“Si vis pacem, para bellum”
En 1991, el Indio Solari nos advertía que “el futuro llegó, hace rato”. Ese enunciado, se mantiene verdadero por el simple hecho que los agigantados pasos que toma la humanidad van mucho más rápido de lo que el individuo promedio puede realmente comprender.
Observemos simplemente el avance de la Inteligencia Artificial (IA) en estos últimos años en comparación a otras tecnologías. Pasamos de modelos gráficos incapaces de generar manos con 5 dedos a que generen imágenes indistinguibles de las que capturan la realidad a primera vista, volviéndose poderosas herramientas de proceso de datos, inclusive reemplazando equipos enteros de personas en algunas de las empresas más grandes del mundo. Pasó de un entretenimiento, aparentemente inofensivo, que permitía convertir tus propias fotos en tu caricatura favorita a un verdadero problema, incluso un actor dentro de la discusión política.
Porque mientras la mayoría de personas consume, conscientemente o no, contenido generado con ia, las grandes empresas proveedoras de IA como OpenAI, liderada por Sam Altman; quien dona hace varios años, millones de dólares al partido de Donald Trump; siguen avanzando en el mundo de la política, ya no solo como contribuyentes económicos sino como participantes activos o incluso protagonistas de la misma. En Estados Unidos, barrios enteros han sido arrasados para la construcción de servidores de ia y de procesado de datos (como los que es dueño nuestro nuevo residente indeseado, Peter Thiel). Además, el consumo diario de agua necesario para la refrigeración de los servidores de OpenAI, se estima entre 1,53 millones y 17 millones de litros por día. Entonces ¿Cómo es que a nosotros los argentinos, quienes poseemos la última reserva de agua dulce del mundo, no nos va a afectar el avance de la ia?. Esa imagen chistosa de un cocodrilo convertido en avión, ¿vale el futuro de la humanidad?. Lo que nos lleva a preguntarnos, si la ia puede generar imágenes indistinguibles de la realidad para la mayoría, ¿en qué podemos confiar más que en únicamente lo que vemos con nuestros propios ojos?, y ¿qué es realmente la realidad en un mundo en que las imágenes “reales” y “ficticias” son indistinguibles la una de la otra?.
Estas son preguntas que, quizás, nunca imaginamos nos estaríamos planteando por fuera de algún cuento de ciencia ficción, el cual consideraríamos exagerado. Porque esa es la narrativa instaurada: que este es el único camino para la humanidad y cualquier idea que se le oponga va en contracorriente del progreso, de la tecnología y de la humanidad y que la ia llegó para quedarse y debemos aprender a vivir con ella. ¿Dónde se empezó a instalar esta narrativa y cuando arranca esta modernidad?.
Estas ideas ya no son instaladas con la solemnidad de los medios de comunicación tradicionales,que mal que mal se veían obligados a proveer una fuente a lo que afirmaban o por lo menos dar la cara y enfrentar el castigo de su mala práctica periodística, no. El mundo de la comunicación se ha complejizado mucho más que eso. Podemos hablar de, por lo menos, 4 grandes redes sociales que, hoy por hoy, son el principal medio de información de la mayoría de las personas. En orden de antigüedad: Facebook, X (anteriormente Twitter), Instagram y Tik Tok. Sin embargo, las redes sociales existen desde hace unos cuantos años y esta modernidad no es la misma que hace unos años. Aunque a todas se las puede criticar por su concepto primario de reducir la interacción y experiencia humana a una foto que dura 24 horas o a menos de 240 caracteres. Las redes no siempre fueron una plataforma de distopía política; entonces, ¿cuándo arranca?. Quizás, y arbitrariamente ponerle un año de inicio, podemos remitirnos a 2016 con la campaña del Presidente Donald Trump, quien bajo el lema “Make America Great Again” (Hagamos América Grande Otra Vez), logra polarizar por completo la ciudadanía de su país, las redes y en consecuencia, al resto del mundo.
Una nueva era de la política comienza. La época de los magnates en la política; ya no sólo como contribuidores financieros a través de lo que se conoce como lobby, para asegurar se lleven a cabo los proyectos políticos que les convienen a sus respectivas empresas; sino como los protagonistas de la política. Este ascenso, en paralelo a la aparición de los tecno magnates y la de este nuevo concepto de “tecnocracia”, plantea que los paises deberian ser manejados por los CEOs de empresas tecnológicas y los países pensados como empresas, con un único propósito: generar ganancia.
Bombas de ahí para acá

La Argentina, como ya es habitual, fue vanguardista. El 22 de noviembre de 2015, el empresario ya infame por mérito propio, Mauricio Macri, logró la Presidencia, dando fin a la famosa “década ganada”. Esta elección destaca por ser la primera aparición digna de mención de los ahora ya asumidos trolls y bots. Juntos por el Cambio rompe con todos los esquemas conocidos para hacer campaña política hasta el momento, y centra gran parte de su campaña en la digitalidad. Trolls y bots que a toda hora del día escribían cientos y hasta miles de tweets y comentarios en posteos de instagram, facebook, etc, aparentando ser realmente una horda en contra de la entonces presidente Cristina Fernandez de Kirchner. Esta campaña digital, llevada a cabo por Cambridge Analytica; de la cual Robert Mercer (mayor financista de la campaña 2016 de Trump) y Steve Bannon (ex asesor de Trump) eran copropietarios; que años más tarde terminaría cerrando tras controversias respecto al escandaloso uso ilegal de datos privados de usuarios de diferentes redes sociales.
