NUMERO 1 MARZO 2026

“LOS ÚLTIMOS 15 AÑOS DE LA POLÍTICA FUERON LA PROFESIONALIZACIÓN DE LA MÍSTICA PARA NO RESOLVER NINGÚN PROBLEMA”

POR Redacción De Frente — marzo 20, 2026

Martín Rodríguez (Buenos Aires, 1978) es poeta, escritor, periodista y analista político. Colabora habitualmente en medios como Le Monde Diplomatique (Edición Cono Sur), Tiempo Argentino, Crisis, La Política Online y elDiarioAR, actualmente trabaja en la radio. Es creador, coeditor de la Revista Panamá y de Supernova, editor en La Nación Trabajadora y mantiene desde 2006 el blog Revolución Tinta Limón y ocasionalmente colabora en Gelatina.  

Publicó Agua negra (1998), Lampiño (2004; Premio Fondo Nacional de las Artes 2003), Paniagua (2005), Para el lado de las cosas sagradas (2009), Ministerio de Desarrollo Social (2013/2018) y Paraguay (2013). En ensayo político es autor de Orden y progresismo. Los años kirchneristas (2014) y, junto a Pablo Touzon, La grieta desnuda. El macrismo y su época (2019).

Llegó a la hora pactada, con un libro de regalo y la amabilidad que obliga a calmar ansiedades, sobre todo las que aparecen cuando se hace algo por primera vez; en este caso una entrevista a una persona con quien deseábamos cruzarnos para hablar de política. 

Quedamos en Tucuman y Rodriguez Peña, en el clásico bar porteño Mar Azul. Él, habitué del lugar, pidió para todos: dos aguas, un café y una Mirinda. Primera vez que nos veía la cara a nosotros que, contrariamente, lo veíamos como un viejo conocido; un amigo al que le consultamos cada vez que podemos “¿Y… cómo la ves?”. 

El sol fuerte daba de frente; nos iluminaba de golpe las miradas y calentaba el ambiente dentro del bar, casi una consecuencia de lo que empezaba a pasar en nuestra mesa. “Para un peronista no hay nada mejor que otro peronista” y esta no es la excepción. Martín Rodríguez llama a nuestro interés por saber qué cosas tendrá para decir. Nos llena de orgullo cortar el lazo de inauguración de estas ENTREVISTAS DE FRENTE, charlando y pensando con Martín Rodríguez como nuestro primer invitado.

PERIODISTA: – Primero que nada preguntarte ¿Cómo te definís? Escritor, periodista, ensayista, analista político, poeta…

MR: – Bueno, dicho en broma: algunas dan de comer y otras no. Las que no dan de comer ayudan a las que dan de comer, ¿no? Hay cosas que definen de uno los demás, y cosas en las que uno se define. El Turco Asís decía: “mi distrito es la palabra”. Supongo que hay una palabra que, si se pudiera desligar del uso mercantil de la “crónica”, la usaría: cronista. Porque para eso también te nutre patear un poco, caminar, conocer la realidad en una especie de “primera mano” y no quedarse enfrascado en el murmullo del pasillo de palacio. Que es algo que viene fracasando en los últimos tiempos, ¿no? Los que consagran su pluma o su voz al servicio y consumo de poder. Es más importante pensar lo que pasa en la calle que en el palacio incluso para subir la vara de tu trabajo, porque hace años que nos gobierna una élite de izquierda y derecha encerrada en privilegios que -esto es lo gracioso- en muchos casos no autoperciben. El burócrata militante se la pasa pidiendo aplausos para sí mismo.  

PERIODISTA: – ¿Cuánto peso tiene, hoy, intentar nutrir desde esa perspectiva?

MR: – Eso para mí hoy es un dogma. Me importa más lo que piensa la gente sobre la política que lo que piensan los que la hacen. Que además son una máquina de fracasar. Muchas veces uso, en joda, una muletilla de Gabriel Vommaro, un sociólogo que habla de los “profesionales del comentario político”. Me pareció siempre una buena definición porque además contiene cierto humor, una cierta autoironía para no tomarse tan en serio. 

