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Clase Media: Bang! Bang! Estás liquidada

La categorización en clases sociales no es una simple clasificación estadística ni una construcción ideológica, por lo cual estas características están embebidas en su estructura, pero de manera heterogénea. Son más bien, formas históricas de organización de las relaciones sociales, con lo cual ya podemos inferir que son dinámicas y su descripción, análisis y medición está fuertemente vinculado a los momentos socio históricos que atraviesan a los grupos sociales.

La desigualdad es una característica de las sociedades desde tiempos inmemoriales, y los grupos humanos han desarrollado sus actividades bajo esa estructura asimétrica amparada en argumentos de todo tipo, como jurídicos, religiosos, etc.

Sin embargo la noción moderna de clase comienza a adquirir su sentido particular entre los siglos XVIII y XIX a la par de las transformaciones producidas por la consolidación del capitalismo, la Revolución Industrial y la desaparición progresiva del orden estamental.

El cambio de las reglas de juego hicieron que las personas, pero más específicamente los diferentes grupos sociales, se reagrupen en torno a su relación con la propiedad, el trabajo y los medios de producción, más que exclusivamente con su nacimiento, vínculos con los gobiernos o con la Iglesia.

Éste muy rápido pantallazo sobre el origen y los porqué de las segmentaciones sociales lo hago como corolario de la siguiente pregunta: si el cambio en las reglas de juego en cuanto a las concentraciones de poder en cualquiera de sus formas dio un golpe de timón a la manera en que las sociedades se organizan, ¿podríamos tomar hoy la reconfiguración del contrato social de la clase media como un síntoma de una reorganización social de cara a cambios estructurales en cuanto a las nuevas formas de poder? Por supuesto el señor marrón y moronense que soy no puede tener esa respuesta ni mucho menos, pero al menos me permito hacerme la pregunta y compartirla con quien lea.

Marx, Weber y Durkheim, entre otros por supuesto, desarrollan en extenso el tema de las categorías sociales en la modernidad (y aquí, una invitación explícita a considerar su lectura.) donde la clase media emerge como una categoría particularmente problemática dentro de ese proceso, con lo cual resulta más que interesante adentrarse en los atributos que la caracterizan y cómo se han modificado en los diferentes procesos históricos hasta desembocar en los días actuales donde se ha encontrado de frente con su Rubicón.

En el caso nacional, la clase media crece y se consolida en la transición del modelo agro exportador al ISI (o mejor dicho a la incorporación del proceso de industrialización al agro exportador), a partir de la crisis del 29 y en los sucesivos gobiernos que se dieron lugar en el país, encontrando su impulso a partir del 45 con las políticas del justicialismo, la creación de la Universidad Obrera, los planes quinquenales, etc. Pero a la vez coincidiendo con los acontecimientos globales de la posguerra, y también a pesar de las convulsiones socio políticas por las que atravesó el país en diferentes oportunidades. La verdad es que si bien la clase media a nivel mundial u occidental está en crisis, en este país el empoderamiento obrero siempre tuvo sobre su cabeza un pie extranjero con bota nacional.

Ser o parecer. El espejismo de la clase media. La clasificación por clases sociales varía bastante según los contextos económicos, y el caso argentino tiene matices propios de nuestra idiosincrasia que van más allá de una medición en términos financieros o de ingresos. Esto es mucho más complejo porque desde lo sociológico, hay una percepción históricamente asociada a una identidad cultural y aspiracional, construida sobre la base del trabajo, el estudio y el progreso, entendidos como elementos necesarios hacia la movilidad social. Por esa razón, una vez que se construye ese sentido de pertenencia a ese grupo social, resulta difícil aceptar que si las condiciones se deterioran se podría perder esa categoría. Es por eso que en gran medida, asumirse de clase media es más una percepción social que una realidad económica, y de allí que empiecen a surgir subcategorías como clase media alta, media baja, baja no pobre, etc., casi como argumentaciones para excusar una condición difícil de aceptar.

