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Nicolás Lantos: “Más que espiritual, yo diría que es el líder político del Peronismo del S.XXI”

 

 

Estado de Malestar es mucho más que un podcast y es mucho más que una excusa maravillosa para ir a buscar una entrevista con su creador. 

Nicolás Lantos respondió automaticamente que sí, que organicemos y nos tomábamos un café; preferentemente cerca de El Destape, medio en el que trabaja como periodista y dónde conduce su programa #ElPaseDeLaTarde. 

Es tal la profundidad de la propuesta que se nos agolpaban las preguntas a la hora de concretar el encuentro. El podcast “se sumerge en la crisis política, económica y social que atraviesa el mundo en 2025, caracterizado por el surgimiento de la extrema derecha” según se presenta Estado de malestar en el portal que dirige Roberto Navarro. 

Afortunadamente, y gracias a la humildad y generosidad de Lantos, la entrevista se convirtió  en una charla entre compañeros, que se encontraron con las mismas preocupaciones y la misma consciencia respecto a la necesidad de proponer y romper la inercia este tiempo que nos toca vivir.

Esperamos disfruten de leer esta entrevista tanto como disfrutamos nosotros en hacerla.

Si uno escucha de un tirón los cinco episodios de Estado de Malestar, parece que no hay salida a todo este bardo. Si esa es la conclusión ¿Qué hacemos?

“¿Qué hacemos?”. A ver, yo no quiero pararme sobre la idea de que no hay solución porque me parece inmovilizadora. Porque me parece inexacta, porque la historia siempre nos ha sorprendido mostrándonos que lo que parece en algún momento indiscutible; los paradigmas y demás, mientras duran parecen ser lo único posible hasta que aparece algo que los pone en cuestión y que los rompe. Y un poco creo que la Tarea pasa por ahí. No hay solución posible mientras sigamos con un manual de reglas de un juego que ya no se está jugando. No hay solución posible mientras tratemos de reconstruir algo que ya está más allá de la reconstrucción. Lo que no significa que no se pueda aprender, y mucho,  de esa experiencia a la hora de construir algo nuevo. Pero creo que el punto de partida es que no hay una solución parcial a esto. Lo que hay que hacer es cuestionarlo todo;   incluso algunas cuestiones muy arraigadas en nuestro propio sentido común. Porque solo de esa forma se va a poder hacer cambios de la profundidad que requiere esta situación.  Porque realmente es una situación grave, muy desventajosa para nosotros las personas, los laburantes, la humanidad. 

Estamos ante una situación en la cual parece que ya no queda esperanza, que no hay salida, que todos los recursos están agotados, donde las fuerzas adversarias parecen más grandes que nunca. Porque el capital está en su punto de mayor concentración, en una época con una tecnología que también es inédita, etcétera, etcétera. Pero, y acá empiezo quizás a meterme en un terreno que no exploré todavía en el podcast. Hasta el momento,  estrené cinco episodios, estoy escribiendo el sexto y tengo catorce en la cabeza. Obviamente hay que extenderse en la parte diagnóstica para después poder pasar a lo propositivo, pero uno empieza pensando que está la democracia en peligro y a medida que empieza a investigar y a escarbar, se da cuenta de que lo que está en peligro es mucho  más que la democracia. Está en peligro la idea misma de que hay algo digno en la vida humana, de que somos todos iguales o de que incluso vale la pena conservar a la humanidad como especie, al planeta Tierra como planeta. 

Esos peligros, por su tamaño y capacidad de daño irreversible, ¿tienen algo enfrente que funcione como oposición real y alternativa a la hora de disputar el sentido del futuro?