En el marco de este escándalo es que estos mismos bots empiezan a “fallar”, llevando al ahora cómicamente recordado tweet en el cual uno de estos bots bajo el nombre Lavonne Smytorsmith comenta “¡satisface a Mauricio, no te relajes! ¡Caricia significativa proveniente de Hurlingham! #YoVotoMM” dejando caer el velo de esta campaña y mostrándola como lo que fue, un engaño masivo; la nueva forma de ser de las famosas operaciones de los servicios de inteligencia.

Esta instalación de odio contrastaba con la línea oficial que pretendía ser de alguna manera “apartidaria”, con el lema atrapatodo de “Cambiemos” y pretendiendo, como si no hubiese real conflicto entre él y la fuerza oficialista del peronismo, a la cual casi no nombra de manera explícita en sus actos de campaña. Esto, sumado al mérito de formar su propio partido, lleva a Mauricio Macri y al PRO a ser el primero desde que fue instaurado el voto universal, que ganaba un partido que no era ni peronista ni radical, un outsider.
Esta nueva herramienta política desde las redes sociales, no dejaría de crecer hasta llegar al 2021, año en el cuál el actual presidente Javier Milei, las usaría como principal herramienta de campaña.
Los bots y los trolls fueron llevados a una nueva escala. Con un seguidismo de fanáticos de este individuo quien vestido de traje y presentando una imagen arreglada (claramente asesorado ya que ahora sabemos que su vestimenta de preferencia involucra más camperas), peleaba desenfrenadamente contra toda la clase política, rompiendo la grieta, presentándose como un outsider que no sucumbiria a los vicios de la clase política que ya le había fallado al pueblo. Es así que logra los votos suficientes para convertirse en diputado para la ciudad de Buenos Aires. Ese sería el comienzo de su carrera política, que seguiría avanzando hasta 2023 donde con la ayuda del Grupo Numen, propiedad del presunto femicida, Fernando Cerimedo , y los avances de la tecnología permitiendo que se escriban decenas de miles de tweets por día a su favor. Algunos incluso, acompañados por videos testimoniales, gráficos y datos inventados y falseados con Inteligencia Artificial. Mientras tanto, los medios tradicionales ya conocidos seguían haciendo su aporte gorila a las causas antipueblo.
Esta campaña en redes, sumada a la impotencia del gobierno peronista de Alberto Fernandez, el cual no solo realiza una gestión por lo menos cuestionable sino que además se ve incapaz de actualizarse con el uso de las redes sociales en la política, fueron parte de las causas para que, ese mismo año, Javier Milei gane las elecciones en la Argentina.
La tribu de tu calle no está en la calle
De todo este proceso nace “la calle digital”. En la cual las discusiones políticas en persona parecen importar cada vez menos. Ya que mientras en un acto promedio de una agrupación militante puede haber miles de personas, en las redes sociales, un buen tweet puede llegar a tener millones; reales y falsas.
¿En qué casos importa más un tweet que una manifestación ciudadana? La respuesta corta es que no debería serlo en ninguno. Pero entrando a fondo, podemos ver como la discusión en redes se parece más a discutir contra una pared que a un debate ciudadano. Sin embargo, tienen peso en la política real. Lo dicho en redes, es de alguna forma dicho en la vida real pero con un megáfono y un escudo: el anonimato. Quien quiere expresar su opinión puede hacerlo con una, dos o mil máscaras que son las diferentes cuentas, pueden efectivamente evadirse de las consecuencias de sus acciones, pueden decir tanto comentario ofensivo y atroces como se les ocurra y que sin embargo le llegue a la audiencia correcta. Volverse un influencer es, de esta manera, como se han formado los cuadros de Las Fuerzas Del Cielo, quienes desde que han mostrado sus rostros para acceder a cargos dentro del Gobierno o recibir reconocimiento por sus acciones en redes avaladas por el Presidente Milei, se encuentran cada vez más agredidos en la vida real, tal como es el caso de Marcos Palozzolo, porque lo dicho en redes tiene peso en la vida real, pero va para ambos lados; podes lograr influir sobre la opinión de la gente pero la gente también puede influir sobre tu vida por lo que dijiste en redes.
Todos sospechamos que nuestros celulares nos escuchan y que en todo momento se roba y utiliza nuestra información. De alguna manera, es el precio que parecemos estar dispuestos a pagar por las maravillas que nos presentan. Aceptamos que roben nuestra información y aprendan todo sobre nosotros porque como recompensa, tendremos un algoritmo perfectamente diseñado para mostrarnos lo que más disfrutamos. Así es que, efectivamente, terminamos viviendo en burbujas algorítmicas.
