Mauricio Vera es rosarino y es uno de los conductores del stream Cabaret Voltaire que se emite en vivo todos los domingos a las 22 horas por el canal Brindis TV. Tiene 33 años y; junto a Tomás Trapé, a quien tuvimos el honor de entrevistar en el número anterior de De Frente; plantean todas las semanas, discusiones, debates y profundidades fuera de la agenda, fuera de las narrativas de la rosca chiquita que supimos conseguir; proponiendo perspectivas necesarias y urgentes para este asunto al que venimos llamando Peronismo SXXI.
Nunca antes nos habíamos visto personalmente, pero esto no condicionó en lo absoluto que la charla fluyera como si no fuera la primera vez. Una de las cosas más lindas que tiene De Frente, es que nos permite este tipo de encuentros; poder sentarnos a tomar un café o un jugo de naranja con gente que admiramos y que nos interesan las cosas que tienen para decir; Vera forma parte de esa gente y estamos muy orgullosos de poder contar con su voz en este segundo número.
La charla comenzó y prendimos el grabador antes de comenzar la parte formal de la entrevista porque se decían cosas que estaban buenas, más allá de los formalismos periodísticos.

El estado de la actualidad argentina, a primera vista mucho más parecido a un escenario absolutamente catastrófico que a una democracia participativa e inclusiva como debería de ser; y leído en clave política desde la más sincera no especulación, puede ser una oportunidad, o al menos hay que intentar que lo sea. El peronismo puede tener una oportunidad siempre y cuando entienda que la rosca no es suficiente para liberar la Patria o para generar transformaciones profundas. Es tarea de la militancia de base volver a proponer sueños, como hizo Néstor en 2003, pero desde un andamiaje generacional actualizado, siempre desde las convicciones que manifiesta el peronismo históricamente y cada vez que crece desde el pie ¿Vos qué pensas?
Mira, yo tengo alguna lectura sobre la realidad política de los politizados; politizados así como nosotros, y es que me parece que hay mucho hambre de creer en algo, de creer en un proyecto. El que arme una Organización Política que ordene ese hambre va a tener un montonazo de militantes. Hay mucha gente que anda con ganas de participar. Me parece que van apareciendo algunas iniciativas y convocatorias y de repente se arman un millón de perfiles en Instagram acusando recibo de esas convocatorias, sencillamente porque había un montón de gente que estaba esperando un llamado y que recogió el guante. Más allá de cuales son después los niveles de organicidad o de cuál sea el saldo específico que esa experiencia particular pueda dejar en el tiempo. Hay mucho suelo fértil para que todos los que se fueron desilusionados del proceso albertista vuelvan a participar.
Bien. Algo de lo que decis me trae una reflexión respecto a que quizá los actores políticos que vienen participando de la escena están hace mucho tiempo, y las prácticas y jerarquías se sostienen a partir de deformaciones y carreras hacia los escritorios y las lapiceras, que no necesariamente está mal, pero de mínima son incompletas o insuficientes. La experiencia del Albertismo no fue la más satisfactoria en términos de representación ciudadana o de representación política. En ese escenario, que me parece que compartimos algunas perspectivas sobre estas características generales, te quería preguntar ¿cuáles son los lugares o espacios en los cuales crees que se puede sustentar esa búsqueda de participación para revitalizar la militancia peronista?.
Para mí lo que falta en este momento, y hablo de mi generación; los que tenemos más de 25 (años), menos 35, 40; es una toma de conciencia. Hacernos cargo de la responsabilidad que nos va a tocar pronto. Porque me parece que a las generaciones anteriores o ya les pasó el momento o no sé… Pienso en todos los cuadros medios que podría haber de 40 y pico de años que quizá vivieron con mi edad el proceso político de Cristina y no se constituyeron como tales; seguramente por múltiples razones, pero la realidad es que uno tiende a pensar que no están.
Al mismo tiempo, me parece que esa representación, probablemente le toque a mi generación intentar darle rumbo, si es que está a la altura. Sobre todo hacerse cargo de la misión histórica, de reemplazar a los que vinieron antes y sobre todo el decir: “Che, bueno, somos nosotros”. No es que vaya a venir mamá o papá, (mamá Cristina o papá CGT) a solucionar lo que parece no tener márgen. Hay una cuestión hasta biológica. Me parece que nos falta hacer ese clic: “Che, mamá no puede, papá no puede, la única que queda es que nos hagamos cargo nosotros de la situación” y que con las herramientas que tengamos y con los errores que vamos a cometer, y que seguramente vayan a ser muchos, tenemos que hacer y hacernos cargo de estos asuntos. Con 20 años, hace 60 años atrás, había pibes que agarraban un chumbo, que no digo que haya estado bien o mal, pero sí que se hacían cargo de la responsabilidad que les tocaba en ese momento histórico. Para mí ese clic hace falta. Por otro lado, no sé cómo fue acá (En Buenos Aires), infiero que no debe haber habido una presencia tan grande como la que hubo en Rosario, de clubes en la marcha del Día de la Memoria. Este último 24 de marzo fue la primera, en la cual se hizo un sorteo de los lugares en la marcha del cual participaron clubes de barrio.