Me parece importante entender que el proyecto que se oponga a eso tiene que ser un proyecto profundamente humano; en el centro tiene que estar la humanidad. Y una de las cosas más humanas que tenemos es contarnos historias; desde que estábamos alrededor del fuego. Y las historias, más allá de que cambiaron los métodos y hoy hay películas, hay series, videojuegos, podcast, hay realidad virtual… pero la historia es siempre más o menos la misma. La estructura narrativa ha sido siempre más o menos la misma. Y pareciera que hay algo que nos queremos transmitir los humanos de generación en generación que va más allá de los detalles de cada historia y que está intrínseco en el medio —el medio es el mensaje como decía (Marshall) McLuhan—. Y si hay algo en lo que coincidieron todas esas historias que nos contamos las personas hace miles de años o que ahora nos encerramos en lugares con pantallas gigantes a ver y demás, es que justo en ese momento donde el adversario parece más fuerte que nunca, cuando no queda ninguna esperanza, cuando todo parece a punto de derrumbarse, es donde aparece esa luz de la cual nace el tercer acto; nace la revolución, nace el triunfo, nace ese final del camino del héroe o como lo quieras llamar. 

Pareciera que los seres humanos que hemos pasado por situaciones muy adversas, encerrados en cuevas esperando que no sé, pase lo que sea que esté pasando afuera que nos mata sin que entendamos bien por qué. Nos hemos esforzado por transmitir durante miles de años de generación en generación la idea de que no hay que darse por vencido, de que siempre, uno se puede reponer ante la peor de las adversidades. Y me parece que esa es una lección de la que hay que partir en este momento. Siempre uno se puede reponer de la peor de las adversidades y esta actualidad no tiene por qué ser una excepción. Hasta ahora lo pudimos hacer, por algo estamos acá. Entonces, para redondear y volver a tu primera pregunta: sí hay una solución. Quizás no es evidente. Quizás empezar a verla implica asumir que estamos peor de lo que creemos que estamos, porque un poco lo que hace el podcast es tratar de desnormalizar cosas que están muy normalizadas, casi incluso como un mecanismo de negación psicológica. Y asumir lo mal que están las cosas, como punto de partida, para empezar a discutir cómo solucionarlas. Porque la otra alternativa es seguir en la trinchera tratando de retroceder lo menos posible.  En el mejor de los casos, intentar postergar por unos años el desenlace, pero no nos va a sacar del pozo. Así que sí, hay una solución y creo que no hay ninguna tarea más importante para estas generaciones que nos toca transitar esta época de la Tierra que  encontrarla y hacer lo posible por llevarla adelante porque está en juego todo. 

Hay dos cosas de las que mencionás con las que me quedo: una tiene que ver con la  valoración de la narrativa, que vos lo acabás de plantear desde una perspectiva  positiva, pero que como casi todo lo que ocurre en la actualidad, prevalecen las deformaciones. En este gran quilombo general; la geopolítica, la guerra, las tensiones comerciales, el mundo pospandemia, (que tampoco nos hemos dado mucho el rato para hacer un balance de qué es lo que significó eso en términos de humanidad), con una capa extra encima y posterior como es la revolución de la comunicación cruzada con la inteligencia artificial naciente, etc. En ese escenario, está Argentina con sus particularidades en esta etapa, está la clase trabajadora y una experiencia que podría decirse que hasta aquí pudo representar a alguna porción social, que es el peronismo. Un peronismo totalmente desdibujado, en blanco y negro en un mundo que ya está en (resolución) 8K. ¿Tenés algún diagnóstico sobre el peronismo en este momento del mundo?

A los argentinos nos encanta ser excepcionales, ¿no? Y así como hay una idea de una excepcionalidad argentina que a mi entender ha sido perjudicial quizás, porque creés que ciertas reglas no aplican y eso te lleva a tomar malas decisiones porque las reglas terminan siendo las mismas para todos; nos guste o no. Si no nos gustan está bien tratar de cambiarlas, pero mientras están y aplican, aplican. De la misma forma, está la idea de la excepcionalidad del peronismo. 

El peronismo fue la expresión argentina de algo que tuvo réplicas o que en ese momento estaba pasando en Brasil, en Egipto, en Turquía, en Irán, en México años antes, años después. Era una representación de la adaptación del sistema político a una época más democrática donde los trabajadores reclamaban mayor participación tanto en la distribución del dinero como en la distribución del poder (porque esto es clave: cuando distribuís guita distribuís poder). Por eso también es que en algún momento el sistema quiso terminar con el Estado de bienestar (“Che, funcionaba todo más o menos bien, ¿por qué lo rompieron?”), porque no se bancaban compartir poder. 

