Written by 11:02 am Entrevistas, Entrevistas De Frente Views: 95

Marisin: “Me encontré con un hambre militante terrible por cambiar las cosas”

Todos tenemos un perfil de Instagram. Todos podemos tener un canal en Youtube. Pero muy pocos presentan su contenido en redes, poniendo todos los focos sobre la propia comunicación y sus múltiples dimensiones; ancladas en relación a la política, las estrategias y el profundo análisis de lo que todo esto significa, más allá de la cantidad de likes. Muy pocos, al menos desde la profundidad conceptual, con iguales dosis de frescura, pedagogía y humor como con la que se presenta Marisin

Marisol De Ambrosio es pampeana y trabaja con estrategias de comunicación social y política digital. En su canal de Youtube, despliega toda su versatilidad desde perspectivas diferentes, alejadas de la rosca, la rosquita y el roscón de la política que supimos conseguir.  Su forma de decir y su de pensar, volcadas en su contenido, son un explícito compromiso con su tiempo y su país. Hace un par de años está viviendo en España y cuando anunció que iba a estar algunos días por Buenos Aires no quisimos perdernos la oportunidad de charlar con ella de todas las cosas que siguen en esta entrevista. 

Quienes la conocen, saben que Mari trae grandes aportes a la pura tru de la milanesa. Quienes no la conocen, no se pierdan el rato de escucharla y de leerla porque, de mínima, los va a ayudar a pensar más y mejor, como nos pasó a nosotros y nos seguirá pasando cada vez que la crucemos.

A mí me interesa mucho lo que vos venís diciendo y haciendo en relación, y entre otras cosas, al  análisis de las narrativas políticas. Qué es lo que se dice cuando se dice, qué es lo que no se dice cuando se dice; un análisis que no es el abordaje en redes que más abunda cuando se habla de la política. ¿Con qué te encontraste en Argentina in situ,  no solo en lo que respecta a la actualidad política, sino a lo que se narra, lo que se cuenta, lo que escuchás, lo que resuena?

En primer lugar, creo que vivir afuera cambia un poco la perspectiva, pero yo siempre lo miro positivamente a eso. Y si siento que un día pierdo el olfato, no voy a laburar más en cuestiones argentinas, de la argentinidad o directamente me vuelvo. Eso es algo que nunca perdí y realmente espero no perder. Pero creo que no tener que padecer la cotidiana de pasarla como el orto me permite pensar un poco mejor ciertas cosas que están sucediendo, valorando positivamente la virtud de la distancia. Con esta vorágine horrenda no tenés tiempo, y no porque estás boludeando, sino que estás resolviendo cosas tan básicas como el morfi ¿entendés? Creo que eso pasa mucho. Y no te voy a decir que España es la panacea porque mucho menos, pero sí es cierto que además yo particularmente, creo que el gran diferencial no es tanto que estoy viviendo en España, sino que estoy viviendo en un pueblo. Vivir en un pueblo  me permite relajar la cabeza. Poder pensar ciertas cosas y abordarlas de cierta perspectiva que sí estuviera acá no me pasaría. 

Ya estando acá, Buenos Aires es recontra estresante y me había olvidado que era tan estresante. Y no sé si es porque siempre lo fue o es porque yo estoy teniendo una rutina estresante, o es porque Milei y Jorge Macri hacen la vida más estresante. Bueno. ¿Con qué me encontré? Me encontré con algo que veía en Twitter y en mi Instagram; con la gente conocida… que es un hambre militante terrible por cambiar las cosas. Una creatividad abrumadora como somos todos los argentinos. Porque los argentinos si algo tenemos es creatividad. Somos creativos, tenemos sentido del humor; o sea, tenemos todo para ser un gran país y hacer una mejor política. ¿Pero qué pasa? Frente a esa necesidad de despliegue de creatividad, veo una dirigencia chata que no está permitiendo hacer las cosas. 