Cuando la mentira es la verdad
Más allá del usual cruce entre peronistas y libertarios en Twitter o los insultos vacíos y genéricos en un posteo, los algoritmos peronizados reciben videos de las conquistas del peronismo y de los horrores de Milei; quizás noticias internacionales sobre las aberraciones de Israel o Trump, mientras que los libertarios reciben contenido sobre las grandes victorias de Milei y su “fenómeno barrial”. Contenido que cualquier oposición querría contrariar, pero es ese mismo choque el que nutre esos enfrentamientos digitales estériles. El algoritmo no distingue interacciones buenas de malas; un comentario diciéndole al presidente que debería ser defenestrado de la Casa Rosada es interpretado igual que un comentario alabándolo como el emisario de Dios que él cree ser.
Entonces, ¿qué importa?,¿qué diferencia existe si nos posicionamos en las redes o no?. Frente a la desesperación, la reacción más intuitiva es posicionarse en contra. Combatir con la herramienta más cercana que es nuestro teléfono celular. Pero ¿qué impacto tiene eso si esa historia en la marcha o ese tweet con una idea sesuda, la van a ver solo tus amigos que piensan igual que vos?.
Allí reside la genialidad de este sistema. Hacerte creer que estás haciendo algo, que creas que la calle digital es real y que alcanza con eso. Que repudies el uso de las redes sociales como medio de instalación de ideas fascistas, conservadoras, machistas, racistas, xenófobas, etc, mientras que nos vemos obligados a utilizar estas mismas redes para combatir contra todo eso. Lo vivimos en el día a día, cuando la gente protesta contra los incesantes proyectos de Ley que parecen ir exclusivamente contra los intereses del pueblo argentino. Lo vemos en una escala global; en el último mundial y la campaña anti Argentina, en la que se generó una narrativa completamente ficticia de nuestro país, denunciandolo como si existiera una tradición histórica, cultural e institucionalizada de racismo y xenofobia, cuando eso sucede exactamente en los mismos países que pretendían instalar esas narrativas; Estados Unidos, Inglaterra e Israel, junto a varias marginalidades sociales en países latinoamericanos que progresivamente se alinean mas y mas con los ideales del centro del Poder. Países que han hecho tradición de la explotación de los recursos y la población de esos mismos países latinoamericanos que se sienten parte de algo que no son.
Es muy fácil y rápido entender el impacto de las redes sociales y su capacidad para manipular la opinión pública. Argentina pasó de ser el héroe desventajado en 2022 por el centralismo europeo, a ser el nido racista narrado en 2026; puesto en su lugar por el mismo país que hace más de 200 años supo colonizar y explotar a casi la totalidad de esta América Latina desorientada.
Recordemos que Argentina posee la única reserva de agua dulce del planeta. Recordemos que no es una locura considerar la quema de territorios en la patagonia por parte de ex soldados de las fuerzas armadas israelíes a principios de este año. Recordemos las leyes que pretenden liberar la venta de esas mismas tierras a extranjeros. Es fácil suponer el propósito de este tipo de campañas sucias en redes sociales que tienen un impacto concreto sobre nuestra vida.
¿Qué debemos hacer entonces?. ¿Postear más?. ¿Postear menos?. ¿Hacer más marchas?.
Es común caer en la reducción de buscar respuestas definitivas y efectistas. Un camino único que nos lleve adonde todo esté bien. Pero si todo fuera tan fácil no estaríamos en esta situación. Es obligación, no sólo del peronismo como Movimiento sino de todos y cada uno de los argentinos, pensar y construir la Argentina del futuro. Porque el problema que se asoma en el horizonte es mucho más grave que una grieta por pensamientos de modelos económicos. La campaña de conquista por parte de los enemigos que nos acechan desde el comienzo ya está en marcha; sólo cambia la metodología; debemos estar a la altura del desafío.

Si queremos paz en nuestro país, debemos prepararnos para la guerra, que está llegando a nosotros vía pantallas, al menos en el principio de la invasión. Inglaterra navega libremente por aguas argentinas, Estados Unidos pasea libremente sus tropas y amenaza con intervenir en nuestra lucha contra el narcotráfico si no es resuelto en sus términos.
Si Max Webber define al Estado como una organización humana que reclama exitosamente para sí el monopolio de la violencia legítima, entonces el camino es claro; el Pueblo debe tomar ese monopolio. Argentina no es racista, más bien todo lo contrario; somos un pueblo revolucionario, de liberación, el país que dio vida al General Don Jose de San Martin, libertador de America. Miles de hombres y mujeres dieron la vida para que seamos libres de estos hijos de puta. América Latina es la tierra de las venas abiertas que ellos siguen drenando. Si seguimos marchando todos los miércoles al Congreso con decorados carteles para que nos reprima la policía pero sin capacidad de detener esta locura más allá de la testimonialidad del indignado, entonces esto va a seguir. Las leyes no son más que una promesa de violencia ante el incumplimiento de las mismas. Debemos responder con la misma severidad porque estas son las nuevas reglas del juego. Si nosotros no estamos a la altura de esta nueva era, la Argentina no será más que un recuerdo de lo que supo ser, en mi opinión, el mejor país del mundo.
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