P: – Y siendo alguien que escribe poesía, ¿qué ve un poeta que no ve un analista político?

MR: – Es una gran pregunta, pero me queda XL. Bueno, se ven cosas simultáneas y distintas en lo que ve. Seguramente hay un énfasis en el lenguaje, examinar la forma poética de la política, la retórica de una época en su diálogo con las tradiciones. No sé si estoy nombrando un territorio exclusivo de la poesía. Argentina es un país de grandes oradores, aunque ahora sean escasísimos. Argentina, como se confirma en las canchas de fútbol, es una usina creativa. Somos payadores por naturaleza. Entonces por ahí te ponés más atento, por ejemplo, cuando aparece la palabra casta. Que no era una palabra desestimable en cuanto a la capacidad de lo que podía producir. Y además, incluso para los que no somos fanáticos de (Ernesto) Laclau, nos parecía que podía tener la fuerza, como dicen, de un “significante vacío”, ¿no? Tal vez ese podría llegar a ser un ejemplo del foco poético en la política. Sin decir con esto un “la vi”. Si no, más que nada, colocar el foco sobre las palabras que pueden tener encarnadura histórica. En definitiva, lo poético que me interesa en tal caso es funcionar más en una predisposición a cierta escucha del habla común, del habla política, que a una capacidad poética con que darle un juego floral a una interpretación de la realidad. 

P: – ¿Hay una poesía política?

MR: –  Por supuesto. Y a la vez, mi experiencia de lector me deja el sabor de que la poesía política es el desvío más riesgoso. Donde es más fácil fracasar, volverte panfletario, perder el contexto que le da fuerza, subordinar lo estético a algo ideológico. 

P: A mi me pasó que te descubrí a vos con una nota que me pasó un compañero de militancia, El político argentino y la tradición. Hay algo que vos decís ahí respecto al payador que imita lo popular y los payadores populares que cantan de los grandes temas.

MR: – Bueno, ahí lo que nos propusimos con mi amigo Pablo Touzon -que es con quien escribí ese artículo y tantas cosas más-  fue mirar un texto clave de Borges (“El escritor argentino y la tradición”) y colocar “La Comunidad Organizada” de Perón bajo la luz de ese texto. Tal vez sin una gran originalidad, probablemente muchas de estas comparaciones o estas cosas ya las hicieron otros. Pero en ese momento y, a partir de ahí, colocar a Perón con su “Comunidad Organizada” -el famoso ensayo que lee en un Congreso de Filosofía en Mendoza- en un gesto borgeano, donde el entonces presidente se para sobre la gran tradición occidental y no se piensa como un político criollo, periférico, sino como un pensador del gran drama contemporáneo. Ese texto es seguramente más aburrido que el “Manual de Conducción Política” u otros libros de Perón donde aparece más la entraña de conductor. Pero en ese libro macizo, lento y a la vez breve aparece un Perón aspirando a imaginar una solución argentina para los problemas occidentales. 

P: – Ahí no es el Perón que guiña el ojo…

MR: – Exacto. No es un Perón “peronista” que se vuelve gesto, ¿no?, un estereotipo de una habilidad maquiavélica; sino más un tipo que intenta pensar una época del mundo y a la Argentina en esa época. Entonces nos resulta un gesto borgeano, ergo, muy argentino. No se achica, no se queda en lo local. No necesitó nombrar a los camellos. Perón, visto como el político que habla de los grandes temas.

P: – ¿Y la política argentina la ves más en clave poética, en clave tragedia? Tiene elementos de ambas, ¿dónde la ubicás?

