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Cuatro puntos para explicar el Peronismo

El 17 de octubre de 1945 ocurre una gran manifestación obrera en Argentina que tuvo como resultado la liberación de Juan Domingo Perón, quien días antes había sido detenido. Se considera esta fecha como el nacimiento del peronismo y como uno de los acontecimientos más importantes del movimiento obrero en Argentina que se identificó como sujeto social protagonista de la historia nacional. El peronismo resultó ser el mayor movimiento de masas de Argentina, con una fuerte presencia en la agenda política del país y con una oscilación ideológica que complejizaron siempre sus decisiones y posturas frente a los problemas sociales del país.

Por Fernando Barbarán

Día de la Lealtad

El 17 de Octubre es denominado también el Día de la Lealtad por los seguidores de las ideas peronistas y sus variantes. Si bien es el día fundacional del peronismo, una serie de acontecimientos llevaron a la definición del movimiento político como tal.

  • El movimiento obrero nacional, presente en la agenda política desde principios de Siglo XX en Argentina estuvo disperso entre anarquistas, socialistas y comunistas, muchos de ellos migrantes europeos. Mientras aparecían los primeros sindicatos y trataban de organizarse en un solo movimiento nacional, el pueblo trabajador, además de llevar a cabo las reivindicaciones laborales, impulsó cambios en el país como la Ley del Sufragio Universal. Así también sufrió persecuciones y asesinados por los gobiernos de turno. En 1930 logra conformarse la Confederación General del Trabajo (CGT) uniendo de esta manera a todos los trabajadores de todas las ramas en una sola organización obrera nacional
  • El modelo de industrialización por sustitución de importaciones. Las altas exportaciones de materias primas a países afectados por la Segunda Guerra Mundial llevaron a que algunos países de Latinoamérica experimenten una visión de industria nacional, pero al no existir la clase burguesa productora, fueron los Estados quienes llevaron adelanto los procesos de industrialización.
  • Terceras posiciones. Algunas teorías políticas como el nacionalsocialismo o la Doctrina Social de la Iglesia buscaron separarse de las posturas capitalistas del imperio norteamericano y del comunismo soviético al cual le tenían temor. El peronismo fue quizás la experiencia más práctica de la Tercera Posición aplicada al Estado, la política y la sociedad.

Juan Domingo Perón siempre fue un interesado por la política y durante su carrera militar tuvo la oportunidad de viajar a la Italia fascista de Benito Mussolini, donde conoció en primera persona la “tercera posición” que podía adoptar. En 1943, a través de un golpe de Estado, militares nacionalistas toman el poder en Argentina; Perón estaba entre ellos. El nuevo gobierno militar enfrentó rápidamente al sindicalismo, pero estos no se quedaron quietos. A medida que aumentaban las tensiones, un teniente coronel llamado Domingo Mercante acercó a algunos sindicalistas, entre ellos Ángel Borlenghi, a Juan Domingo Perón para que pudieran solucionar los conflictos entre el gobierno militar y los reclamos del movimiento obrero.

Los militares aceptan y designan a Perón como Director del Departamento del Trabajo, a través del cual empieza a reforzar las relaciones del gobierno con los sindicatos. Al poco tiempo, logran elevar al nivel de Secretaría los asuntos laborales y Perón queda a cargo de la nueva Secretaría de Trabajo y Previsión (STP). Automáticamente comienza a implementar una serie de medidas que eran a su vez los puntos que reclamaban los sindicalistas: se crearon los tribunales de trabajo, las indemnizaciones por despidos, jubilaciones, estatutos profesionales, hospitales para trabajadores, escuelas de oficios técnicos, convenios colectivos de trabajo, entre otros avances que se dieron aceleradamente. En paralelo, Perón nombró varios dirigentes sindicales para conducir las principales áreas de la STP, algo que sucedía por primera vez en la historia argentina. Es decir que en una especie de protohistoria, el peronismo inició cediendo lugares de poder a grupos políticos con los que no compartía la misma visión. Los puso a los sindicalistas anarquistas y comunistas a cargo de oficinas gubernamentales.