Te cuento: Yo llego a la plaza y veo que de pronto hay una columna muy grande de Newell’s Old Boys, más grande que la de algunas otras organizaciones políticas con mucha historia, no solo en Rosario sino también a nivel nacional. Camino un poco más, participé de forma independiente en la marcha y más adelante veo la columna de Rosario Central, también muy grande. Camino un poco más y veo el club Horizonte, que es un club de allá, club El Luchador; obviamente columnas más modestas porque son clubes mucho más chicos. Y digo: puta, a estos pibes —la mayoría eran jóvenes obviamente, capaz tenían 30 y pico— a estos pibes les resuelve más la participación ciudadana, les resuelve mejor la representación política, un club de barrio donde a lo mejor llevan a sus hijos a hacer una actividad o dan un taller o militan activamente en la comisión directiva, o los representa y les da orgullo porque son de su barrio, que otros espacios en teoría más polizados. Y seguramente sientan que aportando en ese espacio están aportando activamente a un proyecto de futuro en su lugar de origen. Y parece que en las organizaciones políticas no estaría pasando eso o algo que se le parezca. Y la reflexión que me surgía, mientras seguía caminando, es que quizás las organizaciones políticas que durante al menos toda mi juventud, en el kirchnerismo, tenían el monopolio de la representación política, de la participación organizada; hoy, quedan empardadas o superadas por los clubes de barrio. Básicamente porque había mucha más gente en (las columnas de) Rosario Central y Newell’s que en las dos o tres organizaciones peronistas más importantes que conocemos. Eso es atípico porque toda esa gente que tiene ganas de ir el 24 de marzo, tiene ganas de ser representada desde el lugar ciudadano que sea. ¿Por qué le interpela más un club de barrio que el lugar histórico donde siempre se canalizó esa búsqueda? A mí eso me llama la atención, me parece que ahí a lo mejor hay alguna salida a lo que yo entiendo que es una crisis muy grande, que podría decirse que es de confianza en los dispositivos políticos por parte de quienes tienen ganas de militar en este tiempo.
El Frente de Todos tuvo gran responsabilidad en esa desconfianza ¿Que te parece a vos?
Me parece que de 2015 hasta el albertismo, todavía existía la noción en aquel que militaba, que lo que estaba haciendo era importante y que si uno se metía en una organización, militaba, ganaba elecciones y sus representantes llegaban a puestos de responsabilidad, o uno mismo se convertía en representante de esa organización; desde ese lugar conquistado políticamente, se podía llevar adelante la agenda que aparentemente le interesaba a la organización. Ese pacto de confianza se rompió durante el albertismo y ahora mucha gente que se muere de ganas de militar no sabe qué hacer, no sabe a dónde recalar. Y tal vez, experiencias como la de los clubes de barrio le resuelva mejor la representación en ese sentido. Dicho esto, me parece que sería un proyecto generacional importante buscarle la vuelta a todo este asunto para construir espacios de representación, de militancia y de política que generen esperanza, porque creo que hay mucha gente con ganas de tener esperanza y de hacer muchas cosas pero no tiene en dónde.