MR: – No sé ya qué sería leerla en clave poética. No soy bueno para teorizar estas cosas. Utilizo recursos a mano. Una relativa e incompleta formación académica, mezclada a una incompleta experiencia política, mezclada con la vida común de cualquiera corriendo de atrás la boleta de luz. La Argentina es una tragedia a distintas escalas. Una, no menor, es que desde 2011 la economía no crece, hubo un empobrecimiento permanente. Son todos unos hijos de puta los responsables de estos quince años. Pero lo que sí puedo decir sobre claves de lectura es sobre la relación que establezco con la política. Hay una frase muy linda de Mario Wainfeld en su “decálogo” que resalta una paradoja. Decía Mario que mientras los periodistas deportivos aman el fútbol -más allá de que muchos sean unos mercenarios terribles- el periodista político parecería obligado a odiar la política. Creo que es una frase sobre el legado del “periodismo independiente” de los años noventa. Con la grieta eso se transformó un poco, muchos se hicieron más militantes (y ricos). Pero a largo plazo creo que el periodismo político, lo que queda de eso, no debería fomentar el odio a la política, además, ahora que el periodismo militante se fue agotando. Pero sí comprendo que el fracaso de los últimos quince años de la política pone a lo político en un lugar crítico del que hay que hacerse cargo y del que no se puede salir solo negando la antipolítica, ¿no?  

P: – ¿Cómo es negar la antipolítica?

MR: – La política se hace con lo que el 2001 hizo de ella. La antipolítica es parte de la política. Y Milei, por lo menos al principio, interpretó dónde la sociedad ubicaba a la política de nuevo, en un lugar mucho más choto que el que creían desde los políticos de la grieta, que tenían la autoestima alta fundada en la legitimidad cerrada de sus audiencias. Milei, para ganar, captó que había un desgaste entre la gente y la política mucho más profundo y con un repertorio nuevo, muy distinto del que venía manejando el kirchnerismo y el macrismo. En ese sentido fue más hábil que los dos. A uno para ganarle, al otro para absorberlo. El problema es que eso se le va a volviendo en contra por la misma razón. Cada uno pierde en los términos que plantea su posible éxito: a Milei la economía no le funciona. El empobrecimiento se va ampliando. “No hay plata”, dijo Milei como verdad del Estado. La sociedad le devolverá en la misma moneda: “no hay plata en nuestros bolsillos”. La mishiadura crece. Encima Milei ahora habla de moral y le termina de estallar Libra. El problema es que como viene la mano le quedaba moralizar el discurso mientras la recesión le va comiendo los bordes cada vez más. Está entrando todo su discurso en su propia tormenta perfecta. Por suerte para ellos para las elecciones falta mucho. No sé qué harán. Pero a casi nadie le importan las elecciones. Salvo a los abonados de las listas de siempre. 

P: – Y un poco por ahí quería que nos metamos. 

MR: – Dale.

P: Yo creo que vos tenés varios distintivos como escritor o analista, pero el distintivo principal para mi, es que en el centro de lo que vos escribís, de lo que vos pensás está el hombre de a pie, el hombre común; la mujer de a pie, la mujer común. Y eso me parece sumamente interesante y me llevó a la siguiente reflexión sobre cómo evolucionó el arquetipo del hombre común en nuestro país. A mí me apasiona el siglo XX en la Argentina, es un poco una obsesión que tengo. Y ya lo debo haber leído en dos o tres biografías, esta cuestión de en el Nacional Buenos Aires se podía ser cualquier cosa menos peronista. Comunista, desarrollista, Nacionalista, todos los colores; cualquier cosa menos peronista. Y en ese mismo momento, la calle era de Perón. Los sindicatos eran de Perón. La gente común era peronista. La barra brava era peronista. La organización social de la Argentina era de cierta manera peronista. Hoy está como invertido ese plano. Hoy vas al (Colegio) Carlos Pellegrini y todos son alguna variante del peronismo o, si se quiere, del campo popular. Todos se identifican con alguna línea, pero la calle dejó de ser peronista. O sea, los bichos raros ahora somos nosotros. ¿Cómo se explica eso? ¿Qué pasó?

