“MUCHOS han despreciado el ingenio y el poder del pueblo, pero, a largo plazo, han pagado caro su error. Los pueblos siguen la táctica del agua; las oligarquías, la de los diques que la contienen, encauzan y explotan. El agua aprisionada se agita, acumula caudal y presión, pugna por desbordar; si no lo consigue, trabaja lentamente sobre la fundación, minándola y buscando filtrarse por debajo; si puede, rodea. Si nada de esto logra, termina en el tiempo por romper el dique y lanzarse en torrente. Son los aluviones. Pero el agua pasa siempre; torrencial y tumultuosamente, cuando la compuerta es impotente para regularla. Con los pueblos pasa lo mismo; los dos, torrente o pueblo, son fuerzas de la dinámica universal y actúan con leyes y mecánica semejantes”. JUAN DOMINGO PERON (Descartes) – POLÍTICA Y ESTRATEGIA, 1953.
NOTA DE LA REDACCIÓN: Este texto es el resultado de una pregunta que aún no encuentra respuesta pero sirvió para acomodar algunas ideas: ¿Sirve para algo seguir explicando el Peronismo desde metáforas y representaciones abstractas?.
Como ya mencionamos en nuestra primera nota de tapa, llamada “Volver a producir política”, nos interesa muchísimo el análisis profundo del gravísimo cuadro de situación que el Peronismo viene atravesando constante y declinantemente en los últimos diez años. De continuar de esta manera, ya no sólo quedará obsoleto por el mal uso del dispositivo que hace la dirigencia actual, sino que pasaremos completamente a la testimonialidad electoral y de representación por no tener la capacidad histórica de mirar más allá del borde de los escritorios burócratas.
En esa primera nota de tapa, tomamos prestada de la genialidad de Daniel Santoro y Pedro Saborido, algunas capas más sobre la metáfora explícita para explicar al peronismo, comparándolo con el agua y sus características. Decíamos allí, lo que ellos decían:
“El Cruce del Riachuelo, frontera entre la civilización y la barbarie; el 17 de octubre cuando las autoridades levantaron los puentes y los negros cruzaban a nado. Las patas en la fuente como transgresión y desafío a los símbolos de palacio y elites. El acceso al agua recreativa (Mar del Plata o piletas sindicales); cabecitas excediéndose en su derecho al goce. Para los cogotudos, compartir el agua se asocia con el temor a la contaminación biológica, en este caso social, por parte del peronista excedido. Tierra y agua; barro del hondo bajofondo; son miles las representaciones. Incluso, la divertida anécdota del peronista menemista Jorge Triaca (padre) que lo aceptaron finalmente como socio del Jockey Club pero sin acceso a la pileta de natación de las instalaciones”.
Saborido y Santoro no sólo enumeran estas conexiones y asociaciones más o menos cercanas que nosotros rescatamos, sino que profundizan nutrientemente en análisis y pensamiento. Ese valor surge en la medida que uno quiera escuchar, aprender, incorporar y ampliar las perspectivas que tenga respecto a ese sistema de construcción de poder tan complejo llamado Peronismo.
Una imagen simbólica asociada directamente a este ejercicio comparativo es la rosca. Este elemento permite el acoplamiento seguro y desmontable entre dos piezas o partes. Esta definición aplica tanto a la política como a la plomería.
Desde 1945, la historia demuestra que el pueblo trabajador; organizado, productivo, con proyectos y decisión de progreso; se convirtió en un actor político real en la Argentina; incontrolable, molesto, ordinario, incorrecto y salvaje.

¡Ya no me digas que se siente!
La rosca es apenas la superficie, la pieza desmontable que sostiene el sistema deformado y torcido por acumulación de ataques ajenos y errores propios. Pero subterráneamente, siempre empuja descontrolado y crece el océano que es el pueblo trabajador argentino. La dinámica social en la actualidad (que no es la misma que cuando los obreros fabriles hacían política real pre 1974) y sus vaivenes, es totalmente representable con las mareas, las profundidades y las corrientes que suelen quedar reducidas a simples inercias físicas que la naturaleza desperdicia por pura falta de conducción. Es muy difícil generar transformaciones de cualquier índole sin conducción ni plan; y desgastar a la otra corriente interna del PJ, como si eso ordenara el TODO, parece hasta un chiste sin gracia si no fuera parte del principio del fin si los dirigentes de cabotaje siguen haciendo las cosas mal y en todas direcciones.