Antes de prender el grabador me preguntaste qué creía yo que tenía que hacer la militancia y me quede pensando mientras te escuchaba. No me gusta mucho la idea de ir señalando con el dedito levantado los errores de los compañeros, que sin dudas los cometen pero los problemas no se resuelven opinando sobre lo que los demás hacen mal y yo podría hacer mejor, pero al final de camino, no hago nada. Por muchas razones, de 2015 en adelante prevalecieron ciertas deformaciones militantes que, como vienen decías, quedaron en falsa escuadra con la realidad de los hombres y mujeres de a pie. Hay una idea, respecto a que las construcciones políticas o las estructuras políticas tienden inevitablemente a ser pirámides. Entonces tenés un montón de coordinadores operativos y ningún cuadro político, en disputas de microespacios de intrascendencia. Una lógica liberaloide que dice que como yo llegué primero, estoy más arriba de la pirámide; tengo que tener tres o cuatro abajo para que hagan lo que yo digo y eso me va a ir permitiendo escalar. Ese esquema es una agrupación, que es uno de los tipos de dispositivos disponibles, como también lo son las Organizaciones o los Movimientos. Si yo lo pienso en clave de Orga, que creo que es lo que hay que hacer, me parece que la militancia tiene que incluir la figura del iceberg y abandonar un poco la lógica piramidal, fomentar los espacios donde la discusión pasa por lo que no se ve. Me interesa mucho más la militancia que puede pensar en clave de producción política o desde la acción política que lleva adelante que no es adaptable a Instagram. La militancia no puede ser regida 100% por si es más o menos instagrameable. Deben convivir las dos cosas: la profundidad en los debates y los likes en redes. Lo que me parece está agotado es que todo se mide en likes a la hora de la acumulación militante para dar disputas de fondo; y ya no en las internitas sino frente al caos que el enemigo viene desplegando en este tiempo. Dicho esto, agrego que es desde esa perspectiva que encuentro un valor diferencial en experiencias como la de Cabaret Voltaire, o el Triángulo de Hierro, o Gelatina o Rebord, o un montón más; que tiene que ver con los ámbitos de debates y de discusión, que no existen en otros lados. Entonces ahí hay un rol que tienen los intérpretes, analistas, productores de contenido, no sé; quienes ocuparon un lugar vacío. Entonces, ¿hay algo ahí que te haga ruido, te resuene en torno a esta idea de que hoy en día representa más Rebord o Rosemblat que otros tipos que deberían ser los cuadros que organicen porciones del pueblo?
A mí no me seduce nada la idea de que haya gente que se siente más representada en un chat de YouTube que en una organización política. Me parece que es un poco estéril, o sea; sí, por supuesto, te resuelve en cuanto catarsis, te resuelve en términos emocionales a lo mejor, pero después no tiene un saldo político. Eso por un lado. Por otro lado, me parece que el rol que a mí me gustaría ocupar, por lo menos en un espacio como Cabaret Voltaire, es el de direccionar la conversación. Llevar la discusión de la gente que nos mira (que sí sé que se pisa 100% con el peronismo, con la política y con los circuitos que están muy embebidos de todo eso), y traerte temas que no por maldad, no por ocultamiento, sino por no haber prestado atención a lo mejor en el momento correcto o por desconocimiento liso y llano, no se conversan. Nadie tiene ganas de cambiar la realidad si cree que vive en un país de mierda y estoy hablando más de mí quizá que de Cabaret Voltaire. Pero como comunicador me gusta ese rol de traer a la discusión eventos, sucesos, hechos que hacen que la gente tenga ganas de modificar la realidad para mejor; de militar, de trabajar por la Argentina y de ser mejores personas y ser mejores argentinos sobre todo. Me haría sentir halagado de manera total que el día de mañana algo que nosotros hablamos en Cabaret Voltaire sea tema de discusión en circuitos y mesas de militantes y organizaciones peronistas. Y no porque crea que ellos tienen que hablar de lo que hablo yo, sino al revés. Yo quiero hacer… yo le quiero acercar el platito a la gente. Si la gente quiere agarrar, mejor.
Esa es un poco la esencia de lo que peyorativamente algún desvelado bautizó como peronismo streamer: ampliar debates y fronteras que las deformaciones ya no logran contener ¿Puede ser?
Para mí fue muy triste lo de la arremetida contra el Peronismo Streamer porque el primero que lo dice es una persona con cierta relevancia en la política argentina y en el peronismo en particular. Y me daba pena porque digo: “Loco, vos estás ocupando un lugar importante…”; si vos estás ocupando un puesto de responsabilidad, vos me tendrías que coger en el aire a mí en términos discursivos. Me tendrías que realmente hacer quedar como un nabo, como un gil. Si lo que vos tenés para plantear es solamente bajarme el precio, a lo mejor alguien está diciendo algo que vos podrías atender. Esa parte de la dirigencia, tendría que estar discutiendo cosas muchísimo más importantes que lo que se dice en un stream, que incluso en ese momento miraba muchísima menos gente. Sean todo lo capos que les exige la responsabilidad que tomaron.
