Hola, mi nombre es Zoe Barragán. Soy estudiante de ingreso a Medicina en la Universidad Nacional de La Matanza. En el día de hoy, voy a contar cómo se vive la política dentro de los grupos de ingresantes.
El ingreso a la universidad, o la universidad en sí, debiera ser un lugar donde podamos encontrarnos con ideas diversas, como característica principal de un ámbito democrático por excelencia. Sin embargo, el escenario actual en las aulas parece cambiar continuamente. Bajo una superficie de hiperconectividad, los estudiantes —ya sean ingresantes o regulares— denuncian la instalación de una campaña de odio silenciosa; una atmósfera donde pensar distinto, elegir una postura o simplemente expresar una opinión se ha convertido en un peligro social entre los propios compañeros.Parece que volvimos a una época oscura donde el estudiante tiene miedo de pensar, de elegir, de hablar y, algo muy importante, de votar. Volvemos a la misma discusión de generaciones anteriores: "¿Quién te representa a vos?", y que la respuesta casi siempre sea "nadie". Mientras, el trabajo del centro de estudiantes está siendo nulo, no acompaña al estudiante en lo que debería.
La Universidad como espejo social
Podríamos decir que este fenómeno es un reflejo de lo que pasa a nivel social, en un momento histórico de una democracia debilitada, en la que efectivamente los mecanismos de representatividad están absolutamente degradados.Estas épocas de pocas charlas constructivas trajeron consigo el temido adoctrinamiento, el fanatismo y una desigualdad que crece día a día. "La grieta es cognitiva", dicen algunos por ahí, y en este momento lo creo. ¿Cómo puede ser que el argumento de cualquier jóven que no comparte ideales con el presente sea “ah pero el otro”? Nunca agarrar un libro de historia e informarse. Me parece que el concepto de grieta cognitiva es cada vez más fuerte cuando hablamos del “¿qué pasaría si…?” y los incluye o se incluye a la profesión que se quiere seguir.
La necesidad de reclamar, pero sobre todo de empatizar.Hace unos días, una compañera me decía que le parecía ilógico que los profesores pararan por "esa boludez" y que estaba mal que la universidad estuviera tan politizada. Me pareció ABSURDO, porque mientras las aulas quedan vacías porque los profes meten un paro ya que el sueldo no les alcanza ni parazafar el mes, hay alumnos/as que reaccionan con bronca para con los docentes. Las conversaciones suelen ser algo así:, “nosotras queremos algún día ser médicas, si vos no cobras lo que debes cobrar, no te parecería justo que reclamemos?” Su respuesta es obvia, que ese es “otro caso”, cuando quise refutar, no quiso seguir la charla después. Llegar a la deshumanización de los reclamos docentes es, además de inhumano y cero empático, una muestra de ignorancia.
Curar es mirar al otro: El compromiso ético que no están teniendo los aspirantes a medicina.
Esta desconexión con lo que le pasa al otro es todavía más preocupante cuando te estás preparando para estudiar Medicina. Se supone que nuestro futuro es salvar vidas, y ni siquiera defendes o seguís las políticas del que no está pudiendo cuidar la suya, nuestro trabajo será recibir el dolor de la gente en la guardia de un hospital público y ponerle el cuerpo a la salud de los demás, pero si no nos interpela el padecimiento ajeno no es posible que , lleguemos a ser los profesionales que queremos ser. Si hoy nos da lo mismo que un profesor no llegue a fin de mes, o si preferimos mirar para otro lado mientras la facultad se viene abajo con tal de no perder un día de clases, la pregunta surge sola: ¿Qué clase de médico queres ser mañana? Curar no es solo saber de ciencia; es tener empatía, ponerse en el lugar del otro. No podemos aprender a salvar vidas si nos volvemos indiferentes a la realidad de nuestro propio país, de nuestro igual. Les pregunto;¿Cómo se pueden sentir bien diciendo que está mal que los profesionales reclamen lo que les corresponde? Les parece irracional que un profesor reclame su sueldo, que, por derecho, le compete. Pero no emiten opinión alguna a partir de que el gobierno no esté cumpliendo con el financiamiento universitario, el cual es una ley. Un ejemplo claro de todo esto es que los hospitales escuela de la UBA no están funcionando porque ni siquiera tienen para pagar la luz del establecimiento, por lo tanto, los estudiantes no pueden hacer las residencias.
Ser apolítico es una decisión política
Se volvió algo cotidiano que los jóvenes critiquen la política, incluso sin saber que, hasta criticándola, la están ejerciendo. Es frecuente que hoy un adolescente o un adulto joven te diga que es "apolítico", sin siquiera saber que es imposible serlo. Criticar que las facultades estén politizadas es, en el fondo, una postura política en sí misma. El silencio que eligen muchos, eso de mirar para otro lado y no opinar, aunque las medidas del Gobierno los afecten directamente, no es neutralidad. Es el resultado de un sistema que metió miedo para que nadie salte. Y la verdad es que es una señal de alerta gigante: cuando el miedo te tapa la boca en la facultad, perdemos todos como sociedad. Cuando el miedo gana en la facultad, o en cualquier ámbito actualmente en la Argentina, lo que estamos haciendo esrifar nuestro futuro.
La universidad pública en Argentina: es el lugar donde elegimos estar por una gran parte de nuestra vida, el lugar donde se nos permite ser nosotros y especializarnos en algo que nos guste para que, además, tengamos el futuro que soñamos. Es el lugar que siempre tuvo esa magia única: el lugar donde el hijo de un laburante y el de un profesional se sientan en el mismo banco a pelear por un mañana mejor, donde todos podamos ser un profesional el día de mañana. Igualando a las clases sociales y entregando herramientas para que todos y cada uno llegue a ser quien quiere ser. Si convertimos ese espacio de libertad en un lugar donde es mejor callarse la boca para no ganarse un enemigo, no es algo justo para nosotros, ni para el anterior alumno que ha luchado para que nosotros tengamos la posibilidad de poder hablar y debatir a partir de lo que, a veces, no nos conviene.
La universidad pública como principio que debemos defender, sin importar nuestra ideología política. Si no la defendemos, y con ella, defendemos a todo profesional vinculado a ella, tanto docentes, como profesionales que hoy en dia son lo que son (abogados, doctores, periodistas, etc.) gracias a ella, nunca vamos a terminar de ser una sociedad respetable, ni sana. Si se sigue con este pensamiento donde emitir opinión está mal, donde se cree que los reclamos hechos estén mal, al final, lo único que logramos es fabricar profesionales egoístas, que hacen su trabajo sin siquiera pensar en el prójimo, sin ganas, contribuyendo al deterioro social.
Gracias por leer.