Sorprendentemente, en Argentina los sindicatos llegan al poder colándose por la puerta de atrás, consiguiendo en poco tiempo reivindicaciones por las que llevaban luchando casi 50 años. Lo que en algunos países costó sangre, muertes y revoluciones, acá costó una audiencia con Perón.

Sin embargo, así como se avanzaba en los derechos laborales, el grupo dirigido por Perón desde STP trabajaba paralelamente en debilitar a los sindicatos comunistas y a los dirigentes pro-soviéticos dentro de los mismos. El objetivo era separar al movimiento obrero, sujeto histórico de Marx, de las influencias leninistas que estaban haciendo realidad el sueño de abolir el capitalismo en Rusia.

Fiel a sus complejidades, la STP encendió una serie de rencores, odios, críticas y malestares en la clase dirigente. Los militares intentaron realizar dos golpes de Estado, con el objetivo de que Perón renuncie a la STP y deje de otorgarle derechos laborales a los trabajadores. Perón decidió renunciar anunciando que dejaba firmado un decreto con dos conquistas laborales: el salario mínimo vital y móvil y la participación de los trabajadores en las ganancias. El gobierno militar inmediatamente encarceló a Perón y quedó detenido bajo el poder de la Marina en la Isla Martín García.

Rápidamente se cancelaron todos los avances sociales del último año. Las clases medias y altas organizaron un acto masivo para festejar el encarcelamiento de Perón. La CGT convocó a una huelga general para el 18 de octubre de 1945, pero ante la decisión de la patronal de no pagar la quincena en una clara muestra de revanchismo de clase, el movimiento obrero se movilizó un día antes de lo anunciado: el 17 de octubre. Comenzó a gestarse la manifestación obrera más importante de la historia argentina. Cientos de miles de trabajadores, hombres y mujeres, de las zonas marginales, invadieron la ciudad reclamando la libertad de Perón. La movilización fue indetenible y tomó por sorpresa a los sectores medios y altos de Buenos Aires. La multitud ocupó la Plaza de Mayo y obligó finalmente al gobierno militar a liberar a Perón esa misma noche.

Al año siguiente se celebrarían elecciones libres en Argentina y comenzaría una nueva etapa para el país, que cambiaría para siempre el foco político, económico y social en la historia nacional.

Cuatro claves para entender al peronismo

El peronismo es un hecho histórico complejo, que le otorgaron características inusuales a la política Argentina. Quizás uno de ellos es no tener definida la línea entre izquierda y derecha o entre clases trabajadoras y clases propietarias.

El justicialismo en su primera etapa como gobierno, con Perón como presidente y luego de ganar las elecciones en Argentina frente a un amplio espectro de variados partidos políticos, se caracterizó por la promoción de los derechos sociales y laborales, con un fuerte perfil sindical y favorable a la clase trabajadora. Se destacan también la conquista de los derechos políticos de las mujeres con el voto femenino promovido por Eva Duarte, la sanción de una nueva Constitución que amplió los derechos de la ciudadanía y las funciones del Estado como regulador de la economía, la promoción de los derechos de la niñez, el impulso a la industrialización de país, la presencia del Estado en sectores estratégicos de la economía (ferrocarriles, siderurgia, energía, banca, comercio exterior, etc.), la gratuidad de la educación pública universitaria, la reforma educativa y mayor acceso a la misma, entre otros avances. En materia internacional se pueden mencionar las primeras políticas de alianzas latinoamericanas, curiosamente de variadas formas de gobierno durante ese periodo, que van desde dictaduras militares, democracias liberales y otras presidencias también más inclinadas a la tercera posición o socialdemocracias. Es necesario mencionar además, los planes quinquenales similares a los de la Unión Soviética que llevó adelante el justicialismo, desarrollando una suerte de economía planificada con buenos resultados inmediatos.

El segundo gobierno de Juan Domingo Perón fue derrocado por golpe de Estado propiciado por sectores de extrema derecha del Ejército Argentino, la Iglesia Católica, grupos conservadores oligárquicos de la sociedad civil y algunos partidos políticos, con un bombardeo a la Plaza de Mayo mediante.

