A veces tomó la dimensión del tiempo en función de la cantidad de mundiales que viví. El primero de todos ellos, el que recuerdo haber visto con conciencia, fue el mundial de 2010 en Sudáfrica. En ese momento el equipo era dirigido por Maradona y uno cuando es chico sabe que fue (es) un grande. No por lo que hizo a nivel selección sino por lo que dió a todo un país.
En ese contexto, el país al que Maradona le dió una alegría era un país devastado económicamente por la hiperinflación. Vivíamos en una democracia super joven y completamente inestable, todavía quedaban algunos milicos libres y los juicios por los crímenes de Estado y desaparición forzada de argentinos y argentinas, seguían su trámite. El fracaso de la dictadura ante la pérdida de la guerra de Malvinas no solo ocasionó la consolidación de la ocupación ilegítima de los ingleses, sino que produjo la pérdida de nuestros pibes, nuestros héroes, que dieron la vida por su patria. “Por los pibes de Malvinas que jamás olvidaré”.
Hay algo que se define en las canciones que mencionan de alguna manera el tema nacional de Malvinas. Para todos los pibes de mi generación fue un tema de estudio la discusión de la soberanía y la ocupación ilegítima. Y si bien lo político no brinda respuesta ante este caso, la respuesta que nos queda a muchos es el fútbol desde su sentido más profundo y simbólico; es “robarle un gol al ladrón”.
El partido de 1986 para toda la generación centennial y la Z fue un relato, un mito. Algo que nuestros ojos no vieron que no sea por documentales, fotos, videos, el relato de Victor Hugo (Morales), una anécdota de tu viejo o los propios libros de historia. Argentina mañana tiene un deber con esa historia.
Es solo un partido de fútbol pero siempre hay algo más. El fútbol no nos va a devolver las Malvinas y mucho menos va a zanjar las discusiones que tenemos entre nosotros, pero nos genera alegría. Alegría para un pueblo que sigue encontrando alguna felicidad en estas pequeñas cosas. Somos argentinos y somos futboleros. Sabemos que ganar no es solamente que entre la pelota en el arco rival, es imponerse frente a quienes desean la derrota argentina. Es el orgullo colectivo que crece en el pecho y el alma porque un villero de Villa Fiorito le haga un gol con la mano a un país que nos robó algó, y aunque ese vacío sea imposible de llenar, nos dió una sonrisa en un momento complicado y eso sólo ya es un montón.
Soy recontra fanatico de Oasis, me encantan los Stones y miro la Premier League. Pero esta semana es imposible. El mundial tiene esas cosas. Alentar por la selección argentina y más aún frente a Inglaterra, plantea que sea más probable un abrazo con (Mauricio) Macri que con Noel Gallagher. Es más factible que coincida con Adorni que con Mick Jagger (anulo mufa). Nos une el ser nacional. La Scaloneta es el ejemplo hermoso que tiene este pueblo, no porque sea extremadamente futbolero sino porque nos llena de orgullo ser los mejores del mundo. Que la bandera flamee arriba de la bandera francesa e inglesa.
Somos de un país que echó a los ingleses dos veces en 1806 y 1807. Nuestra rivalidad con los anglosajones existe desde antes que existiéramos como patria. Y si sumamos a las otras dos selecciones que están en semifinales (Francia y España) a uno los rajó Juan Manuel de Rosas y al otro no le reconocimos su autoridad para independizarnos para siempre y dejar de ser una colonia. ¡Mira si no vamos a sentir orgullo de haber nacido en esta tierra!.
No es culpa de Bellingham o de Kane todo lo que pasó. Comparar un partido de fútbol con la guerra es una canallada. Pero el fútbol vuelve inmortal una cuestión nacional. Ganar 4 a 0 no va a reparar el dolor que tenemos pero a ellos les va a doler. “La mano de Dios” y el “Gol del siglo” son dos acontecimientos que van a quedar para siempre en la historia del fútbol, un deporte que inventaron ellos. Y eso les duele.
Quizás los ingleses no sepan verdaderamente que pasó en Malvinas o no les importa, pero siguen lamentando los goles de Maradona, el daño fue directo al orgullo de su pueblo. Y ganar de la mejor forma: haciendo trampa, saliendo de las cuestiones morales y la estupidez del fair play. La trampa fue nuestra, a un país que hizo trampa para salir campeón, cometió un crimen de guerra e invadió nuestro territorio. Para luego, hacer el gol más lindo de los mundiales. Inmortalizado en el relato de Victor Hugo y en la memoria de todos los argentinos, de la generación pasada, la presente y las que vendrán. Los engañamos en su propio juego.
No sé que va a pasar en el partido de hoy. Me excede lo emocional, la ansiedad. Pensar el partido de forma táctica, no se si conviene: De Paul, si debe entrar Lo Celso o si podemos jugar con doble 9. Lo que si se es que la actitud no se negocia, que podemos jugar mal, sufrir contra Cabo Verde pero no perdimos la épica, la mística y el sufrimiento idéntico al tango.
El sueño que tiene cualquier futbolista de jugar este partido lo tienen todos. Mañana no juega la selección argentina solamente, juega el que tiene una multinacional, el que no llega a fin de mes, el peroncho, el libertario y el radical. Todos en el mismo equipo.
Vamos Argentina! Vamos nosotros carajo!