Te noto con ganas de hablar un poco de la interna…
Sí (risas). Leí hoy a un compañero que decía algo así como: “Qué barbaridad, qué tontería cuando los compañeros se sorprenden porque la interna es por la conducción y no es ideológica”, como que se siguen sorprendiendo. Esa lectura me parece que está mal. Lo venía pensando y para mí está mal. Yo entiendo que en la política funciona así, que las diferencias no suelen ser ideológicas sino más bien políticas, supervivenciales inclusive, de quién representa. Bueno, representa Kicillof, representa Máximo o Cristina, no sé, ni me meto, no me parece lo importante. Uno u otro… lo que fuere; cada uno tendrá su respuesta, eso lo comprendo. Ahora, me parece que si el proyecto de país es el mismo de los dos lados, es razonable que una persona que lo mira de afuera y que no tiene nada en juego en esa disputa, que parece hasta un tanto infantil, le enoje y diga: “Che, ¿por qué se están peleando en este momento con un enemigo tan claro del otro lado?”. Me parece que la gente tiene derecho, la que no está metida dentro de la rosca y la rosquita, a no entender la interna y a enojarse cuando la entiende.
Volviendo al peronismo streamer, cuando los veo a ustedes (Cabaret Voltaire), o a cualquier otro comunicador compañero sub 40, yo sé que en lo que están diciendo no hay una especulación por detrás, no son solapados ni andan midiendo ventajitas. Es más, te diría que aunque quisieran hacerlo, ya no sabrían cómo hacerlo. Ahí hay un diferencial respecto a la sólidez de las narrativas de mínima, son creíbles, son claros, directos, profundos, etc… cosa que en las mesas de burócratas de escritorios y lapiceras con chofer, no ocurre; esos perfiles generan desconfianza.
Quizá le va bien a los canales de stream porque no hay otros lugares —voy a hacer una salvedad después— donde se pueda dar esa discusión de forma genuina, lo que no quiere decir inteligente, simplemente genuina. Para mí hubo una época muy linda de nuestra vida durante el kirchnerismo —no hablo del peronismo histórico porque no lo viví, pero muy probablemente haya sido parecido— en el cual se discutían políticas públicas, se discutían formas de encarar la administración pública y era más fácil quizá porque no se discutía tanto intra peronismo sino que había un sujeto externo a las discusiones de escritorios. Además de que gestionar te resuelve muchísimas cosas, pero no todo. Resulta que ahora, en vez de estar discutiendo cuestiones estructurales del país, estamos discutiendo quién va a tener la lapicera precisamente. Y eso agota. Entonces ahí; más allá de que, insisto, a mí no me seduce la lógica de reemplazar a la militancia organizada en la calle por un chat de YouTube; hay debates urgentes realmente: ¿Qué queremos hacer con el río Paraná?. ¿Qué queremos hacer con los trenes?. ¿Qué queremos hacer con el litio?. ¿Qué queremos hacer con el petróleo?. ¿Qué queremos hacer con Tierra del Fuego?. ¿Qué queremos hacer con Malvinas?. ¿Qué queremos hacer con todos los problemas que tenemos?.
Hasta algún momento yo detectaba esa búsqueda de profundidad en los textos que publicaba Cristina y ahora ya ni siquiera me está pasando eso. Sin ninguna intención de pegarle o responsabilizar a Cristina; que bastante hizo por este país y mucho más de lo que debía hacer una sola persona. Cristina terminó laburando horas extras por Argentina como una esclava, y no se le pagaron. Yo me muero de ganas de votar al peronismo todas las veces que pueda durante toda mi vida, pero ¿cuál es el proyecto en 2027? De pronto estamos discutiendo el peronismo streamer que al final del camino es un fenómeno al que consumen, no sé, 20.000 personas en un vivo, los que más llegada tienen. No es un fenómeno tan masivo como el que por ahí se siente hacia adentro de la política el de los streams. Ni siquiera de los streams no peronistas, en general lo digo.