MR: – Ese es uno de los grandes dilemas;  y creo que no es tan nuevo. Primero, vamos un poquito más atrás; vamos a empezar así: en el 83 el peronismo entra con el pie izquierdo a la democracia. Pierde. O sea, la “mayoría automática popular” del peronismo se pone en crisis en 1983. Gana Alfonsín y en ese triunfo de Alfonsín no hay una supremacía del radicalismo como nuevo partido popular, sino una interpretación más fina del cambio que hubo en la sociedad durante el Proceso. Un voto de posguerra. Más ciudadano que clasista. Leamos “Almirante Cero” de Claudio Uriarte. Como diciendo bueno, ya no estaremos en esa Argentina sin libertad pero con igualdad, que era la Argentina del siglo XX que forjó el peronismo, que empezó a forjar el radicalismo también, pero que el peronismo consumó. Pensá la década del 60: el peronismo proscripto pero la sociedad igualitaria. La clase obrera de Vandor, que es alguien mucho más interesante que la acusación de vandorista, que un adjetivo. Vandor es un sustantivo. Y bueno, cambió la sociedad. Entonces el peronismo entra con el pie izquierdo en la democracia. Entonces, frente a una sociedad a la que se le transforma la estructura productiva, y que, dicho a los pedos, se vuelve menos igualitarista y más libertaria, el peronismo también se renueva, también cambia tras la derrota. Entonces, aparecen distintos momentos. El momento de la renovación peronista, que es un momento donde de algún modo se moderniza. Prioriza un rato el partido, le da un énfasis a la profesionalidad política, que es un gran tema de los 80 (construir una clase política de profesionales). Vos mirabas a los tipos que estaban en la década del 80 en el Congreso, había gente de lujo. Bueno, después vienen los 90. Entonces, el peronismo de los 90, ya lo sabemos, hace un giro ideológico profundo. Y el desencanto de la sociedad con la política ya en los 90 era marcado. De hecho, los dos políticos más inteligentes en los años 90, Menem y Chacho Álvarez, abren la política a nuevos personajes. Digo en chiste: Menem lo hace hojeando la revista Caras, donde encontraba personajes populares como Palito Ortega, (Daniel) Scioli, (Carlos) Reutemann; y Chacho Álvarez hojeando Página/12: donde pululaban Aníbal Ibarra, Zaffaroni, Graciela Fernández Meijide… Eso da cuenta de un agotamiento de la política. La década del 80 consumió en su mala economía al primer esplendor de la clase política. Y a los 90 llega la estabilidad de la Convertibilidad con su alivio en los bolsillos, pero profundizando el desgaste político. De hecho, la Convertibilidad también era una trampa política, además de económica. Porque fue el verdadero pacto de la época. La Alianza en el 99 gana prometiendo sostenerla, casi más que el PJ. Porque quien planteaba una vuelta al cauce histórico finalmente fue (Eduardo) Duhalde. Pero Duhalde no tenía votos. Tenía una parte de los votos. Tenía un 37% de los votos bonaerenses, que es sobre lo que monta su estructura de poder. Y si vos lo mirás a ese 37% de votos bonaerenses, en el fondo, el kirchnerismo se sostiene sobre esa porción del poder duhaldista. Es su base y fue su límite. Pasó de ser una fuerza patagónica a ser una fuerza bonaerense. Hay una metamorfosis completa. Hoy el kirchnerismo es bonaerense, es del Gran Buenos Aires. De algún modo, la reconstrucción, tras la crisis de 2001, no pudo superar la estructura y el modelo duhaldista de gobernabilidad. De paso recordemos que tampoco en el 2001 la gente decía que vuelva el peronismo, que vuelva el peronismo. El peronismo era sinónimo de cierto orden, de gobernabilidad. No de una “pasión”. Porque, ¿qué hubo en el 89 y qué hubo en el 2002 y 2003? Una fórmula no escrita que era: En caso de incendio, rompa el vidrio y saque un peronista. Es decir, Menem, Duhalde y Kirchner fueron solucionadores de la crisis. Primero solucionadores, después si querés, engendraron nuevas crisis. En el caso de Menem, la convertibilidad pasó de ser el remedio de la hiperinflación al veneno que produjo el desempleo y la recesión. Pero bueno, los primeros años de la convertibilidad era difícil ir contra Menem porque la solución estaba en el bolsillo. Y los primeros años del duhaldismo y del kirchnerismo fueron años de recuperación económica que callaban cualquier otra crítica. Entonces, aquello de tu pregunta se extinguió. Es decir, la sociedad no siempre tuvo el mismo fervor peronista que el que tuvo en los años 40, 50, o 70. Los 80, ponele, cuando el alfonsinismo comenzó su ocaso, había un fervor, ¿no? Ubaldini. Y después, Menem es una esperanza en nombre del peronismo que pronto se abre. Pero el kirchnerismo, de hecho, se imagina tentativamente como una superación del pejotismo, que ellos lo llamaban así.  O sea, en el fondo tu pregunta es: ¿cuándo murió ese argentino sencillo que decía “nunca hice política, siempre fui peronista”?