Las bases populares del peronismo estuvieron definidas por la estructuración de grandes sindicatos vinculados al Estado y al empresariado nacional.

El peronismo, sin embargo, es protagonista de la historia política argentina hasta estos días, viéndose en el movimiento diversas corrientes y tendencias oscilantes entre la derecha liberal y el progresismo social. Conviven en el espacio personajes como Sergio Massa y Juan Grabois o Hugo Moyano y Ofelia Fernández. Es un movimiento nacional, principalmente electoralista, que posee un poder intrínseco en las formas de entender la nación y la configuración del Estado en todos los niveles.

Podemos decir que esta corriente política es una conjunción de fuerzas, un conglomerado de diversas vertientes políticas, está enmarcada en la socialdemocracia dentro del espectro político, es liberal, es democrática, es conservadora, es progresista. Es difícil definirlo. Pero hay una cualidad práctica que la historia le dio al peronismo: este es la manutención del poder burgués en el Estado.

Con motivo de facilitar la definición de “peronismo”, propongo los siguientes puntos clave de análisis:

  1. El peronismo es moderno. Mejor dicho, tiene muchas cualidades para modernizarse constantemente. Si analizamos sus ciclos históricos podemos ver que hubo un peronismo con Perón, ubicado en la “tercera posición”, buscando diferenciarse de las posturas mundiales dominantes y beligerantes de la Guerra Fría; fue moderno al contexto histórico. Hubo un peronismo con Perón, María Estela Martínez y López Rega enfrentado con la izquierda, la juventud y el progresismo, persiguiendo y asesinando compañeros del campo popular, obedeciendo la Doctrina de Seguridad Nacional de luchar contra el comunismo y creando organizaciones paramilitares, inaugurando el peor periodo de terrorismo de Estado en el país; fue moderno al contexto histórico de la década del 70. Hubo un peronismo neoliberal con el menemismo que dejó el país inmerso en una de las peores crisis de la historia, desintegró la industria nacional, contrajo deudas con el FMI y empujó a las clases populares a la pobreza y el desempleo; fue moderno al ubicarse en el mundo unipolar, del fin de la historia y de la hegemonía norteamericana. Hubo, hasta ahora, un peronismo kirchnerista vinculado al progresismo continental, que se tuvo que hacer cargo de los problemas del peronismo neoliberal, implementó medidas de bienestar social, mejoró las condiciones de vida de las clases medias y trabajadoras del país, impulsó el consumo, promovió la industria nacional, pagó la deuda con el FMI y se alineó discursivamente con los gobiernos del Socialismo del Siglo XXI; fue moderno para un contexto histórico donde los países de la región caminaban en la misma dirección y se atrevían a mandar literalmente al carajo a la intervención norteamericana.

  2. El peronismo es conservador en lo político. Son especialistas en la manutención del poder, en la gobernabilidad y en las estructuras políticas nacionales/provinciales. Esto explica los grandes casos de corrupción que siempre identificaron al peronismo en distintos tipos de niveles, ya sean municipales, provinciales y nacionales o en funcionarios del ejecutivo o legislativos. Así mismo, posee referentes con amplias trayectorias en la gestión pública. Políticos de carrera, tecnócratas especialistas en diversas áreas estratégicas de desarrollo (ciencia, tecnología, energía nuclear, educación, etc.). Son varios los ejemplos de funcionarios que dejaron huella positiva en la administración pública o en organizaciones sociales, eso no se discute. Ni que hablar de líderes populares como Néstor o Cristina. Pero en el espacio conviven también oportunistas, panqueques, especuladores y personajes con una coherencia ideológica frágil. Está el ejemplo de Daniel Scioli, entre los más recientes, o el mismísimo Javier Milei que participó del gobierno provincial de Scioli y le rinde homenajes a Menem, o de varios peronistas eligieron cruzarse a La Libertad Avanza con tal de mantener sus rincones y dádivas de la política. Este conservadurismo político lo lleva al peronismo a conformar grandes frentes electorales (como los del 2015 hasta la fecha) para que cada espacio mantenga su cuota de poder en el ámbito donde se desarrolla llevando a sus seguidores a tener que votar por personajes como Scioli, Alberto Fernández o Sergio Massa. O peor todavía, tener que votar legisladores que anunciaban su oposición a la Libertad Avanza en campaña y en el Congreso les votaron todas las leyes que propuso el oficialismo. Otra característica del peronismo no menor que lo convierte en conservador es su eterno conflicto con las juventudes: el movimiento universitario en los 50, la juventud revolucionaria expulsada de la Plaza de Mayo y mandada a asesinar en los 70 y la resistencia interna hacia la Cámpora en la segunda década del Siglo XXI.