En algún libro que reseña la etapa previa a la Presidencia de Néstor y esos primeros años hasta 2007, se cuenta que en la mesa que Kirchner armó con lo que en ese momento eran Movimientos de trabajadores desocupados y piqueteros; que creo que se sentaban Luis D’elia, Emilio Persico, Edgardo Depetri y Humberto Tumini si mal no recuerdo; Néstor les dijo algo como: “Déjense de romper las bolas con eso (no recuerdo cual era la propuesta que le llevaron), ustedes me tienen que correr por izquierda como hacían los Montos con El Viejo (Perón), eso es lo que tienen que hacer. Todo lo demás no sirve para nada, no me vengan a proponer nada más que no sea eso: correrme por izquierda”. Eso se perdió porque había que estar ordenado, porque los tiempos no sé qué, porque la correlación de fuerza, entonces ya no hay ni audacia, ni atrevimiento, ni presión que genere tendencia en ningún círculo dirigencial. Entonces, ahí entro a la otra cuestión que tiene que ver con el valor de la juventud, ¿no?, y ese desenfado y la pasión movilizante. Exactamente eso es lo que nosotros estamos caracterizando como Peronismo del Siglo XXI: un peronismo que vuelve a ser disruptivo, provocador y que no pide permiso, en todo caso después pedimos disculpas. Sobre esa operación transformadora, me parece que ahí encastra de alguna manera lo genuino que puede tener el Peronismo Streamer, no como fenómeno de representación sino como síntoma de época capaz de volver a proponer un sueño, desde los que más se la jueguen y menos especulen.
Bueno, un poco en eso pensaba más temprano en la charla cuando decía lo de hacernos cargo como generación. Tomar ese lugar y decir “che, somos nosotros”, no va a ser otro. Ya llegará ese tiempo, pero hay que prepararse para cuando llegue ese momento.
Pasemos a otro tema, si te parece. Este 21 de abril se cumple un año de la muerte del Papa Francisco. Este segundo número de la revista de De Frente va a girar en torno a su figura, es un número especial, o al menos esa es la idea/fuerza que nos mueve.
¿Qué te despierta la figura de Francisco?.
Voy a ir por partes, dos partes concretamente: por un lado Francisco en sí mismo, por otro lado, esto que traés de un Francisco “Líder espiritual del peronismo del siglo XXI”. Te digo la verdad: no tengo recuerdo de qué me pareció a mí lo de la elección de Francisco en 2013. Si me acuerdo de (Eduardo) Feinmann diciendo “este tipo tiene la misma chance de ser Papa que yo de ser el 11 de Boca”. Reconozco si, en ese momento, un desconocimiento absoluto de la obra de Francisco como Bergoglio, digamos, Jorge Bergoglio como sacerdote y jesuita ni más ni menos. Yo fui a escuela católica, dicho sea de paso. Y ese fenómeno Francisco, fue una suerte de llave como para abrir una puerta a algo que yo no sabía que tenía dentro de mí que fue: “Claro, uno como argentino está criado católico”. Porque hay una cuestión central que es que uno es católico cultural, me gusta ese término. Entonces a mí me pasó eso con Francisco: me habilitó la posibilidad de entenderme a mí mismo de otra manera, en términos absolutamente subjetivos y vitales.
Digo: “Che, claro, yo creo en las cosas que cree esta institución. Acá hay un contenido político muy importante”. Y en última instancia, ¿qué sería lo malo de reconocerse aunque sea culturalmente católico?. De última, no sé… yo soy de Rosario Central, pero ponele que es como ser de Boca… Bueno, qué sé yo, yo estoy en este equipo. Nunca me metí en religión, siempre fui católico.
Y lo otro que te iba a decir que era sobre el título me dijiste van a usar en la tapa sobre Francisco como “líder espiritual del peronismo del siglo XXI”. Habiendo hablado con mucha gente que lo conoció personalmente siendo Bergoglio, otra gente que conoció a Francisco, yo creo que él ni siquiera necesitaba reconocerse como peronista. Por supuesto que la coincidencia ideológica y por lo tanto sagrada es prácticamente total. Quizá lo que me hace ruido es precisamente lo de peronismo del siglo XXI. Quizá no hace falta que se llame peronismo; y no hablo de un rebrandeo de imagen y marca, sino que voy a otra cosa. Perón, reconociendo a la figura de Rosas, abrevando de las fuentes del revisionismo histórico y teniendo un linkeo muy directo con la figura, no se vendía como el rosismo del siglo XX, incluso aunque lo fuera. Entonces digo tal vez no hace falta que nos reconozcamos exclusivamente como peronistas. Quizá no hace falta que Francisco sea el líder espiritual del peronismo del siglo XXI. Puede ser el líder espiritual del movimiento nacional en su encarnación del siglo XXI, que tendrá el nombre que tenga que tener, el que sea, seguramente derive del de una persona.
Creo que al final del camino, las dos dimensiones son la misma: la espiritual y la política. Porque hacemos política porque tenemos creencias que son básicamente religiosas sobre el mundo. Porque creemos que el mundo es injusto y que lo tenemos que hacer justo de alguna manera. Terminan siendo la misma cosa y, para mí esa es la la lógica, “Si no te gusta como están tan las cosas, metete”.