P: – Exactamente esa es la frase. Yo me emociono cuando escucho esa frase. 

MR: – Bueno, pero uno diría: esa frase no existe más y eso no quiere decir que no exista el peronismo. Quiere decir que el peronismo hoy es otra cosa. El kirchnerismo construyó una estructura de sentimientos, que Cristina profundizó y perfeccionó en la alianza entre el peronismo y el progresismo. Pero sin rango de mayoría. Es un sector. Por eso la referencia al 83. Porque el peronismo entró a la democracia perdiendo su invicto electoral, esa mayoría popular automática. Y esa herida narcisista, ahí donde parecía imbatible, paradójicamente lo transformó en una fuerza con capacidad adaptativa. No tanto el partido de la igualdad, sino el de la gobernabilidad. La pregunta autoritaria del siglo 20 era: ¿cómo gobernar la Argentina sin Perón? Y el axioma de la democracia desde 1989 pareció ser: no se puede gobernar la Argentina sin el peronismo. Que sabía combinar estructura de poder y signo de los tiempos. De ahí que la combinación entre la rigidez cristinista (que incluso arruinó su propio gobierno) y la cobardía generalizada  de dirigentes y gobernadores que no se animan a dar nunca un salto, lo fueron resecando. Terminan todos pendientes de internas cada vez más antropofágicas.  

P: – ¿Volveremos a ver un pueblo o mejor dicho un movimiento político que logre penetrar tan profundo en el sentido común de las personas de a pie?

MR: – Hay una frase de Francisco que ordena la pregunta que hacés. “La realidad es superior a la idea”. Con Pablo Touzon habíamos hecho una fórmula que era tomada un poco de la discusión de Jesús con los fariseos sobre el sábado un sábado para el hombre o un hombre para el sábado. Bueno, un peronismo para la Argentina o una Argentina para el peronismo. Entonces yo te diría: aquellos que hacen política tienen que aliviar la carga simbólica y mirar la realidad. Hay una escena del 17 de octubre, donde Perón pide quince minutos para contemplar. A todos los que quieren representar les diría: tómense quince minutos. Esa palabra contemplación. Además hay una tradición en el cristianismo que es la oración contemplativa. Contemplar la realidad. El Papa no dice: sean pragmáticos. Dice algo más profundo. Fijate, cuando todos decían, por ejemplo: Si meten presa a Cristina va a haber un 17 de octubre. Bueno, para entender el 17 de octubre, también hay que entender, entre tantas cosas, la composición de la clase trabajadora de 1945. ¿Cuál es hoy la composición de la clase trabajadora argentina? Es más fragmentada, con realidades distintas de trabajadores bajo convenio, cuentapropistas, la expansión del monotributista… Bueno, entonces hoy quienes forman parte de la elite que se dedica a la política, a los asuntos públicos, y tienen como responsabilidad primera comprender cuál es la realidad. Tenés, te diría, un énfasis dogmático en mirar la realidad y en tener a la vez cierta plasticidad para entenderla. 

P: – ¿Por qué se perdió esa capacidad contemplativa de la realidad?