También es cierto que el peronismo tiene particularidades como las tienen otros procesos. Y yo creo que algunas de las particularidades del peronismo pueden darnos elementos muy valiosos para discutir hacia adelante hacia dónde vamos y qué queremos hacer. Creo que el concepto de justicia social es uno. Lo dice el propio Milei, el propio Trump, que lo opuesto a lo que ellos piensan es la justicia social. La idea de la defensa de la justicia social y todo lo que irradia de ello, es algo que el peronismo le puede aportar a un movimiento mucho más amplio que solo en la Argentina. 

Hay algunas cuestiones de la Constitución del 49 que tienen una actualidad extraordinaria y que se deberían poder incorporar a la discusión. Y hay un concepto en particular que creo que es clave y que el peronismo puede aportar a esta discusión que es la idea de que para el peronismo hay solo una clase de personas, las que trabajan. Porque en este divide y vencerás que hace el capital con las personas, está todavía esa idea de que hay una adversariedad de intereses entre la clase baja y la clase media; o incluso entre el laburante y el dueño de la pyme; y eso es algo que el peronismo siempre entendió que no era por ahí. Que un laburante es un laburante, labure en relación de dependencia o esté 12 horas en su propia empresa en la que tiene quizás 5 o 10 empleados; si está laburando a la par del resto, es un laburante. Y el que no llega, el que no tiene ni siquiera ese laburo, el que está abajo del puente, es un laburante al cual el sistema no le está dando las herramientas para laburar. Que no está ejerciendo porque no lo dejan ejercer, no porque sea vago, no. Hoy el sistema le dice “vos estás afuera”, pero en realidad los intereses de todos esos individuos son los mismos. Si le va bien a uno le va a ir bien a todos ahí. Hay un círculo que se retroalimenta virtuosamente. El problema está fuera de ese círculo que es el que absorbe y absorbe capital sin frenos. 

Entonces, me parece que hay que empezar a pensar en alianzas más amplias. Alianzas que incluyan a parte del empresariado bajo la conducción, obviamente, del pueblo; por eso hay que recuperar la democracia. Pero ya no pensado como una cuestión de pobres contra ricos, de informales contra formales, no. En todo caso, será contra aquellos que con sus actos agreden la posibilidad de esas personas de vivir dignamente. En esas nociones de alianza de clases, de justicia social, de función social de la propiedad el peronismo aporta sustancia a los debates globales actuales. Hay que discutir hasta la idea de propiedad privada. En realidad, discutir quién defiende la propiedad privada. Hoy cuando te dicen “no, la derecha defiende la propiedad privada y todos los otros son zurditos comunistas que están en contra de la propiedad privada”… Mira, si tenés de un lado a alguien que dice “está bien que una sola persona tenga 700 mil millones de dólares u 800 mil millones de dólares”… Si el costo de eso es que ¿cuántos? ¿10, 20, 50 millones de personas en el planeta no sean dueños de su propia casa?; es decir, no puedan ejercer su derecho a la propiedad privada, ¿quién está más a favor de la propiedad privada?¿El que banque a Elon Musk o el que querría que haya 10 millones de personas más en todo el planeta que puedan decir “tengo mi casa”?. 

Esos valores como la libertad, que ellos se apropiaron, me parece que hay que discutirlos. Y el peronismo tiene argumentos para discutir esos valores. El peronismo nunca estuvo en contra de la propiedad privada. ¿Por qué? Porque cree que es una herramienta para que la sociedad esté mejor. No es un fin en sí mismo. El peronismo nunca estuvo en contra de la libertad; de hecho, es un elemento constitutivo de la soberanía. 

Esta idea de plantear la justicia social como una aberración, en palabras    determinantes del presidente; pornográficamente explícitas como nunca antes, obliga a que haya un ellos y un nosotros, inevitablemente.