Impulsando esta idea de que uno va y viene de categoría según sus ingresos, muchas veces vemos informes piramidales que segmentan los estratos sociales según una canasta básica de referencia y cifras de ingresos. Sin embargo, la pregunta que sigue a esto es ¿qué pasaría si mañana perdemos nuestro empleo? ¿Cuánto tiempo podríamos sostener nuestro nivel de vida antes de empezar a tener problemas serios? En gran parte, no se trata solo de ingresos, de tener una casa, un auto, un celular de alta gama o irse de vacaciones todos los veranos, sino de seguridad frente a escenarios imprevistos o inciertos, y de la distancia que nos separa del desastre. Es que nos hemos acostumbrado quizás a medirnos según nuestra capacidad de consumir en lugar de nuestra capacidad de producir y capitalizar construyendo patrimonio. Sin embargo vale la pena también poner en tela de juicio esas capacidades según los actuales criterios de producción y economía.

Lo cierto es que más allá de la métrica que se utilice para categorizar, y que a mi humilde juicio pareciera estar desenfocada de la realidad, la clase media se ha caracterizado históricamente por un colchón de seguridad que últimamente se ha adelgazado notablemente. 

La vivienda propia como meta inalcanzable. El deterioro no ha sido solamente económico, sino mucho más grave, es un deterioro patrimonial. Porque la esencia de la clase media era justamente esa, la capacidad de capitalizar y construir patrimonio, con la vivienda como hito referencial, como marca de clase y puerta de entrada a la misma.

Es decir, a partir del estudio, el empleo calificado y los ingresos consecuentes, se podía proyectar la construcción del patrimonio a mediano y largo plazo. Hoy, ser de clase media significa que es necesaria la posesión previa de patrimonio como base para construir patrimonio. Con lo cual las proyecciones de futuro y de movilidad social ascendente se ven fuertemente erosionadas (véase Juventud: trabajo, progreso y otras promesas sobre el bidet. De Frente N°3 Mayo 2026) Todo lo demás es humo, son apariencias de clase.

Por eso en relación a los avances en tecnología, ciencias y modos de producción, pareciera contradictorio el hecho de estar discutiendo cosas tan básicas como el derecho a una vivienda digna, y por el contrario estemos asistiendo a la presentación de una nueva sociedad con ultra ricos y ultra pobres.

Lo peligroso y ridículo de todo este circo es el hecho de que el discurso histórico de que el trabajo dignifica, de que te ganarás el pan con el sudor de tu frente, del mérito y el esfuerzo personal, del rendimiento, del ser altamente efectivo y proactivo, de que puedes vivir la vida que siempre soñaste, se desvanece ni bien suena el despertador, que indica que en verdad ya no es el trabajo lo que genera riqueza sino la propia riqueza. ¿Qué significa esto? mayor desproporción y asimetría en la distribución de la riqueza que todo el aparato científico, tecnológico y productivo es capaz de generar. Y ante la imposibilidad de matar ese gigante, las esperanzas de progreso también se hacen efímeras, y con ello nace una nueva forma de dominación.

El dato y el relato. La evolución histórica del diferencial de ingresos entre los empleados más básicos y sus pares gerenciales demuestra como esta disparidad se ha enconado de manera abrupta y responde al deterioro de las condiciones de trabajo y a la concentración de ganancias entre las clases altas que en realidad forman parte de un grupo social tan pequeño como poderoso y hermético.

En nuestro país esas élites terratenientes y empresarias se han encargado de mantener el gallinero revuelto y la información escasa, con lo cual se hace difícil hacer una evaluación fiable de los hechos económicos y su impacto social sostenido. Pero a modo figurativo y como foto de una crisis global, por ejemplo en EEUU a mediados de la década del 60 la diferencia entre un empleado básico y un gerente era de 21 veces. En 2024 la diferencia entre puestos laborales ya había crecido a 281 veces. Es decir, ambos crecieron, sin embargo la tasa de crecimiento en los empleados básicos fue del 21% contra el 1094% en los empleados gerenciales (según publicaciones del Economic Policy Institute)

Esto se debe principalmente a la proliferación de los mercados ventajosos y el incremento en las tecnologías y modos de producción, y apalancado sobre todo en las narrativas de las élites sobre las bonanzas de esos hechos, como por ejemplo la conocida Teoría del derrame del señor Ronald Reagan, que justificaba el enriquecimiento desmedido de las clases más altas como motor de la reactivación económica, lo cual por supuesto es un absurdo porque existen límites para el consumo, y porque además las clases altas intoxicaron la economía cambiando las inversiones productivas por especulación financiera, impermeabilizando los supuestos canales de “derrame” con políticas que los favorecieron con la reducción de impuestos y mayor acumulación de riquezas. 