MR: – Ocurre una cosa muy curiosa que es que la política que reconstruye la crisis del 2001, se vuelve rígida. Pasa de correr a la sociedad de atrás a creer que la sociedad los sigue a ellos. En un momento se dieron la vuelta y ya no había más sociedad. Una hipótesis, es que la crisis económica resuelva la política. Las crisis resuelven la política. O sea, el que se vayan todos finalmente no traía una solución, simplemente apareció la política después. Apareció Duhalde que destrabó cosas y después apareció Kirchner cuya única virtud más importante de Kirchner para ofrecer a la sociedad en el 2003 es que era un desconocido para la mayoría. López Murphy decía yo quise hacer el ajuste, con el ajuste evitaba este quilombo, por eso una parte lo votó. Carrió había sido una detractora moral de un montón de cosas, con lo cual tenía una virtud, por eso mucha gente la votó. Menem era la memoria del esplendor de la convertibilidad. Y el pedazo duhaldista era el voto bonaerense, ciertos guiños antimenemistas. El desconocimiento de Kirchner, que era como una suerte de cuenta de más vale malo por conocer que malo conocido. Eso organizaba a Kirchner, no había otra cosa. 

P: – Volviendo un poco para este tiempo; a veces usamos una metáfora sobre el Peronismo como fluido que le escuchamos a (Daniel) Santoro y (Pedro) Saborido en algunas charlas que dieron y están en Youtube; la relación entre el Peronismo y el agua. Las patas en la fuente, el cruzar por el agua el Riachuelo ese 17, el agua recreativa de Mar del Plata o las piletas olímpicas de Milagro Sala en Jujuy. Sobre esa imagen, hay algo que pasa con una tubería que le pones una rosca para un lado, otra rosca para el otro, doble rosca, rosca invertida para reemplazar la rosca falseada, etc; que al final del recorrido cuando abris la canilla no sale nada de agua ¿Hay alguna salida para poder romper esa lógica rosquera cómo única manera de disputar Poder desde y dentro del Peronismo?

MR: – Para mí hay que resetear todo. Para mí no hay salida entre esa gente; el agotamiento es total. Repasemos. Primero, no hay nadie imbatible electoralmente. La democracia se volvió aceleradamente pendular. Entonces, cuando fracasó Macri existió la fantasía en 2019 de “Bueno, listo”. Fue una vuelta medio fanfarrona. La elección de Alberto, que nadie veía en él un candidato salvo Cristina; dijo “bueno, volvemos para atrás, vamos a retomar la senda más nestorista si querés, qué sé yo”. Eso fracasó. Al país lo conduce un dirigente, un líder. Alberto no quiso ser líder, quiso hacer la suya pero no quiso ser líder. Cristina y el kirchnerismo eran opositores con goce de sueldo. Porque cuando finalmente logran que renuncie Guzmán nadie tenía un ministro de Economía. Porque después de dos años de rayarle el auto a Guzmán, de mínima tenés que tener un tipo preparado. Decís: se abre la puerta del Instituto Patria y sale Godzilla. No, no había nadie. Batakis diez minutos y después el que preparó y conspiró fue Massa, que es más vivo que el hambre. En esa dirigencia no hay nada que esperar. Hasta pueden ganar elecciones, pero no sirve de nada, no tiene ninguna capacidad de transformación. No siempre fue así. Y seguramente caer en el cinismo no soluciona nada. Si me preguntáis a mí, modestamente, no espero nada. No espero nada tampoco de los gobernadores. Mi fórmula es muy conservadora. El aporte humanitario que tenemos que hacer es preservar cuatro cosas: la Constitución Nacional, la clase media, la CGT y la Iglesia.  Con esas cuatro cosas hay que cruzar el río y seguir caminando, nada más; todo lo demás no sé.

P: – Peronistas sin capacidad de transformación y atornillados a la burocracia. ¿Algo así?

