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Tecnopolítica, discurso y peronismo

Por Ignacio Salvati

“A los jóvenes les digo que sean transgresores, opinen, la juventud tiene que ser un punto de inflexión del nuevo tiempo” Néstor Kirchner. 

Vivimos tiempos acelerados. La política nos atraviesa en todo momento y a medida que transcurren los años tiene menos legitimidad. En paralelo, la militancia no es la misma que hace 20 años, los pibes de “la gloriosa juventud peronista” hoy tienen 45 años; hijos, responsabilidades ajenas a lo político, otros en una banca en el Poder Legislativo, algunos hicieron sólo plata con la política y otros simplemente se alejaron por elección propia.

Muchos de estos jóvenes vivieron la gran época de la “década ganada”. Esos pibes -hijos de la crisis de 2001- encontraron en Néstor Kirchner una figura de esperanza. Un dirigente que marcó un antes y un después en la historia del país. Caracterizado por salir del protocolo, dueño de un estilo confrontativo y disruptivo para la época, supo interpretar al sujeto político que tenía enfrente. Logró en un contexto complejo que el pueblo (especialmente los jóvenes) vuelvan a creer en la política cómo herramienta de transformación de la realidad.  

Hoy, 23 años después el contexto cambió 360°. Actualmente, la política en la juventud no tiene el mismo efecto que tenía hace 20 años y los pibes ya no buscan un dirigente político para resolver sus problemas. Están cansados; quieren scrollear en X, jugar a la Playstation o estar gran parte de su semana viendo Tik Tok ¿Que pasó en el medio?. 

No constituyen una novedad los problemas estructurales que presentó la República Argentina al enfrentar una pandemia. Todo el mundo se encontró con una realidad que nunca hubiese pensado vivir: todos estábamos en nuestra casa por miedo de contagiar a un familiar, la histeria colectiva ya existía y se terminó de profundizar en tiempos de emergencia sanitaria. 

Mi punto no es hablar de la historia que conocemos todos, pero sí tener el contexto de lo que viene pasando en este último tiempo, para entender porqué estamos en un presente en el cuál siempre pensamos después que debemos hacer.  

La pandemia evidenció lo que ya pasaba a mediados de 2016: una modalidad de hacer política diferente. Fue Jaime Duran Barba (jefe de asesores del Presidente Mauricio Macri) el que vió este fenómeno y lo inauguró en el país con la lógica de los trolls. Un método que al principio era bastante rudimentario y al día de hoy mueve el termómetro de la política, sobre los temas que se hablan en la sociedad, sobre preocupaciones y necesidades que tienden al aceleracionismo y a la polarización: la tecnopolítica.  

Hablando en criollo, la política dejó de ser solamente la unidad básica, el mate, los temas de La Renga de fondo y el mano a mano. Se transformó en algo líquido, que se toca pero se escapa de las manos. Un mundo donde las discusiones son infinitas y no hay una materialización que las termine de resolver.  

Hoy en día hay que adaptarse al cambio de paradigma. Existe un mundo al cúal, el peronismo en su fase más orgánica, todavía no llegó. Es una realidad, el peronismo no pone agenda en el mundo digital. Y ojo, tampoco lo puede hacer en la política nacional. Mes tras mes nos indignamos con lo que viene haciendo el gobierno, parece como si la pelota siempre la tienen ellos y que no tenemos nada para decir, salvo el apoyo a las causas que nosotros creemos que hay que defender.   

Las redes sociales son el lugar más fácil y equitativo para imponer agenda. Cada uno con una computadora y una red wifi puede escribir un tweet y tener incidencia en el pensamiento de alguien; formar una idea, generar enojo, acuerdos, desacuerdos e infinidad de sentimientos. A punto tal que las redes sociales pasaron a formar parte de la estrategia que lleva a un candidato a ganar elecciones. En estos tiempos con agarrar un celular y mover un dedo podemos observar todo aquello que captura nuestra atención.  