Y no estoy hablando “de lo nacional” como se resume en redes, en lo chiquito hay una vocación pisabrotista. Y ni siquiera creo que se piense “vamos a pisar el brote”, sino que creo que hay una metodología de acción política dirigencial, que ya está muy aceptada y muy aceitada, que tiene que ver con el miedo a lo distinto. “No, porque a ver si te vas a pelear con este”, “no, si a ver este otro qué te va a decir”… Hay una imposibilidad de avanzar que para mí es notable. Y claro, ¿qué pasa? A menos que en tu cabeza vos digas, “bueno, qué sé yo, son todos pelotudos…”, pasa que los militantes no intentan, no hacen, hay desencuentros con la iniciativa. 

Dos cosas noté en los casos que los militantes efectivamente intentan hacer algo: por un lado, los cancelan, los bardean. Una vez me dijo uno a mí: “si yo veo que aunque vos no las  tengas, si yo no te veo intenciones de serrucharme el piso, pero creo que tenés las condiciones de potencialmente hacerlo, yo voy a hacer todo lo posible para hacerte mierda”. Digo, eso es una cosa que pasa. Yo me saco de la ecuación porque yo me corrí de todo eso, pero es un poco lo que pasa en la militancia. Y por el otro lado, la gente que por ahí propone cosas que quizás son de ejecución más fácil, por ejemplo: un reel, un contenido digital particular lo evalúan mal y cuestiona lo que no entienden; están con la cabeza vieja. 

Una persona que vive acá en Buenos Aires, me contó que trabaja en un organismo, en la parte de comunicación y que está harta de hacer todo lo que, o sea, “la información”, ¿viste?: el comunicado pedorro, la story donde se dan la mano, se abrazan, esa mierda. Y claro, me dice: “Yo tengo tres trabajos. Me tomo el tiempo de hacer un contenido distinto, proponerlo, realizarlo, esto y lo otro y me dicen que no. ¿Qué voy a hacer yo? ¿Voy a seguir gastando mi tiempo de descanso y de ocio, mi tiempo libre para aportar más cosas?”. A la inercia dirigencial se suma esto como la frustración militante.

Hay un protagonismo excesivo de la gran especulación en cosas pequeñas, todo el tiempo viendo cuánto saco de ventajita

Sí, igual eso también va por otro lado, ¿no? Yo creo que todo lo que tiene que ver con la ventajita también tiene que ver con que están muy asentados algunos negocios y algunos emprendimientos, No se puede pensar esta política y esta inercia sin contextualizarla con la precariedad laboral y económica que estamos viviendo. Porque yo también me pongo en el lugar de la persona que por ahí, no sé, el sobrino del dirigente al que había que hacerle un favor y está de community manager, ¿viste? ¿Vos qué le vas a decir en esa situación?: “Mirá, la verdad que no sabés un pedo, hiciste un curso en Domestika y con eso no alcanza para trabajar la política”. No, no le vas a decir eso. Le vas a decir “bueno, quedate” porque qué sé yo, y capaz que no hay plata para un estratega, ¿viste? Capaz no es que la gente está pensando en la rosquita de acá, de allá. Por ahí hay una rosquita, pero también está muy relacionado con que la gente tiene hambre. Ese community no está trabajando solamente haciéndole las redes a ese dirigente, salvo que sea alguien groso que le haya dado un contrato, pero eso no es lo habitual. Hay que también entender la situación y las circunstancias.

Hay tensiones que hacen más visibles los límites de la política o de las perspectivas dirigenciales. Muchas cosas están agotadas y en un montón de casos. Parece que la burocracia va a traer la política que falta y se define en un escritorio con un par de lapiceras caras. A partir de asumir esas deformaciones se puede comprender que  no hay ciudadanía que se entusiasme con esa lógica. Ni siquiera los sectores que pueden tener más interés o que están más politizados se interesan, es una frustración total. Esto me lleva a la otra cuestión que te venía planteando que, puede ser que no  lo compartas y lo interpretes. Hay un exceso de narrativas políticas. Esto significa que se hace sólo para contar, testimonio político adaptable a redes que no tiene correlato en la sustancia. Demasiados “habria que…” “hay que empezar a pensar que…” y nadie lo hace hasta quedar cerca del escritorio, entonces se hace mal si es que se hace. 

