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Como enseñó Francisco, “el tiempo es superior al espacio”

A un año de la muerte del Papa, su figura sigue creciendo como una referencia moral global. Jorge Mario Bergoglio, el cura de Flores, decidió desde el primer momento poner en el centro a quienes estaban en los márgenes. Invertir la ecuación.

Por ello, no fue un pontífice cómodo. Desde su inicio eligió incomodar a los poderes, interpelar a las élites y cuestionar las lógicas de exclusión. Una “Iglesia pobre para los pobres” fue la orientación de su acción pastoral.

Su voz se alzó con fuerza contra la cultura del descarte, denunciando un sistema que excluye y deshumaniza. Incluso el cuidado ambiental lo subordinó a la inequidad, como señala en la encíclica Laudato si. Una llamada de atención para aquellos que denuncian problemas reales pero a veces ocultan la cuestión de fondo: la injusticia social.

Y donde más se verifica la injusticia es en la fuerza bruta, es decir, en la guerra. Insistió en que “toda guerra es un fracaso de la humanidad”, denunciando no solo sus consecuencias humanitarias sino también las estructuras que la hacen posible.

Fue especialmente firme en su llamado a la paz en Gaza. Frente a la escalada de violencia israelí, reclamó de manera reiterada un alto el fuego inmediato, el ingreso de ayuda humanitaria sin restricciones y la protección de la población civil. Sus intervenciones pusieron el foco en el sufrimiento de las víctimas, especialmente de niños, niñas y familias, denunciando además la desproporción en el uso de la fuerza. Si las autoridades estadounidenses lo hubieran escuchado a Francisco, no hubieran caído en la guerra con Irán, provocada por Israel y que aún hoy Israel intenta alargar masacrando civiles en el sur de Líbano.

El autor de la frase “el tiempo es superior al espacio” no iba a dejar su continuidad librada al azar. La elección de su sucesor fue parte de una visión estratégica. El nuevo Pontífice ha sostenido una postura clara en favor de la paz y el diálogo, reafirmando una línea antibelicista que hoy encuentra expresión en sus impugnaciones a la guerra en Irán. Esto le valió al actual Papa León XIV una amenaza directa del presidente Donald Trump al que le respondió: “no tengo miedo”.  Son las mismas palabras que hubiera usado Francisco.

A un año de su paso a la inmortalidad, reivindicar a Francisco es una toma de posición. Es reconocer la vigencia de su mensaje en favor de la paz y la justicia social, y también un mandato a una Iglesia que debe seguir asumiendo un rol activo frente a la prepotencia de los poderosos.

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