MR: –  Tomemos por ejemplo a Duhalde: un político ya retirado, pero en el año 97, 98… lo mandó a Remes Lenicov a estudiar cómo salir de la convertibilidad. Y el pobre Remes estuvo tres meses, rompió la convertibilidad que es lo que había que romper pero nadie quería, ni Kirchner quería. Había una especie de miedo, de vértigo. Fue el último político con pelotas capaz de pagar costos. Y bueno, en la clase política todavía había tipos que eran mínimamente profesionales, sabían del tema, y que tenían un telón de fondo crítico. No hay que nunca restarle mérito a la sociedad argentina, a los organizados y a los de a pie. Pero después, a la larga, la postconvertibilidad derivó en una cosa de ideología vacía porque es de consigna. Hoy leés un documento político y es una sarta de consignas… Pero puede ocurrir que la agudización de la crisis económica solucione la política. Ahora, esa expectativa o esa esperanza siempre guarda algo cínico, que es cuanto peor mejor, que es esperar que todo se pudra. Y no vale la pena vivir así, es horrible vivir así, porque además suele especularse desde el lado de los salvados. Pero te va a dar una úlcera esperando que todo se pudra. No, tenés que ser más creativo y más noble y más humanitario. Ojalá que no se pudra todo.

P: – ¿Hay algo de lo que pasa en este tiempo con capacidad de trascendencia?

MR: – Yo creo que hay consensos que van a quedar de esta mala época. Un consenso puede ser una visión más responsable, aunque mucha gente se enoje. Como dice Esteban Schmidt, la política anterior funcionaba transversalmente como una coalición del déficit; Quizá hace falta una visión más responsable, que se hagan cargo del lugar que ocupan. Es cierto también que la idea de acusar al otro de casta en un momento se debilita. Siempre hay representación. Acusar de casta es una cosa y abolir la representación política es otra. Siempre va a haber representación política. De hecho, ya medio que le podemos decir a Adorni vos sos casta y es completamente verosímil. El asunto es que asuman que el lugar de representación les genera también muchas obligaciones y que son obligaciones menos tribuneras. Un político debe ser capaz de dar cuenta de cosas más profundas que el like en Instagram o la respuesta reflejo de tu micro audiencia. Ese vicio de la grieta los libertarios casi que lo extreman. Se la pasan domando opositores, y ojo que la recesión les puede domar el gobierno. 

P: Ahí entra otro asunto de lo que queríamos hablar, que tiene que ver con la saturación de información o de narrativa política y como esto tiene que ver con la revolución tecnológica; la saturación informativa y el rechazo que genera. Lejos de ampliar, donde la idea de pluralidad de voces queda totalmente disminuida por el aturdimiento. Solo ruido, ruido, ruido, ruido y la sociedad; muy lejos de tener capacidad de poder escuchar; termina tapándose los oídos porque está agotada. Sobre esas nuevas caracterizaciones que tiene la sociedad toda, ¿hay algunos pilares o algunas cosas que creas que tenemos para apoyarnos como ciudadanía?.

MR: – Este es un siglo que no tiene décadas, tiene olas. Y las olas terminan, se repliegan y vuelven después. Hay un cierto desorden temporal. Viste que los 70, los 80, los 90 eran un gran packaging. Vos entendías la estética, la ética, entendías todo en una década. Realmente se cristalizaba un marco que te organizaba cómo había sido cada tiempo. Los 60 es una imagen que la ves y decís estos son los 60; medio acorde de Jimmy Hendrix te ubica en los 60; medio borceguí vietnamita te ubica en los 60. Los 70: los Oxford, la picana, Ezeiza… Hoy, hay olas. Vivimos la ola: hace dos años todo el mundo hacía podcasts. Ahora todo el mundo hace streaming y dentro de dos años no sé, a lo mejor después hay un repliegue conservador y vuelve Romero Feris a tener un programa apoyado en una mesa con un velador y un potus, yo que sé. Lo que sí te diría es, un poco tomando la frase recontra trillada y remanida, persiste algo de lo viejo funciona. O sea, no ser esclavos de la época y la novedad. Hoy la política o militancia debería requerir en la construcción de una cierta autonomía colectiva, grupal, lo que sea, para no quedar esclavos de una época. Sería una tarea de autopreservación, no una fórmula para llegar al poder, más bien una tarea de autopreservación. No más que eso. No se me ocurre más que eso. 