  3. El peronismo es liberal en lo económico. Lo que hizo Perón en sus primeros gobiernos no fue suprimir el capitalismo, sino extender al máximo las concesiones de clase que la burguesía podía realizar; amplió derechos a las clases populares, moderó al capitalismo nacional, pero nunca modificó la matriz económica como para definirla como socialista o comunista. En los 70 los peronistas gestionaron la economía con las eternas recetas liberales y los resultados fueron los que siempre otorga una economía de mercado: ciclos de recesión y expansión, como el caso del Rodrigazo. En los 90 el peronismo profundizó las medidas neoliberales en la economía, además de haber estado ideológicamente alineado con Estados Unidos. Durante el kirchnerismo, si bien hubo una distribución de ganancias que llegaron a ciertos sectores relegados de la sociedad, la matriz económica del Estado argentino continuó siendo neoliberal y la economía se seguía concentrando en pocas manos. La estatización de empresas y recursos claves de la economía nacional, son importantes para un país que pretende ser soberano, pero en la historiografía peronista eso se observó solamente en el peronismo del 45 y durante el kirchnerismo.

  4. El peronismo es progresista en lo social. Desde mediados del Siglo XX hasta la fecha todos los avances sociales en Argentina fueron de la mano de algún gobierno peronista, sin desmerecer los intentos que hicieron los gobiernos de Frondizi, Illia y Alfonsín que fueron condicionados por los militares. Durante los primeros gobiernos de Perón, más allá de los derechos laborales, se implementaron los derechos políticos de la mujer, la soberanía económica, los derechos constitucionales, los derechos a la educación, a la salud, entre otros. Si bien se merece un párrafo y un análisis aparte, la obra de Eva Duarte, tiñó al peronismo de esa esencia social. Evita dirigió desde su Fundación la asistencia social, a través de la cual construyó hospitales, escuelas, asilos y viviendas para los sectores más necesitados, como así también realizó una intensa labor en defensa de los obreros (sus “descamisados”), los adultos mayores y las infancias. Si a alguien le debe el peronismo la idea de la justicia social, es a Eva Duarte. En los 90, sin la capacidad de estructura organizativa y política del peronismo menemista, no se hubiera podido lograr la reforma de la Constitución Nacional Argentina y la inclusión de los derechos y garantías básicos para los seres humanos. El kirchnerismo pudo lograr avances en la educación, desarrolló una fuerte política cultural a través de los canales del Estado o los materiales educativos que distribuía, llevó el Fútbol Para Todos a todos los rincones del país, desarrolló políticas como la Asignación Universal que garantizaba la vacunación y la escolaridad de millones de infancias, promovió la educación con programas como el Progresar, repartió netbooks a estudiantes de distintos niveles para garantizar su ingreso al mundo que era cada vez más digital, millones de familias alcanzaron el sueño de la casa propia gracias a programas como el Procrear, se implementó políticas de inclusión y la diversidad de género y quizás me están faltando otras medidas sociales más. Y creo que esto ya fue suficiente como para valerse la bronca de una sociedad eternamente conservadora e hipócrita.

Antiperonismo

También es más fácil definir al peronismo por lo que no es. Principalmente no es la derecha conservadora, ya que esta no tiene ni un gramo de empatía con lo popular. Pero el peronismo, en sus complejidades históricas, ha creado lo que se puede definir como la ideología política y la pasión más grande de los argentinos: el antiperonismo.

