NUMERO 1 MARZO 2026

LA COMUNICACIÓN DIGITAL, EL NUEVO FRENTE DE BATALLA DE LA MILITANCIA

POR El Telepata — marzo 20, 2026

Vivir en pantallas: la política en el ojo del huracán informativo

Así como las Ciencias Políticas no alcanzan a abarcar la complejidad de la política real y cotidiana, las Ciencias de la Comunicación también requieren una perspectiva militante capaz de interpretar un cambio histórico: la digitalización total de la vida. No es una moda ni un avance técnico aislado, sino una transformación profunda en cómo se organiza el sentido común, cómo se construye la agenda pública y cómo se moldean las subjetividades.

Para la militancia peronista, este cambio no puede pasar inadvertido. El tiempo en el que nos toca actuar es acelerado y exigente; quien no comprende los nuevos mecanismos de circulación informativa queda rezagado. Por eso partimos de una premisa clara: gestionar y procesar información —pública y no pública— es hoy una capacidad política absolutamente vertebradora. No es un recurso exclusivo de funcionarios o estrategas: es una herramienta que todo militante necesita para interpretar el presente y actuar con inteligencia.

El bombardeo informativo ya es parte de la vida. Las pantallas reúnen en un mismo espacio digital; trabajo, entretenimiento, discusión política y socialización; generando una exposición permanente y desigual. Esta reorganización de la mirada, más dirigida a las pantallas que al mundo físico, nos obliga a pensar cómo se construyen hoy la percepción y la acción política. Las preguntas son urgentes: ¿cómo organizar una militancia que vive en múltiples temporalidades?, ¿Cómo disputar sentidos en un entorno fragmentado y regido por algoritmos?.

Comprender estas dinámicas es indispensable para que el Peronismo del futuro (que llegó hace rato), pueda intervenir con claridad doctrinaria y capacidad de organización y acumulación política.

Un salto de época: de la ventana al celular

Hasta hace pocos años, cada pantalla tenía su función; con el teléfono nos comunicabamos, con la computadora trabajabamos, con la tele nos entreteníamos. Hoy todas se mezclan en un único ecosistema donde la vida transcurre sin interrupciones. Los dispositivos se convirtieron en visores permanentes, mediadores de nuestra relación con el mundo. No solo informan: moldean nuestra forma de pensar, sentir y decidir.

La cuarentena aceleró este proceso y consolidó a las pantallas como el espacio donde se trabaja, se aprende, se debate y se descansa. Incluso la búsqueda de calma se vuelve digital: cascadas, fogatas y paisajes virtuales con sonidos de arroyos y cuencos tibetanos reemplazan momentáneamente al entorno real que poco trae de tranquilidad a la vida de los trabajadores de múltiple empleo para llegar a fin de mes que pueblan la Patria, en caso de que puedan llegar.

Este desplazamiento no es neutro: es político. La construcción de la realidad —su interpretación y su disputa— circula hoy mayoritariamente por estos canales. La militancia no puede quedarse al margen. Si mirar a través de una ventana ya no es el acceso principal a lo real, las pantallas son el territorio donde se forman percepciones y se disputa sentido. Allí también debe estar la organización política con vocación revolucionaria.

Procesar información es Poder

En este contexto, el desafío no es simplemente “estar informados”, sino procesar la información con criterio político. Informarse es recibir datos; procesar información es transformarlos en diagnóstico, orientación y decisión.

La sobreabundancia informativa exige militantes capaces de distinguir relevancia, detectar operaciones y comprender la lógica profunda de los hechos. La fragmentación del escenario comunicacional —entre microclimas digitales, discursos superpuestos y versiones contradictorias— requiere desarrollar una inteligencia colectiva que ordene el caos, que actúe con inteligencia en frecuencias certeras que anulen el espectro del ruido.

Procesar información es una tarea organizativa: debatir, contrastar, registrar la realidad del territorio y convertirla en estrategia. En un entorno saturado de estímulos, la militancia que sabe leer su tiempo construye claridad donde otros ven confusión; ese es uno de los pilares actuales y urgentes de la formación política peronista.

La digitalización reconfiguró las formas en que se disputa el sentido común. La conversación pública ya no se concentra en pocos medios, sino que se dispersa en miles de espacios simultáneos. Disputar sentidos implica construir narrativas coherentes con la experiencia del Pueblo, capaces de dialogar con sus emociones y expectativas. No se trata solo de producir contenidos, sino de producir interpretación, de orientar debates, tensionar discursos y fortalecer identidades colectivas. Politizar la conversación digital es intervenir en la circulación de ideas y proyectar una visión de país que abra horizonte en medio de la incertidumbre.

Hacia una alfabetización digital militante

Formarse para intervenir en este escenario es una tarea urgente. La alfabetización digital militante no consiste en manejar herramientas técnicas, sino en comprender cómo circula y se transforma el sentido en entornos digitales. Implica aprender a identificar operaciones, reconocer patrones de manipulación y entender de qué manera las plataformas influyen en lo que pensamos. Es un requisito de época: navegar el flujo informativo con criterio es un acto de soberanía política.

Alfabetizarse digitalmente también es organizarse mejor: construir comunidad, amplificar voces propias, transformar debates dispersos en agendas colectivas y convertir la ansiedad social en acción política. Es aprender a intervenir con inteligencia, elegir qué decir y cuándo, y sostener un pensamiento crítico ante la sobreinformación. Una militancia formada digitalmente es menos vulnerable a la manipulación y más capaz de conducir procesos colectivos en medio del aturdimiento contemporáneo.

Del barro digital a la construcción política

La comunicación digital no es un accesorio del trabajo militante: es un nuevo territorio de disputa, tan real y decisivo como el territorio físico. Como siempre, la militancia peronista debe leer su tiempo y reorganizar sus herramientas. El BARRO también es digital, y exige reactualización doctrinaria, claridad estratégica y capacidades de intervención y transformación.

Esta nota abre un camino que continuará en próximas entregas: flujos y dinámicas de la información, inteligencia artificial, manipulación informativa, fake news, microclimas digitales, hostigamiento político y nuevas formas de construir poder en un siglo que cambia velozmente. El futuro no se espera: se construye, se disputa, se organiza. La comprensión política de las amplias dimensiones de la comunicación digital es parte de ese futuro y parte del proyecto histórico que nos convoca: la felicidad del Pueblo y la grandeza de la Patria.

Sigamos pensando y actuando colectivamente, también en este territorio nuevo. Porque incluso en tiempos vertiginosos, la brújula sigue siendo la misma: la organización política desde y para el Pueblo.

Opinión Pública

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