Ese movimiento de los mares puede y debe ser convertido en sustancia política; no sólo desde el poder aluvional del peronismo sino desde la capacidad de construir las mejores cañerías para que esa fuerza oceánica se convierta en otras energías que nutran el proyecto nacional para la Argentina del siglo XXI.
El Peronismo, al igual que el agua, cambia de estado en un ciclo irregular que modifica su capacidad de acción dentro de la disputa real en la arena de la política democrática argentina. Su naturaleza es fluir y moverse; un peronismo que no fluye, se evapora y se vuelve difícil de recuperar como parte de la fuerza del torrente. La desilusión y la frustración que dejó en la sociedad el experimento de rosca sobre rosca sobre rosca sobre rosca llamado Frente de Todos fueron tan grandes que entre sus consecuencias trajo al gobierno de Javier Milei; aunque se hagan todos los boludos. La calle explicitó en 2023 que prefería a cualquier loco de mierda antes que a cualquier peronista. Ese proceso no parece haberse detenido aún y no lo hará si el propio peronismo no se ocupa de revertirlo.
Cuando el torrente cobra fuerza, golpea y empuja; aunque sin conducción como en esta etapa política actual; su destino es crecer y desbordar el espacio público, convirtiéndose en esa inundación de negros y marrones que la historia ya conoce. Y si el peronismo es agua y el pueblo es océano, la conducción política es la ingeniería hidráulica en cuanto capacidad de diseño y construcción. Como es sabido, cuando el agua se estanca se pudre, pero una inundación descontrolada y violenta tampoco parece ser un buen desenlace para este proceso decadente. Las burocracias se convirtieron en diques que contienen, que limitan toda capacidad y virtud desde la participación ciudadana y eso se tiene que terminar ya mismo.

Y tus hijos sabrán que vendiste tu amor
La militancia orgánica en cada uno de los espacios y corrientes internas dentro del dispositivo peronista, es la parte más sólida y seguramente muy pequeña dentro del océano infinito. Si quisiéramos plantear la construcción de poder desde el peronismo como un iceberg, la profundidad es el lugar donde quien tenga aspiraciones de formarse como un cuadro político integral debe bucear. Si pudiéramos arbitrariamente definir niveles de participación y compromiso en esa tarea por el Poder, podríamos categorizar de la siguiente forma. Desde la superficie a la profundidad: ciudadano, simpatizante, participante, activista, militante inorgánico, cuadro inorgánico, militante orgánico, cuadro orgánico, cuadro integral de conducción. La pulsión deformada y reducida de la mayoría de la dirigencia peronista actual es exactamente la operatoria inversa: trepar todo lo que se pueda hasta la parte más alta de la cima que sea posible, porque en apariencia allí reside algún tipo de capacidad transformadora, aunque la corriente socialdemócrata después nos termine explicando que no da la correlación de fuerzas y coso.
Los icebergs se dan vuelta debido a la búsqueda constante de equilibrio físico: cuando la masa sólida sobre la línea de flotación es mayor a la masa por debajo, el centro de gravedad se desplaza y supera al centro de empuje, obligando al hielo a rotar violentamente para buscar estabilidad. Esta dinámica es análoga a la de los trepadores que solo quieren subir, manejar porciones más grandes de Estado como si eso fuera una solución real; obsesionados con coronar un escritorio en el despacho más grande y rosqueable en algún palacio estatal. Si todos corren sin un plan integral hacia la cima de la pirámide, el bloque se va a dar vuelta. Abajo de todo, estaremos nosotros, organizando desde las bases; desde el márgen, sin desesperación por ocupar el centro o negociar porciones de Estado en nombre de la transformación a favor de las mayorías. Allí estaremos, sin buscar repartir contratos ni sacarnos fotos para Instagram con solidarismo que pinta subibajas y prepara chocolatadas con leche en polvo y galletitas partidas, para apalancarse allí cuando llegue la hora de las negociaciones electorales de mesas chicas que ya sólo saben hablar entre ellas.
La dirigencia actual, paralizada por el miedo a quedar debajo de la línea de flotación, olvida que su propia existencia depende de esa profundidad. El peronismo es un fluido vital que nace de las entrañas del pueblo; un torrente incontenible que arrasa obstáculos y busca cauces. La tarea de la militancia no es detener ni ordenar esa fuerza bruta, sino canalizarla, filtrarla y potabilizarla para convertirla en organización popular. La conducción de una Organización Política aparece cuando se analiza, se asimila y se ejecuta colectivamente, cuándo abrir la canilla y cómo regular ese caudal inagotable que decide su propia presión, fuerza y velocidad, hacia objetivos tácticos y estratégicos pero sobre las cañerías que conducen hacía ese destino. La rosca perdió su función integradora. Es esta sustancia política (doctrina, historia y mística) la que le da sentido a la militancia; sin ella, la rosca es apenas espuma que se desvanece antes de llegar a la orilla del futuro que no se detiene ni espera a nadie. El tiempo se agota y hasta la paciencia se cansa de esperar.