Bien. Lo que yo creo es que  todo el mundo, desde el dirigente, al militante de base, hasta Pichetto; te dicen “hay que empezar a”, “hay que hacer esto”, “hay que”, como si ya no se hubiera empezado. Lo que está faltando es ordenar todas esas ideas que están sueltas y darle un sentido organizativo. De ahí decanta en que falta conducción. Y no solamente falta conducción nacional, falta voluntad de conducir. Conducir es animarse a hacer las cosas. Y yo creo que no hay conducción, hay burocracia, ¿viste? Claro, cuando pasa eso es muy fácil el discurso de decir “hay que empezar a”.


Acá todos somos creativos. Y el argentino, y particularmente la gente que está más cerca del peronismo, tiene voluntad porque así lo piensa, de ser conducida. Tiene voluntad de tener mística, de encolumnarse atrás de un proyecto, una persona, una idea. Pero si no está pasando y está todo el mundo desordenado es porque sí está pasando algo más grave que es que la política se dejó de pensar como política. Si querés de manera peronista. No todas las palabras tienen el mismo peso, las asambleas no son una salida real y ni de fondo. Todo el mundo puede tener buenas ideas, sí, pero no todas son buenas ideas. Y en el caso que se tengan buenas ideas, también hay que tener la legitimidad suficiente, cosa que tampoco está pasando mucho.

Parece difícil que las salidas a este quilombo vayan a salir de esas lógicas. ¿Cómo se enfrenta a los gigantes depredadores de este Tecnocapitalismo, a los que Milei le ha abierto la puerta entregando la Patria sin ningún tipo de pudor, desde una asamblea de buenas voluntades o un montón de gente que está viendo cómo te pisa la cabeza o cómo te pisa el brote

Mirá, ahí te voy a decir una cosa. Distintas organizaciones te van a decir: “No, si nosotros sí tenemos un plan programático, tenemos un plan de acción, nosotros sí tenemos el cómo”.  Lo que pasa es que si no se comunica, ¿qué poronga sé yo si lo tenés en un documento, una carpeta o en no sé dónde? O sea, ese es un gran problema porque, sostengamos que hay espacios que sí tienen programas y no sé qué, pero no invitás a nadie a verlo… Capaz que las ideas son muy buenas. Pero si vos no las comunicás, si vos no persuadís, si vos no desplegás los mecanismos correctos como para que la gente no solamente le interese leer, sino que diga “ah, esto es verdad” o “esto es lo que se puede hacer”. Las propuestas esas no valen nada de esa forma y creo que tiene mucho que ver con que hay un loop; de negar las nuevas maneras de contar y negar la recepción de las audiencias, la recepción de las militancias. Yo siento que es tan linda la política y una de las cosas más lindas es escuchar al otro, saber qué es lo que tiene el otro para decir, cómo te puede nutrir. Hay gente que tiene muy buenas ideas, gente que no tiene tan buenas ideas pero tiene una capacidad de ejecución enorme y así se va construyendo. Siento que estas cosas se están perdiendo en esta lógica pelotuda, burócrata y cagona. 

Yo coincido con los planteos respecto a los ejes programáticos. Eso lo sitúo en la columna del “qué”. ¿Qué hay que hacer? Lo que no termino de encontrar, y me encantaría poder encontrarlo, es el “cómo”; la estrategia de poder que te permita acumular las condiciones para llevar a cabo ese programa. Da la sensación a veces, que los límites de la política se definen en la interna de un PJ distrital, se define quién tiene la lapicera y se terminaron todos los problemas; una reducción muy grande del campo de lo posible que el peronismo se plantea o no se plantea. 

