumulación. Sin sustancia política, la rosca se convierte en un ejercicio vacío de poder por el poder mismo. Sin formación política de cuadros integrales (no confundir con cuadros técnicos académicos, ni con cuadros de Estado), sin discusión seria, sin capacidad de producción y sin ejecución política, no hay conducción, solo hay simulacro y rosca.

La segunda dimensión es la narrativa de futuro. Ningún pueblo sigue a quien solo se dedica a administrar la memoria de lo que fue. La historia del peronismo, de 1945 en adelante, demuestra que los grandes momentos de movilización popular nacieron de la promesa de un porvenir mejor, no de la repetición nostálgica del ayer. Armar políticamente significa organizar fuerzas nuevas; estructurar políticamente significa dar forma a esas fuerzas en un todo coherente; relatar políticamente significa construir un discurso que enamore; accionar políticamente significa concretar ese relato en el territorio. El rosquero, en cambio, se pierde en discusiones sobre quién ocupa qué casillero, sin comprender o sin que le importe que el Pueblo necesita algo más grande: un horizonte colectivo.

La tercera dimensión es la resonancia digital. La aceleración tecnológica no espera a que las sociedad comprendan y asimilen las nuevas capacidades que brotan todos los días ofertadas por super corporaciones dueñas del Nuevo Mundo, a partir del lanzamiento público y abierto de la inteligencia artificial como nueva infraestructura digital montada sobre la red global hiperconectada. 

El tiempo y el espacio se desdoblan dentro de las pantallas y la instantaneidad, la mentira, la manipulación y los riesgos generados por el alto nivel de analfabetismo digital desequilibran las posibilidades de pensarse solamente desde las herramientas militantes del siglo pasado. Es deber de la nueva militancia comprender y profundizar en las posibilidades que la revolución tecnológica trae para ser utilizadas en favor de los Pueblos. Esta necesidad, sumada a la capacidad de alcance inimaginable para el Peronismo de hace algunos años de algunos Peronistas públicos; adaptados a las lógicas influencers, los streamings, empapados de infotainment u ocupando espacio en publicaciones de chimentos sobre grandes amores con grandes artistas mujeres de música pop. Nadie jamás había tenido la capacidad de resonancia que el Peronismo Streamer tiene. Hay que tejer el hilo que convierte estas perlas sueltas en un collar, que los dedos se aprietan en un solo puño para golpear con más certeza y convicción sobre la historia. Desde los ámbitos militantes donde se discuten las cosas que no discute nadie (que afortunadamente están comenzando a existir), hasta la viralidad más exponencial que algunos clips de recortes de recortes puedan disparar; el tarea de TODO el Peronismo del S. XXI, abandonar la tartamuda reproducción de tácticas gastadas e inútiles; hay que VOLVER A PRODUCIR POLÍTICA.

Retomando la cita a Eduardo Galeano en el inicio de esta nota, la dirigencia actual del Peronismo rasca muchísimo donde no pica  y el tiempo apremia; el Gobierno Libertario impulsa un nivel de daño que empieza a volverse irreparable y no aparecen alternativas concretas y sólidas capaces de ponerle fin a la decadencia de esta Argentina. Es obligación de esta generación de militantes profundizar en las metodologías para la construcción política, para la acumulación y la capacidad de disputa; sin especulaciones ni mezquindades; sin trepar ni acumular fotos en el Instagram con jornadas solidarias vacías de sustancia, sólo para nutrir la narrativa testimonial a la que se redujo a la militancia peronista. Es tiempo de patriotas; es tiempo de volver a proponer un sueño, siempre mirando a la historia DE FRENTE.

Opinión Pública

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