Lo ocurrido entre 2021 y 2023 no fue solamente un caso de trolls, no se trataba únicamente de bots que imponían un tema o una fake news.  Empezaron a existir cuentas reales, tanto anónimas como con nombre y apellido. ¿Cúal fue su éxito? Los pibes de “La Libertad Avanza” lograron que dos dirigentes de la ultraderecha lleguen al Poder Legislativo, en pleno gobierno peronista que cada día iba perdiendo más consenso social. Si, pibes encerrados en su casa, aburridos en plena pandemia impusieron agenda ¿como? poniendo en tela de juicio lo que se pensaba cómo un acuerdo mayoritario. La respuesta del peronismo fue la indignación frente al discurso de una fuerza que iba ganando cada vez más apoyo con el correr de los meses.. Estoy completamente en desacuerdo con la idea de un peronismo indignado, cómo lo haría una señora de Recoleta al ver cualquier desmanejo público. No se interpela a nadie cayendo en los rituales de la institucionalidad y orden. 

Justamente el principal atractivo de Milei fue ser alguien disruptivo para el tiempo que existía. Lo suficientemente entretenido para verlo en Tik Tok y lo suficientemente polarizado para que sus ideas sean entendidas por toda la sociedad civil. “Los fierros son los caracteres” decía el Gordo Dan cuando hablaba sobre la misión de Las Fuerzas del Cielo. Su trabajo en X.com es el uso de descalificaciones, insultos y menosprecio para determinar la emoción sobre lo que no se quiere ser. Señalaron al peronismo como el responsable principal de todos los problemas del país en un trabajo de coordinación entre Javier Milei y Las Fuerzas del Cielo.  

Hoy el peronismo, si quiere volver a gobernar, no debe encerrarse en sus banderas sino actualizarlas. No en base a consignas, debe estar sometido a un propósito que obtenga respuesta a las problemáticas del siglo XXI. 

Salir de un modelo agotado, como fue la política tradicional, es ganancia. Pedir formalidad en estos términos es volver al status quo. Surge la necesidad de convocar y construir una representación política de las juventudes.  Darle lugar a la juventud no es invitarla a un acto, es darle representación en serio, demostrar que el trasvasamiento generacional no son dos palabras muertas escritas en un libro sino que realmente es posible la actualización de la doctrina para las nuevas generaciones.  

Vivimos en un contexto de entretenimiento permanente en el que una gran parte de nuestro tiempo se destina a las redes sociales. Al mismo tiempo de todo esto, surge la cultura del streaming. Siendo un buen espacio para ganar visibilidad, atención en base a reels de instagram o Tik Tok e informalidad con entrevistas ajenas a un discurso solemne. Mediante una cámara y un chat en vivo los streamers se exponen al riesgo de ser condicionados por la audiencia a un papelón. Ante la falla (de cámara, micrófono etc), surge la improvisación con el riesgo de recibir mensajes amenazantes por chat que influyen en el rumbo del programa hasta su finalización. Mismo el streaming al igual que las redes sociales alimentan a las opiniones polarizadas, y no solo eso, también termina moldeando la opinión de un oyente fánatico de determinado programa. 

Está todo conectado, la lógica del scroll en redes, la agenda política que se maneja en X, la interpretación de eso en un programa de streaming y el molde del pensamiento en la vida real. Los streamers peronistas logran diferenciarse de los dirigentes al poder expresarse con mayor libertad. Si en algún momento bastardean al conductor en redes sociales, lo atacan a él personalmente, en 4 días ya nadie se acuerda y el tema queda en el olvido. El streamer no tiene miedo de decir lo que sea que quiera decir. Los medios más exitosos construyen el ambiente para que no existan posibilidades que el streamer restrinja su opinión en razón de un cargo o algo de interés. Simplemente hablan delante de un micrófono, tienen una comunidad fiel a la cúal escuchan y asume un liderazgo entre ellos.    