Al mismo tiempo, y tomando lo que decís de la derecha pro propiedad privada vs. el resto del mundo, pienso en qué izquierda y derecha no son suficientes para darle marco de análisis a esas tensiones. Cuando algunos analistas hablan de la ultra ultra ultra derecha, pareciera que fuera un segmento infinito que va no sé hasta dónde y después para el otro lado y te tenés que tomar un carrito para ir a ver los extremos de la ideología. No creo que sea un segmento lineal esta cuestión. Me parece que se tridimensionaliza el escenario y además de el eje horizontal de izquierda y derecha también hay un arriba y un abajo, y hay un adentro y un afuera. Si me seguís en este razonamiento te pregunto: ¿Por qué los de abajo y afuera compraron la idea de los de arriba de adentro?

Ahí hay varias cuestiones que tienen que ver con cosas que no se hicieron desde este lado o que se hicieron mal. Otras que tienen que ver con estas ingenierías que existen ahora respecto de la opinión pública. Yo le digo fracking social: tradicionalmente; encontrabas el piletón de petróleo, ponías la pajita, sacabas el petróleo. En el método de fracking; se rompe el terreno para juntar lo que estaba disperso en caudales menos rentables; romper y extraer, romper y extraer… Bueno, todo estos asuntos de los ingenieros del caos es eso: romper a la sociedad y extraer; extraer furia, extraer votos… 

Pero de todas esas explicaciones me parece que hay dos que son las más interesantes  para abordar. Una es que el mundo que relata esta ultra derecha, decile como quieras, se parece más al mundo que experimenta la gente que el mundo que relatamos o describimos desde este lado. Hablamos de derechos; “che no vas a poder tomarte las vacaciones de corrido, ¿qué vacaciones?”. Y no es que haya que dejar de luchar por las vacaciones, pero para ganar esas luchas tenemos que incluir a todos. Si no estás luchando por algo que hoy en la práctica es un privilegio. ¿Es un derecho? Sí. ¿Y es un privilegio? También. No es contradictorio eso. Ellos te dicen “esto es la ley de la selva”, pero “si estás conmigo vas a estar del lado de los leones y no de las gacelas”; entonces, la gente dice “yo quiero ser león, no gacela”. Del otro lado te dicen “no, acá los leones y las gacelas nos agarramos de la mano, bailamos, cantamos”. No. Yo sé que si yo soy gacela me van a pegar un tarascón,   entonces prefiero no ser gacela. Me parece que en algún punto es importante cambiar la narrativa que tenemos. Reconocer que hay algo que está roto, que se rompió y que no lo vamos a arreglar, no va a volver a ser como antes. Entonces hay que pensar en algo nuevo hacia adelante.

A veces, uso el siguiente ejemplo: si estás en una peli de zombies y está todo en ruinas, todo… vos vas al lobby de un edificio en ruinas y podés estar 10 horas apretando el botoncito del ascensor… O empezás a subir por las escaleras o empezás a trepar por la pared, pero si querés subir no va a ser por el ascensor. Bueno, nosotros seguimos haciendo campaña de ascensor. 

Y lo segundo es: hay algo muy interesante que dice Rodrigo Nunes, que es un filósofo brasileño (yo lo recomendé y cité varias veces en el podcast porque tiene un libro muy cortito, brillante, que se llama *Bolsonarismo y la extrema derecha global*, que acá lo editó Tinta Limón Ediciones, y además creo que se puede bajar gratis en la página de ellos, así que está muy bueno para leerlo). Vos decías recién dos dimensiones, tres dimensiones… Básicamente lo que él dice es, desde una dimensión izquierda-derecha o de una dimensión moderación-radicalización; eso a veces te deja medio en una trampa porque la radicalización muchas veces te termina aislando, pero a la vez la moderación no tiene ningún tipo de potencia para solucionar la situación actual. Alguien que dice “voy a quemar todo, voy a romper todo”, eso te muestra un enemigo en común: te dice la culpa es del vago, la culpa es del corrupto, la culpa es de la casta. Entonces vos terminás votando a cualquiera que te prometa que va a estar en contra de ese enemigo común. 