Sí, yo entiendo eso. Lo que pasa es que también creo que cuando están las disputas por las conducciones; nacional, provincial, local, donde sea; tiene que ver con una disputa sobre cómo hacer las cosas. ¿Viste? Porque no es lo mismo la manera de un dirigente que la manera de otro. Al final igual, a ver, no hay mucha diferencia; una mancha distinta en el tigre… Es un paradigma de mierda para hacer las cosas. Yo igual trato de por ahí quizás no meterme mucho en eso. Lo mio es la comunicación política. Todo lo que tiene que ver con la conducción y las formas de disputa de Poder, lo puedo opinar como ciudadana.

Hay una cosa que dijiste respecto a las nuevas formas de contar. Hay un montón de capas de profundidad en ese iceberg narrativo que afecta directamente a los resultados que la política obtenga. Por supuesto que  no está mal narrar la política, lo que quizás no termina de satisfacer es que sea solamente eso, ¿no? Entonces, desde tu perspectiva ¿A qué te referís cuando decís que hay nuevas formas de narrar? ¿Qué significa eso?

Hay una realidad que no podés pasar por alto o tomar a la bartola, que es la digitalización, desde ese elemento emergen las nuevas formas de comunicación. Y cuando digo nuevas… ya está empezando a quedar viejo decir “nuevas”. La nueva comunicación de redes sociales. Y no solamente estamos hablando de una plataforma y de la forma de tener presencia. Aparece una mentalidad muy de siglo XX, muy de televisión de siglo XX. Siempre fue fundamental la recepción de las audiencias para cambiar los procesos, ¿no? La recepción de las audiencias de los contenidos, los productos masivos y populares. Esta recepción y cómo las sociedades toman ciertas cosas, hasta te puede llegar a cambiar el destino de un país o de una región o de todo Occidente, ¿me explico?.

Yo particularmente no puedo entender cómo  desde las estrategias políticas no hay voluntad o no hay comprensión de que se tienen que trasladar a lo digital. ¿Y por qué se tiene que trasladar a lo digital? Porque no es lo mismo la presencia digital que la estrategia digital. Porque hoy por hoy las audiencias lo que hacen es receptar emociones. Antes, si vos querías ver las noticias, vos ibas a la montaña. Prendías el tele, agarrabas el diario, había una elección de consumo de la política. Ahora la política, el contenido viene hacia vos. La montaña va a Mahoma

Obviamente que hay algoritmos diferenciados y si te llega más política es porque tenés el algoritmo más politizado. Pero eso no quiere decir que no le llegue a todo el mundo porque  así funcionan las redes sociales. Ahora, podés personalizarlos un poco más pero de todas maneras, estamos todo el tiempo consumiendo muchísimo más contenido a través de una plataforma determinada. Y estamos todo el tiempo metidos en esa dinámica. Entonces, ¿cómo la política no va a ser parte de ese juego? ¿Cómo la política no va a querer comunicar de una manera que le sirva para las elecciones? Y eso ¿es presencia? No. Es estrategia, es construcción de comunidad y por sobre todas las cosas es construcción sostenida del sentimiento de un político o de una organización social o de una organización política o de una idea.

La grandísima mayoría de los dirigentes políticos ¿qué hacen? Arrancan la agenda: saludo de mano, abrazo, ¿no?, la panorámica de qué están hablando con el dirigente con los bracitos cruzados, las patitas medio abiertas, y asintiendo, prestando atención… y todos contándole cosas, señalando algún lugar, un mapa… ya te lo sabés de memoria. Las redes sociales son una herramienta militante cuando están dentro de una estrategia. Pero repiten tanto las fórmulas y sin estrategia que pierde todo sentido y virtud. Y quizás no es gente  especialista; es la sobrina o el sobrino del dirigente que no saben qué hacer, no por limitaciones sino por falta de estrategia comunicacional. Las audiencias ya tienen anticuerpos. Esta idea rara de no caer en la frivolidad de las redes y no se qué. “No vamos a hacer lo que la gente quiera”… y no. No es decir lo que la gente quiera, es contar lo que vos querés contar de una manera que la gente lo pueda y quiera recibir.