Véase el informe Economic consequences of major tax cuts for the richs, Socio-Economic Review. Oxford Academic. David Hope and Julian Limberg.

La metáfora de la colmena. Las abejas han despertado el interés de los humanos desde siempre, y las hemos observado, estudiado y admirado por su complejidad gregaria y social. La abeja obrera es el símbolo del trabajo y de la comunidad, y su figura se ha constituído en muchas sociedades como un ejemplo de esfuerzo, trabajo y entrega a una causa común. Si bien la naturaleza es sabia, y este ejemplo es una simple licencia poética sobre la construcción de un discurso de fácil digestión, la realidad es que la diferencia entre una abeja obrera y una abeja reina (y por supuesto los zánganos) es la alimentación que reciben las mismas en su estado larvario. Todas nacen iguales, sin embargo el cambio en la alimentación es lo que a la postre define su naturaleza. Las abejas obreras se alimentaron de miel, y las reinas, de jalea real, un preparado especial con nutrientes diferentes y reservados solamente a aquellas que tendrán la función reproductiva.

Así como las obreras no tienen acceso a la jalea real, ciertos grupos de personas en las sociedades tampoco tienen acceso a ciertos privilegios condicionados por otros grupos de personas que sí lo tienen debido a una posición ventajosa dentro de esa estructura donde crea, naturaliza e institucionaliza las condiciones necesarias para perpetuar esos privilegios. 

El problema de las clases sociales radica fundamentalmente en que los parámetros que se utilizan para clasificar, lo que éstos intentan explicar y la condición real de segregación social, están completamente divorciados, pero no ajenos a una narrativa construída con propósito. De los cuatro tipos de capital que son parte de las relaciones de poder que las personas tienen dentro de la sociedad, el capital económico, el capital cultural, el capital social y el capital simbólico, sólo el primero se utiliza de manera explícita en la clasificación, y es además el único que puede construirse en el corto plazo. Los otros tres son condicionantes necesarios de las élites, determinantes de su hermeticidad y los medios que hacen posible un fenómeno que se ha hecho evidente en los últimos lustros, la formación de estructuras supralegales que favorecen la hiper concentración de riquezas.

(Bourdieu, P. (1986). The forms of capital. In J. G. Richardson (Ed.), Handbook of Theory and Research for the Sociology of Education (pp. 241-258). Greenwood Press.)

Ahora bien, ¿qué hacemos? en primera instancia necesitamos definir de manera clara los parámetros, no para saber con qué clase me auto percibo, sino para encontrar nuestro lugar en el tablero de juego, que roles incumben a cada jugador, como la acción conjunta de los grupos sociales agregan peso al otro lado de la balanza o modifican las reglas. Las élites están menos dispuestas a ceder terreno que a redistribuir resultados, porque conocen donde está su verdadero patrimonio y entienden de jugar juegos largos. ¿Se acuerdan cuando Lacoste le pagó a los Wachiturros para que no usaran su marca? esa es una clara muestra de poder de clase. 

No es el espíritu de éstas líneas dar tips ni aconsejar sobre temas financieros ni económicos, porque más importante que eso es plantear y mantener la discusión política sobre el tema de la exponencial impulso que experimentó la producción de riquezas por parte de la humanidad, como original motor de satisfacción de las necesidades humanas y como adalid en la protección de los derechos de los individuos hacia sociedades más justas y equitativas. Por eso es necesario a la par de reflexionar sobre estas cuestiones, tomar responsabilidad en la participación política, social y económica de la sociedad como comunidad organizada hacia el bien común, y desde lo individual utilizar todas las herramientas que seamos capaces de crear para lograr el fortalecimiento hacia la interdependencia. No es lo mismo producción de conocimiento que educación, no es lo mismo trabajo que producción de riqueza ni mucho menos mejora de la calidad de vida, no es lo mismo ganar dinero que construir patrimonio, la movilidad social no es ganar o perder puntos en un juego de celular, debe ser una política de Estado, donde éste con el conjunto social construya las condiciones para mejorar la vida de las personas en general, integrando todos los aspectos necesarios para satisfacer las necesidades de sus habitantes, proteger sus derechos y garantizar su futuro. En pocas palabras, hacer a la felicidad del pueblo y a la grandeza de la Nación.

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