Nunes lo que dice es que hay que radicalizarse, pero no en un sentido identitario de decir “este soy yo y todo el que se mueva un poquitito de lo que soy yo está mal”, porque eso es parte de la trampa. Tampoco defender el status quo. No, no. Sino decir “bueno, desde el lugar en el que estoy ahora, ¿cuál es el paso más radical que puedo dar en las actuales condiciones políticas con éxito para pararme ya desde un lugar mejor y volver a levantar la vista y decir cuál es el siguiente paso que puedo dar? Y eso implica pensar siempre. Él dice que la política es calcular mediaciones. La política transformadora es tensar esos cálculos. Si el cálculo te da 0,8 vamos por el 0,9. Pero a ganarlo, no a decir “no dan las correlaciones de fuerza”. Tampoco a decir “nosotros queremos 17.000” como el trotskismo. Eso es testimonio; la política tiene que plantearse transformar la realidad y transformarla radicalmente. Es urgente hacerlo, pero hay que hacerlo paso a paso y siempre en términos de que se puedan construir apoyos mayoritarios, que eso es lo que nos está faltando ahora. 

Hay una cuestión, a partir de cosas que venías diciendo en relación a  que la salida va a terminar resultando desde la propia humanidad, de la recuperación de la humanidad y la justicia social como un valor inclaudicable. Y ahí, entra un poco el otro eje de lo que queríamos conversar. El 21 de abril se cumple un año de la muerte de Francisco. Yo no tengo una formación religiosa, pero en términos de pensar este caos,  cualquier fueguito que arrime un poco de cercanía con ese sentido de humanidad más primario me parece que tiene un valor más allá de lo que yo crea. Entonces ahí  digo: así como se define muy claramente la perspectiva del adversario, para ser generoso, cuando dice que la justicia social es una aberración, también se cristaliza muy claramente que de este lado el papa Francisco fue quizás uno de los divulgadores de humanidad que más capacidad de alcance tuvo, ¿no? Incluso por ahí más en términos de la resonancia. Nosotros planteamos en el primer número de DE FRENTE, que sacamos al mes pasado en la nota de tapa que se titula “Volver a producir política“, como si fuéramos un poco nerds de ingeniería es que lo que hace falta es armar un nuevo sistema de producción política. El sistema de producción política que nosotros pensamos consta de tres partes: la sustancia política, la narrativa de futuro y la resonancia digital. Como tres perlas que la militancia organizada debe cruzar para convertirlas en collar, como los dedos se convierten en puño, etcétera. Desde esa idea de volver a producir política y Francisco como el mayor divulgador de la idea de justicia social como eje fundamental del futuro de la humanidad; lo pensamos como un líder espiritual en clave de futuro o alguien que marca un camino, una brújula de hacia dónde debemos ir. ¿Qué te resuena de esto que te digo respecto al Papa Francisco?

Yo diría más político que espiritual. O sea, espiritual obviamente para aquellos que se sienten representados, pero es un mensaje profundamente político el de Francisco, porque no se limitaba simplemente a hablar de los valores de la justicia social sino que le daba en palabra y en acto una sustancia a eso. Pero diría más… creo que todavía falta leerlo un poco más y hasta un poco más literalmente. Creo que uno de los errores que tenemos políticamente y que nos llevaron a este mundo es que no le prestamos atención a nuestros adversarios. Porque decimos “son fachos, son tontos, los manipulan”, entonces no nos interesa entender en qué creen, cómo piensan y demás. Y ese es un grave error. Sobre todo porque hay cosas muy interesantes cuando uno lee lo que piensan y lo que creen estos ultra ricos, que son los que hoy toman buena parte de las decisiones sobre nuestras vidas porque además controlan los algoritmos. 