Como toda tendencia política, tiene su origen e historia. El antiperonismo nace durante la gestión de Juan Domingo Perón en la STP, cuando los sectores oligárquicos y liberales lo acusaban de demagogo, totalitario y de una ensalada de señalamientos que iban desde tintes fascistas hasta el comunismo estalinista. Luego, el antiperonismo se identificó con Braden, el embajador norteamericano que intervino en las elecciones de 1946, donde Perón derrotó a la coalición de la Unión Democrática. Posteriormente, el antiperonismo estuvo alineado e impulsó varios de los golpes de Estado en el país, comenzando con la autodenominada “Revolución Libertadora” que derrocó a Perón en 1955, así como las dictaduras de 1962, 1966 y 1976. En los 90, los partidos conservadores seguían siendo profundamente antiperonistas, a pesar de imprimir sus boletas electorales con las caras de Perón y Evita y de acompañar a Menem. Con el kirchnerismo, el antiperonismo tuvo un auge, al principio un poco cretino, al marchar por causas como “los vasos de Starbucks” o “no poder viajar a Punta del Este”. Pero con la aparición de las redes sociales y la explosión de la posverdad, el antiperonismo tuvo su coronación con la idolatría a Javier Milei y su llegada a la presidencia a través del voto democrático, algo que nunca antes había logrado la extrema derecha en el país.

Históricamente, los sectores antiperonistas han cuestionado el populismo (a pesar de tener un referente que sorteaba el sueldo como práctica proselitista), el manejo de la economía (a pesar de que el gobierno de Cristina Fernández de Kirchner terminó su mandato con los mejores indicadores económicos hasta la fecha), el culto a la personalidad (a pesar de tener muñequitos de Milei con una motosierra o, peor aún, cuadros de Videla) y el corporativismo sindical (a pesar de que ahora son todos liberales), acusando al movimiento de corrupción (a pesar del robo y abuso de las cajas del Estado por parte de la derecha en Argentina). Sin embargo, en los hechos, el antiperonismo es básicamente un rechazo a la ampliación de derechos y a la justicia social que, curiosamente, como el peronismo, incluye desde clases altas hasta sectores marginados, pasando por las clases medias y trabajadoras.

El peronismo y su eterno macartismo

Algo que tampoco es el peronismo es la izquierda, pero esa izquierda de quienes alzan las banderas de liberación y de sueños de una sociedad igualitaria. El peronismo ha estado históricamente reñido con la izquierda. En sus orígenes ha perseguido a artistas como Pugliese por su afiliación comunista, o ha mandado a asesinar, a través de la Triple A (Alianza Argentina Anticomunista), a luchadores sociales como el Padre Mugica, y en la actualidad prefieren sentarse a hacer una alianza con personajes de la derecha como Miguel Ángel Pichetto antes que incluir a Myriam Bregman, del Frente de Izquierda y de los Trabajadores. Es cierto que, en la elasticidad que lo caracteriza, ha contenido también vertientes más izquierdistas de corte nacional-popular, haciendo realidad reivindicaciones de estos sectores. Sin embargo, es difícil que sea el peronismo quien lleve adelante en Argentina un programa democrático de izquierda.

A modo de resumen y finalización del presente ensayo, traigo al recuerdo cuando, en el acto de cierre de su campaña electoral en octubre de 2019, Alberto Fernández dijo que “ellos no administraban la realidad como los conservadores ni querían tirarla por la borda como los que se llaman revolucionarios, sino que buscaban cambiarla usando las reglas existentes”. Cambiar la realidad ajustado a las reglas es quizás la mejor definición de lo que estoy tratando de explicar acá como “peronismo”. Pero es necesario decir que un camino de liberación soberana de la Argentina, hoy por hoy, no vendrá de la mano del peronismo, menos aún con la postura que está teniendo en estos días de no querer conflictuar con Milei, no defender a los presos políticos del espacio peronista u ocultarlos debajo de la alfombra, y sin olvidar que, nuevamente, gobiernos peronistas como el de Alberto Fernández dieron la apertura perfecta a la primera asunción de la extrema derecha al gobierno en Argentina a través de la vía democrática, cambió las reglas, modificó las leyes y el peronismo no tiene ánimos de modificarlas.

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