P: – ¿Pero ninguna salida hay a la vista para el después de esta decadencia libertaria total?

MR: – El problema para esa superación del día después es que se construye con un liderazgo. Es lo que soluciona todo. Con un liderazgo audaz, fuerte, sin ataduras con el pasado. Eso le puede ganar al desgaste de Milei. Algún dirigente con ideas de cambio y que tenga menos placer por el lobby de hotel, menos gusto a rosca militante, a microclima y más gusto por caminar entre la gente. Milei pateaba, se iba a la villa 31 a hablar de la casta, jugaba de visitante. Eso no lo tiene nadie hoy en la oposición; ni los kirchneristas, por empezar, ni los no kirchneristas. Todo suena a viejo. Y mirá que ya hay mucho caldo de cultivo, mucho dolor. Lo que pasa es que nadie puede decir “Yo no fui”. Y tienen una imaginación corta, termina en una historia de Instagram. Entonces, si viniera alguien que pueda decir que no tiene que hacerse cargo de los últimos veinte años de fracaso, se come la cancha.  

P: – Para ir cerrando. Encontré este tuit de (Alexander) Dugin. En realidad es un cruce tuitero que te lo presento porque me pareció muy bizarro. Pero también me pareció que explica algunos resultados de la época. Capaz te parece interesante, capaz no te genera nada. Es un cruce entre Dugin, pensador ruso que lo conocerás, y un analista político, @noir_axis. Un ruso y un yankee hablando sobre qué pasa con el peronismo. 

—¡Wow!

P: – Dugin se solidariza con Guillermo Moreno en el tiempo de su procesamiento, dice: “El procesamiento de Guillermo Moreno es una derrota para Argentina. El Peronismo va a vencer, pero adivino que la próxima versión del Peronismo tiene que desarrollarse desde un sentido metafísico. Los argentinos deberían elaborar la doctrina de Perón en profundidad y que sea un peronismo metafísico”. Noir_axis le responde: “Te estás confundiendo resurrección con taxidermia. Peronismo metafísico es la teología de sistemas que se empobrecieron y rechazaron el entierro. El mismo rito —le tira ahí un palito—, que pasa en Moscú todos los años. Es ideología perfumada con misticismo. El futuro no necesita profetas que embalsamen el Poder, sino ingenieros que lo puedan resucitar sin incienso”. Me pareció muy ilustrativo el encuentro: un yankee y un ruso hablando por Twitter sobre el futuro del Peronismo. ¿Qué opinás? ¿Estás de acuerdo? ¿Es así?

—No me parece tan novedoso. Es la tensión entre lo místico y lo tecnocrático que está en la política. No hay política sin una dosis de mística y no hay política sin capacidad tecnocrática. Entonces, en algún sentido, los años de la grieta, los últimos 15 años de la política fueron la profesionalización de la mística para no resolver ningún problema y el declive absoluto de lo tecnocrático. Bueno, yo respeto a todo el mundo, practico la oración contemplativa, soy hombre de fe, pero diría a esta altura del fracaso argentino: metafísica para consumo privado y tecnocracia para consumo masivo. Esa es mi fórmula.

Antes de la despedida, nos firmó el libro Orden y progreso. Junto a su firma dejó las siguientes palabras: “PARA LOS OBREROS DE MORÓN, OJALA DISFRUTEN ESTOS VAGOS ENSAYOS. MR”. Nos despedimos afectivamente y quedamos en seguir hablando. Había que volver al conurbano con los bolsillos llenos de emoción. Caminamos desde el bar hasta Once para tomar el Sarmiento antes que nos agarre la hora pico; la ciudad quedaba atrás pero las convicciones y el compromiso, siempre DE FRENTE.

Gracias, Martin. 

Opinión Pública

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