Cuando uno lee a Peter Thiel, es el dueño de Palantir pero además un tipo que escribió ensayos sobre teoría política, filosofía política y demás… Cuando uno lee a Nick Land, que es uno de los intelectuales orgánicos de lo que ellos llaman el neorreaccionarismo, pero que es el sustento teórico de la oligarquía de Silicon Valley; gente que plantea que la libertad y la democracia son incompatibles y ese tipo de cosas tan lindas (sic). Lo que están planteando es que el mundo tal como lo conocimos hasta ahora y la historia de la humanidad como la conocimos hasta ahora fue parte de un proceso preliminar, la última parte de un proceso preliminar, el paso previo a una etapa superior representada en la inteligencia artificial como entidad que puede ir mucho más allá que lo que alcanzó la humanidad. Lo cual, es una especulación que tiene cierto sustento, muchos lo discuten pero que ponele que hasta sea cierta. El tema es que lo ven como algo bueno. Nick Land, este filósofo, escribió en los noventa, un libro donde básicamente lo que dice es que el capitalismo es una idea que viajó en el tiempo desde nuestro futuro a nuestro pasado, que fue injertada en nuestro pasado como semilla que produjo una espiral de acumulación de capital y avance de la tecnología —más tecnología permite producir más capital que permite más tecnología y así— que lleve a la construcción de esa misma inteligencia artificial. Medio Terminator, pero es algo que escribió un filósofo que hoy es muy influyente en Silicon Valley. Y lo compara, también Land, al capital con los monstruos y las criaturas de la mitología de Lovecraft, que son criaturas de otra dimensión que encuentran brechas para meterse en nuestra dimensión y parasitarla. Pero es curioso porque todos los protagonistas humanos de los cuentos de Lovecraft en general terminan locos o se suicidan, ¿por qué? Porque la exposición a estas criaturas los enloquece y terminan hasta trabajando para ellos. Los humanos se vuelven herramientas. Pero terminan diciendo “bueno lo que hay que hacer es acelerar. Tenemos que pasar la etapa humana ir hacia una etapa poshumana”. Cuando en realidad lo que debería decir es: NO.  

Entonces hay que escucharlos, hay que leerlos, hay que entender esta cuestión del capital como un ente externo. Y hay que volver a pensar en las denuncias de Francisco sobre el “Dios Dinero”, porque es una definición muy precisa de cómo piensa hoy este sector político, esta nueva casta de los ultra ricos. Uno lee a (Friedrich) Hayek y lo que dice es “la economía es un sistema que nosotros no podemos entender, que nosotros no podemos describir, que nosotros no podemos manipular pero que es perfecto”. Y el rol de los estados tiene que ser dejar que la economía funcione libremente para que esa armonía perfecta termine de… es una visión religiosa, es una visión absolutamente religiosa. Por eso, la amenaza ya no es a la democracia sino a la idea iluminista si querés del ser humano como centro de las decisiones del poder político. Ese salto que se da después de la Revolución Francesa. Bueno, “el origen del poder ya no es la divinidad, sino que lo tenemos las personas…” ¿Qué personas? Bueno, algunos dicen los que tenían acumulación, los que eran dueños, otros dicen todos los varones, los varones blancos… Y eso se fue ampliando gracias a muchas luchas, hasta que cada vez fuimos más personas. Bueno, el punto máximo de eso fue lo que se conoce como Estado de Bienestar: dos, tres décadas en las cuales la mayor cantidad de personas tuvo una mayor cantidad de poder desde una mayor  participación en el capital. Modesta, porque nunca dejó de haber grandes poderes. Pero a partir de mediados de la década del 70, de los 80 viene una contrarrevolución a eso, que es el capital diciendo “no, no, quiero volver a recuperar el poder”. Y lo que se plantea es reemplazar la vieja idea de un Dios que elegía a un emperador o un rey que tenía plenas  facultades y virtudes, por la idea de una economía, un sistema que nadie puede ver, que nadie puede entender, pero que determina que un CEO es capaz de decidir todo y que no tiene que haber elecciones, no tiene que haber Congreso… Eso es básicamente lo que creen los oligarcas de Silicon Valley. Las denuncias de Francisco sobre el Dios Dinero creo que hacen foco muy quirúrgico en eso, en esa concepción del capitalismo no ya como el garante de la democracia —que fue el relato que tuvieron durante los últimos 70 u 80 años, lo único que garantiza democracia es el capitalismo si es comunista no es democracia— sino ya todo lo contrario: como algo que necesita desprenderse de la democracia para poder seguir evolucionando. 