X.com es una cloaca donde el hombre es el lobo del hombre, pero es ahí donde uno puede ver el termómetro social de una forma alejada. Uno se entera de todos los temas (hasta del tema que uno no quiere enterarse) y al escribir algo, la recepción es infinitamente variable: personas que aprueban lo que uno escribe, otros puteando y más de la mitad haciéndote un doxeo o cosas similares. Es difícil comunicar algo y que todo el mundo coincida en que la idea es brillante, pero la visibilidad en ese plano no se negocia. Y es acá donde quiero llegar.   

En la política la visibilidad funciona de una forma similar, para ser visto por alguien tenés que decir algo novedoso, una idea que le genere impacto a alguna persona.  Así fue como Milei basó su estrategia para tener la mayor presencia posible en 2023. No importa si apoyaba la venta de bebés o la demolición del BCRA, no interesa el termómetro moral de si está bien o mal lo que uno dice, sino que lo que realmente importa es que la sociedad hable de lo que uno dice. Al momento que se discute la idea más descabellada que se puede ocurrir, ganaste la mención y ponerte en la escena.  

Hoy en día, el peronismo no es permeable a discutir con dirigentes de otros espacios. Hacer un electoralismo miserable, por tener miedo a proponer algo distinto o a perder un cargo, produce un entorpecimiento en el movimiento. Al no darse las discusiones, no hay efecto de cambio; sin cambio no hay renovación y sin renovación no hay una actualización de la doctrina.  

El peronismo tiene que asumir una lógica más rebelde. Que no haya miedo a la controversia, tanto en las redes sociales como en las unidades básicas; ya sean militantes de base o dirigentes. La virtualidad llevó a la política a perder cierta estructura. La lógica de que “para saber de cierto tema tenes que leer un libro” no existe más y esto es entender la idea de que hoy scrolleando podés ver cómo está la política argentina. Surge la necesidad de que las cosas tengan un impacto en el otro y puedan llamar la atención en una lógica de algoritmos. Poder captar la atención sin aburrir es parte del ejercicio que debe llevar a cabo una política que dejó de tener un discurso fresco.   

Para un pibe de 14 años que no milita en una “orga” el acercamiento a la política suele ser más difícil y la herramienta más cercana es una red social. Para ellos lo político es ineficiencia, malestar y burocracia. En los mejores años del kirchnerismo el concepto era sinónimo de transformación de la realidad, hoy se la ve cómo su antítesis. Sin disputar realmente esos espacios de poder y sin discursos que alimentan las expectativas de un futuro mejor, la formación de cuadros políticos jóvenes que asuman la toma de decisiones, será mucho más difícil.   

Recuperar la disruptividad, lo insubordinado, perder el miedo a debatir una idea que todos tenemos cómo verdad absoluta es parte de la tarea que el peronismo debe darse puertas adentro, para salir de este obstáculo en el que está atrapado desde noviembre de 2023. No alcanza con salir a militar. 

En estos tiempos, el mundo vive una transformación constante. Para ganarse a la juventud se deben articular prácticas políticas que modelen experiencias generacionales.   

En conclusión, yo creo que no existe una solución posible para este tema. Nadie sabe qué es lo que realmente hay que hacer para volver a tener legitimidad y convencimiento en el otro, esto es solo un acercamiento. A veces parece que cada uno de nosotros espera una respuesta o un comando de acción de alguno de nuestros dirigentes y ellos saben menos que nosotros que es lo que hay que hacer. Del 2023 hasta la actualidad se discuten nombres o si rinde más electoralmente (según consultoras políticas) determinado candidato. La política también se nutre de eso, pero no puede ser la única acción del movimiento más grande de occidente. Salir de este molde será un punto de inflexión del nuevo tiempo. 

La construcción de una representación política de las juventudes no es algo que tiene que venir dado por el “dedo de un dirigente”, tiene que ser conquistado. La juventud y su vínculo con las redes sociales son el sector más dinámico para persuadir a alguien, sin abocarse a una orgánica. Es hora de un trasvasamiento generacional real, donde las nuevas ideas, frescas y disruptivas, no solo se sumen al movimiento, sino que reemplacen a las viejas estructuras que ya no representan a nadie.    

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