Bebe el agua de la miseria
La interna bonaerense funciona como un remolino que licúa cualquier intento de profundizar el pensamiento para la acción, convirtiendo todo en narrativa sin sustancia. La gestión hace lo que debe hacer: gestionar, no hay mérito en hacerlo bien porque es lo que debe ocurrir ¿Pretenden un premio por hacer lo que tienen que hacer?. Por el otro lado, aparece un simple y claro ejemplo de este exceso de decires. Narrativa sin capacidad real de acción es “si la tocan a Cristina que quilombo se va armar”; la tocaron, la metieron presa, la humillaron con una tobillera electrónica y NO SE ARMÓ NINGÚN QUILOMBO. La determinación narrativa y testimonial no transforma nada; se agota, se estanca, se pudre. Está todo tan confuso y deformado que ahora parece que el peronista más leal es Martín Sabbatella. Dejense de romper las pelotas.
Intentar modificar esta lógica desde adentro es una trampa: rosquear no es un método estructural; pensar en cuadros políticos integrales rosqueando es equiparable a ingenieros hidráulicos adictos al teflón y las Curitas; por eso es importante dejar de confundir CUADROS con BURÓCRATAS. Ante esto, la única estrategia coherente es ser más papistas que Francisco y organizar los márgenes, la propia periferia donde la burocracia ya perdió la conexión con los laburantes y su realidad de a pie. Y no es necesariamente culpa de alguien, simplemente ocurrió, pero es hora de dejar de hacerse los boludos con este tema. Dejense de romper las pelotas.
Allí es que nace un nuevo desafío político que requiere una autocrítica brutal para los precandidatos de fotos en escritorios con mapas de fondo, que acumulan millas con solidarismo testimonial y buena gestión (¿?): el desafío es sincerar cuántas actividades políticas de cara a la sociedad, de frente, son capaces de sostener sin sacar la foto para subir a Instagram. ¿Cuánta narrativa sos capaz de reducir, precandidato?
Si no se cambia hoy no se cambia más
Para cerrar, debemos admitir una verdad que duele: el sistema de roscas que hoy define a nuestra dirigencia es una tecnología obsoleta, cortoplacista, de emergencia, provisoria. Si algún peronista es capaz de sostener que rosqueando se construye justicia social efectiva es un sorete, aunque también sea un compañero. La rosca es una unión que se afloja, que filtra, que gotea y genera debilidad al potencial de torrente creativo y ciudadano de las bases populares ante la mínima presión que estas ejerzan y lo harán. Si la rosca importa más que el nutriente popular entonces está todo roto y podrido. Dejense de romper las pelotas.
Es importante explicitar que no condenamos la rosca; la valoramos como una parte de la caja de herramientas necesarias para la construcción política peronista en clave de Poder. Lo que ya no vamos a tolerar mansamente es que la rosca sea LA ÚNICA forma que la dirigencia peronista actual tiene para resolver sus cargos y sus premios electorales a lealtades convenientes y especuladoras. Hagan lo que quieran, como quieran. Si el propio peronismo no alimenta las condiciones para una EXPANSIÓN en su capacidad política, la disputa electoral terminará siendo el orden de los candidatos en la lista perdedora. Dejense de romper las pelotas.
El Peronismo del siglo XXI se construye por termofusión: una unión molecular donde la conducción, el cuadro y la masa; la sustancia, la narrativa y la resonancia; el dispositivo, el método y la estrategia; se funden en una sola pieza indestructible: la Comunidad Organizada. A diferencia de las uniones precarias que ceden ante el primer cambio de temperatura, la termofusión garantiza cero fugas, elimina la corrosión y soporta las presiones extremas de la historia. No estamos para seguir ajustando tornillos en una máquina que no arranca, sino para fusionar nuestra militancia con el destino de la Nación. El tiempo de los bosques de bonsáis se agotó; es hora de que la política deje de improvisar narrativas y asuma la tarea de estructurar con solidez y responsabilidad, el flujo peronista que alimenta el destino inexorable hacia la liberación de la Patria. Dejense de romper las pelotas.