Una cosa más que tiene que ver con la inteligencia artificial, a la que yo entiendo como infraestructura más que como herramienta. Infraestructura en la que, cualquier tipo de dispositivo atravesado por una red neuronal algorítmica estará en función del desarrollo humano siempre y cuando sea entendido como una cadena de herramientas para el procesamiento de información, que no es lo mismo que procesamiento de datos. Los datos son los ceros y los unos con los que calculan los sistemas algorítmicos, la información es lo que el ser humano extrae de ese procesamiento de datos para la toma de decisiones políticas y concretas que afectan la vida de la humanidad. Mayores volúmenes de información se pueden procesar mayores son las certezas de la efectividad de esa toma de decisiones políticas. Por eso cuando escuchaba “Estado de Malestar” —por suerte vamos por menos de la mitad publicada del podcast recién— la conclusión final era “no hay salida”, no hay ninguna alternativa. ¿Por qué? Porque ese proceso de aceleración que aporta la IA como procesadores de información aumenta la brecha de desigualdad exponencialmente. Porque quienes tengan mayor capacidad en el uso de esos procesadores de información van a tener mayores oportunidades de obtener algún tipo de rédito que quienes no lo tienen y solo son consumidores. Entonces, entra en discusión la idea de democracia, el trabajo, la educación… ¿Para qué estamos educando a los pibes? Hoy en día los programas escolares están armados con estructuras y conceptos que se pensaron durante el siglo XIX, que se deformaron en el siglo XX para que los pibes vayan a buscar laburo en el siglo XXI. O sea, es casi una condena el sistema educativo en su estado actual. En ese escenario vuelvo a la cuestión de Francisco que también la vió con esta cuestión. Él hablaba de cuatro pilares; la realidad es superior a la idea, el todo es superior a la parte, la unidad es superior al conflicto y el tiempo es superior al espacio.  Desde esa base filosófica para el desarrollo, la inteligencia artificial y la digitalidad hacen un descalabro terrible. Porque deja de existir el tiempo porque se acelera, el espacio se vuelve relativo… ¿Hay margen para para poder pensar en clave de igualdad o de desarrollo social frente a esta vorágine tecnológica?

El asunto de la educación sin duda, sin ninguna duda. ¿Cómo se resuelve? No lo sé, habrá que ver, hay que preguntarle a los maestros para empezar, que es algo que no suelen hacer los políticos cuando piensan políticas educativas. Pero más allá de eso, creo que hay una cuestión más grande: que es que hay que pensar qué mecanismos se pueden implementar para democratizar el ámbito algorítmico, que hoy es propiedad de cinco tipos. Porque mientras no tengamos otra manera de controlar eso, hay un montón de problemas que no vamos a poder ni empezar a pensarle una solución. Hay problemas que van desde algo tan básico como la supervivencia de la humanidad ¿no? Ya sabemos que la inteligencia artificial es potencialmente una tecnología disruptiva a niveles existenciales. Es decir que puede terminar con una catástrofe que cueste miles de millones de vidas, etcétera, etcétera, ¿qué otra tecnología con esa capacidad de riesgo existencial conocemos? Una sola: la tecnología nuclear. ¿Vos te imaginás dónde estaríamos ahora si se hubiera manejado en las décadas  del 40, 50, 60 la tecnología nuclear como se está manejando la IA? Hubiéramos volado por el aire. Si en vez de haber estados detrás de esa carrera nuclear, que ya fue bastante peligrosa de por sí, hubiera habido corporaciones que lo único que buscan era maximizar ganancias… ¿sabés la cantidad de bombas que nos hubieran tirado?. 

Y así como te digo eso también te digo, por otro lado: está la idea de la renta universal, que  está muy asociada hoy en día a salidas por derecha; neoliberales, esta idea de “bueno te damos una guita y no rompas las bolas”; guita de subsistencia. Por eso no lo quiero pensar desde ese lado. Pero sí creo que las empresas de inteligencia artificial deberían pagarles a las personas por los datos que producen y no al revés. 