La recepción de la audiencia es lo que cuenta. Vos podés decir cualquier cosa; Milei. A nadie le impactó que haya un candidato a presidente que diga “no, el tema de vender hijos, venta de órganos”, todas esas cosas. A nadie le impactó. ¿Por qué? Porque tenía una forma, porque interpeló con los sentimientos. Nadie estaba esperando que haya un presidente que hable de eso y de esa manera. Quizas, el tipo se ganó el afecto, el cariño, el respeto y el voto de un montón de gente teniendo una estrategia en donde sabía contar,  porque interpelaba a la audiencia, porque la audiencia receptaba lo que él estaba narrando. 

¿Qué es una porquería? Y sí, pero se ve que es una sociedad que estaba bastante rota. También siento que hay una idealización de la sociedad, del pueblo. “El pueblo siempre sabe, el pueblo no sé qué…”. Y el pueblo ¿viste?, es gente mucho más normal y con mucha menos mística, con mucha menos épica y capaz que es más sorete o más boluda, ¿viste? Y para todos esos tenés que gobernar y a todos esos les tenés que llegar, porque todos esos en la urna, en el cuarto oscuro, son un voto. 

Mientras te escuchaba no podía evitar pensar que además de todo ese diagnóstico real y probado respecto a la actualidad, estamos siendo cruzados por los primeros pasos de la revolución de la inteligencia artificial. ¿Qué análisis hacés respecto a la aceleración tecnológica, la relación con la comunicación en general y la comunicación política en particular?

Creo que es un proceso que todavía no tiene conclusiones. Creo que recién está empezando todo. Y creo que nuestros dirigentes globales no están a la altura de la representación de la especie.

Estamos viendo como actores económicos se están volviendo protagonistas en este presente político, como por ejemplo Peter Thiel. El manifiesto Palantir que directamente le está haciendo la guerra a la paz. Lo mismo que pasa con el sionismo de derecha promovido por Netanyahu en Israel.

El que estaba hablando de esto era el Papa Francisco y se murió. Igual llama muchísimo la atención que sea el Vaticano el que mueva. El otro día leí un tuit que me dio risa porque yo dije: “llama la atención que sea el cura DJ, que sea la Iglesia Católica la que haya entendido que la disruptividad es lo que funciona en estos tiempos”. Y alguien me dice: “llevan muchos años en este negocio, era obvio que se iban a dar cuenta”. 

Bueno, lo mismo con la inteligencia artificial. Yo creo que el Vaticano es la única organización de peso que justo antes de que se muera Francisco, no sé si fue el último o el anteúltimo documento que hizo Francisco hablando de la inteligencia artificial. 

Y el tipo lo que dice es que tenemos que pensar cómo seguir. Si queremos ser humanos, si queremos seguir siendo humanos y que la inteligencia artificial nos ayude o que la inteligencia artificial nos domine, tenemos que pensar cómo seguir. Entonces, lo que me pasa con la inteligencia artificial es que todavía no tengo una conclusión, tengo recién una sensación. Yo que me dedico a algo más cotidiano y más pragmático que es trabajar con gente, dirigentes y tal…Todavía no entienden las redes sociales, ¿cómo poronga vas a hacer para que entiendan la inteligencia artificial?. 

Si yo tuviera que poner en valor qué cosa tiene más peso de la marca Marisín diría que presenta varias virtudes. Una de esas virtudes, además del expertise o del conocimiento en cuanto a la comunicación, tiene que ver con lo genuino y lo transparente. Dicho esto, lo ato con otra cosa que si bien vos aclaraste que lo planteás desde un lugar ciudadano sin la idea de “armar” la política y coso. Hay un fenómeno de este último tiempo que para usar el genérico se ha dado por llamar “peronismo streamer” o gente que se ha parado adelante de una cámara con lógica de digitalidad; con una consciencia respecto a la comunicación, donde se parecen más a Coscu que a Lorenzo Miguel, no se.  Eso, pareciera generar cierta representatividad. Insisto, si bien vos no te sentís dentro de ese fenómeno más político hay similitudes desde la digitalidad que tienen que ver con lo auténtico de lo que se plantea, sin especulaciones… ¿Te resuena algo de esto que te digo o te parece que nada que ver?

En primer lugar, yo me alejo un poco de eso porque creo que el peronismo streamer tiene una vocación militante, principalmente porque se asume desde el peronismo. Yo me identifico más con una especialista de comunicación del sector privado que labura y que en todo caso está involucrada en política… ni siquiera en política, en los procesos de la política diría mejor. Pero yo no soy una persona que se siente dentro de la rosca. Simplemente,  porque no quiero estar dentro de la rosca. Yendo a lo que tiene que ver con lo genuino. En lo que nos juntamos todos es que hay cierta percepción de no ficcionalización de lo que uno está contando. 

Antes de ir cerrando la entrevista, quería preguntarte ¿Qué reflexión te trae la figura del Papa Francisco a pocos días de cumplirse el primer aniversario de su muerte?

Mirá, yo vengo de una casa que no es religiosa. Mi familia materna sí es religiosa y a mí siempre me interpeló la religiosidad popular. Probablemente por eso, Francisco me llamó la atención mucho antes de lo que le empezó a llamar la atención a otros no religiosos. Yo tuve la suerte de trabajar en Télam en 2015, cuando el Papa viaja a Cuba que coincide con el último viaje de Cristina Kirchner como Presidenta. Entonces yo fui a cubrir la visita del Papa y fui a cubrir la visita de Cristina. Obviamente que a mí siempre lo que más me interesa de estos fenómenos populares, independientemente de todo, es sentir, vivir cómo se siente la gente. Y yo me acuerdo que fue una de las cosas más lindas que vi, no durante el discurso de Francisco sino la noche anterior a su presentación en la Plaza de la Habana que había gente desde la noche anterior,  la gente estaba feliz, sentí algarabía (es la palabra exacta para esta ocasión, esta anécdota).

Eso fue tan lindo que a mí me empezó a llamar ahí la atención ¿por qué este tipo genera tanta felicidad? Dicho esto, a mí lo que me pasa con el Papa es que el tipo de alguna manera nos dijo que la felicidad es el camino, y en ese camino hay que comunicar de cara al futuro. Yo creo que es el argentino más grande de la historia, pero además creo que dio un giro radical en el Vaticano. Creo que Francisco es una persona con la que nunca vamos a tener una conclusión acabadísima respecto de él porque es tan grande lo que hizo y su obra es tan grande que yo creo que va a llevar mucho tiempo comprender mucho de lo que significó y aportó a este tiempo. Nos dejó una esperanza, nos dejó el saber de que las cosas pueden cambiarse. 

También tengo que decir que desde el lado de la comunicación, el llamado permanente a la cultura del encuentro que pregonaba, me parece absolutamente maravilloso. Porque ¿qué es comunicar? No es solamente decir lo que vos querés decir; también es escuchar al otro, saber qué es lo que el otro tiene para aportar. Es decir, desde la comunicación se puede generar algo mejor de lo que ya estaba. Yo estoy muy orgullosa de que sea argentino y como comunicadora estoy muy orgullosa que haya tomado el toro por las astas y nos haya dejado ese legado. 

Visited 95 times, 1 visit(s) today
Close