¡Sí señor, ahí hay un fotograma clave

Entonces si querés, no lo pienses como una renta básica universal, pensalo como un derecho de uso de tus datos, no sé, decilo como quieras. Para que pueda existir la idea de soberanía, la noción misma de soberanía en época de inteligencia artificial hay que resolver cosas. ¿Son cosas que se pueden resolver desde un país? No. Menos desde un país como Argentina. Y con esto termino: vos me preguntabas por los aportes del peronismo y me olvidé de uno que quizás sea el más importante para mí para mirar hacia adelante. Así como derecha-izquierda ya no explican todo lo que está pasando, vos planteabas arriba-abajo, adentro-afuera, periferia-centro. Hay una idea que está muy extendida ahora y que para mí es una trampa: “esta es una discusión entre nacionalistas y globalistas”. Cuando en realidad el neoliberalismo globalista sirvió a determinados intereses durante un tiempo, tanto en su etapa neoconservadora, después neoprogresista si querés con Obama y demás. Pero cuando dejó de servir, esos mismos intereses empezaron a financiar, a apostar y a hacer crecer lo que llamamos la ultraderecha que sería este supuesto nacionalismo que defienden los que dicen “no, hay que alinearse con Trump porque está en contra de los globalistas, de la ONU, de la OMS…”. Y la verdad es que es una falsa dicotomía esa. Elon Musk ganaba guita con Obama y gana guita ahora. Todo el ecosistema de Silicon Valley creció y fue parte de eso y son los que tomaron el poder con Trump y acá con Milei y con Macri, y con Cristina también. Porque hubo cosas que no se cuestionaron en ese momento… Tampoco sé si yo lo hubiera cuestionado en su momento, no es una crítica es una observación. O sea, el globalismo antisoberanía es el Fondo Monetario, no es la Agenda 2030 que es una boludez grande como una casa. Este fascismo neoliberal disfrazado de nacionalismo, en realidad sirve a los grandes capitales. Entonces, ¿cómo se sale de esa dicotomía?. Así como el peronismo en su momento planteó que había que establecer una tercera posición entre el liberalismo individualista y el socialismo colectivista y decía “esa tercera posición es la comunidad organizada” —esto es individuos realizándose en comunidad— yo creo que hoy hay que encontrar una salida o una tercera vía entre el globalismo y el nacionalismo. ¿Y cuál es esa tercera vía? Bueno, una comunidad organizada de naciones. Una comunidad organizada de naciones: países con intereses complementarios o en común que se unen libremente y soberanamente (sin resignar esa soberanía) para alcanzar juntos esos intereses. Que es algo que por ejemplo aplica al BRICS, que se discute que no es ni una alianza militar, no es un mercado común, no es nada… No, sí es algo: es una comunidad organizada de naciones que incluso a veces se pelean entre ellas, pero decidieron que la mejor manera de resolver sus problemas es teniendo un lugar donde levantar el teléfono y charlar todos, organizarse. Y te voy a dar un ejemplo más de comunidad organizada de naciones y de los efectos que tuvo: UNASUR fue una comunidad organizada de naciones que funcionó muy bien. Detuvo una guerra entre Colombia y Venezuela, evitó un golpe de Estado en Bolivia, evitó un golpe de Estado en Ecuador. Cuando detonaron UNASUR fue que pudieron empezar a tener éxito los golpes de Estado de la derecha en América Latina. No pararon: en la década del 2000 trataron de voltear a (Hugo) Chávez dos veces, a Evo (Morales) dos veces en el 2010, a (Rafael) Correa, (Manuel) Zelaya en Honduras… bueno, ¿cuándo empiezan a tener éxito esos golpes de Estado? Cuando la UNASUR deja de existir. Es decir, la idea de comunidad organizada de naciones quizás no con esas palabras, pero está en en las raíces históricas más inmediatas que tenemos que fue la primera década de este siglo en América Latina.  Es una experiencia de la cual hay mucho para recuperar. Pero hay que profundizarla, hay que radicalizarla en el sentido que (Rodrigo) Nunes decía de radicalizarla. Hay que pensar comunidades de naciones para este mundo nuevo que vivimos ahora que nos sorprende todos los días; que abrimos el diario y vemos que Irán se pudo bancar un mes a Estados Unidos. En este momento el manual de reglas de juego que teníamos antes ya no sirve y si jugás con ese manual de reglas de juego vas a terminar quejándote de que te hacen goles con la mano… el manual nuevo todavía no está escrito. Y esa es la oportunidad que tenemos. 

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