A veces, muchas veces, es trascendental para el buen desarrollo de los hechos que vendrán, tener herramientas y momentos de reflexión profunda para intentar confirmar por todos los medios, que las decisiones polìticas y las prácticas definidas tienen coherencia y complemento con la historia que hizo al peronismo el Movimiento de trabajadores más grande de la historia de occidente. Si bien, hay muchos peronistas capaces de teorizar sobre esquemas particulares y conceptos específicos en relación a este fenómeno, la lista se acorta notoriamente cuando además de esas capacidades, un cuadro político tiene la experiencia material de haber militado la calle, desde el barro; Marcelo Koenig es uno de esos compañeros. Docente universitario, diputado nacional (mandato cumplido), fundador y dirigente de Descamisados, autor de una gran cantidad de libros indispensables para la formación política de las bases, y sobre todas las cosas, un tipo apasionado por la discusión y la construcción política desde y para el peronismo.
Tuvimos la inmensa alegría de sentarnos a tomar un café con él y a continuación, compartimos gran parte de esa charla. Marcelo es un Cuadro político, un formador de Cuadros; un compañero generoso en su sabiduría y sobre todas las cosas, un valioso y gran amigo.
¿Tiene sentido seguir explicando al peronismo con metáforas?
Te iba a decir exactamente eso. Mientras escuchaba esa lectura de tan conocida cita de Perón que habla del pueblo como el agua, pensaba lo potente que es explicar el peronismo con metáforas. Esta idea de Perón de simplificar y al mismo tiempo complejizar que es el peronismo; que es el pueblo, una lógica, una dinámica; es una manera de que cualquiera pueda comprender y al mismo tiempo tenga distintos niveles de lectura. Esta metáfora con el agua es muy clara. La idea sobre las fuerzas del poder, las fuerzas de la dominación intentando contener y el pueblo siempre logrando pasar. Quizás sea difícil encontrar cómo explicarlo sin hacer uso del recurso de la metáfora del agua.
En el otro extremo del aluvión, la masa incontrolable, líquida y exprimiendo la metáfora, está la rosca que aplica tanto a la política como a la plomería. La rosca es un dispositivo que sirve para juntar una cosa con otra cosa ¿Para qué sirve ese otro extremo de la metáfora?
Para juntar cosas que no necesariamente son iguales y que sirve para contener el agua también. Capaz la rosca también sirve para otras cosas; contenciones de gas, otras cosas. Pero centralmente en todos los casos, sirve para contener. Es un mecanismo a través del cual vos tenés, lo que vos querés, tiene que entrar en un esquema anterior; por eso el peronismo rechaza la idea de la ideología. Porque la ideología es contención. Es una idea que tiene que formatear la realidad, por eso el peronismo elige la palabra doctrina, que es una palabra de origen militar que significa la justificación de la acción. Y entonces, no solamente entra ahí la metáfora de la guerra para explicar la política desde el antagonismo. La política no es somos todos adversarios y algunos vamos de la mano. Hay adversarios con los que uno puede tener disputa de matices y hay enemigos con los cuales uno tiene proyectos antagónicos. Yo no creo que los que hoy nos gobiernan sean nuestros adversarios en el marco de la democracia. Los tipos están destruyendo la Argentina, son nuestros enemigos. Y por eso el tema de la contención es un tema antiperonista. Esto que decía Perón. Aunque intenten meter todo adentro de la rosca, aunque intenten meter todo adentro de cañitos, diques o lo que fuera que intenten contener, el pueblo siempre pasa.
Pero también hay otras cosas del peronismo y el agua que a mí me parecen metáforas interesantes y quizás algunas, incluso no fueron formuladas por el propio Perón, ¿no?. El tema del cruce del Riachuelo como fundacional del peronismo, ahí también interviene el agua y no es cualquier agua. Primero es claramente un límite entre la ciudad eurocéntrica, la ciudad blanca, la ciudad que se quiere parecer a lo que no es, ¿no?. Y por el otro lado, ese conurbano que venía creciendo, que venía desarrollándose. El cruce de ese límite, el animarse a cruzar es parte de esa ruptura que significa el peronismo y por eso el peronismo lo elige como su partida de nacimiento. Podría haber elegido otras cosas, podría haber elegido el 24 de febrero del ‘46 que fue la fecha en que ganó su primera elección. Podría haber elegido, quizás para los más rancios del peronismo, se podría haber elegido el 4 de junio del ‘43, cuando Perón empieza a tener algún nivel de protagonismo a partir del golpe de Estado; pero no, elige el 17 de octubre. El pueblo irrumpiendo, cruzando los límites, adueñándose de la Plaza. Me parece que en ese cruce hay una cosa importante y es un cruce de agua y no de cualquier agua. Más allá de que en la memoria nos queda que se levantaron los puentes y que nosotros tenemos una mirada del Riachuelo como algo incruzable a nado por lo menos, no es cualquier río. Es un río sucio, es un río con manchas de grasa, con manchas de aceite.
Pensemos en una Argentina que estaba en un proceso de industrialización por sustitución de importaciones y que muchas de esas industrias; curtiembres, químicas, frigoríficos, lo que sea que estaba a la vera de ese río; eran parte de la Argentina nueva, pero que eliminaba sus desechos en ese río. Y ahí se combina con la otra parte que es purificadora, donde entra también el agua, que es las patas en la fuente. Las patas del pueblo en la fuente del privilegio de la oligarquía vende patria. Eso también es un símbolo del agua, brutal. Me parece que todas esas cosas también se relacionan y que entender al peronismo con metáfora no es complicarlo, sino muchas veces simplificarlo. Hacerlo comprensible a todo el mundo. Porque las metáforas, los mitos, llegan a la experiencia del hombre y la mujer de a pie para comprender y relacionarse con una cosa quizás más abstracta, profunda.
Si vos decís la irrupción de la clase trabajadora en el poder, estás hablando de una abstracción. Si vos decís el cruce del Riachuelo para rescatar a Perón, es mucho más concreto, es mucho más visible que eso implica una ruptura.
En este mismo ciclo de entrevista, el Gallego Fernández nos trajo, en este mismo momento de la conversación, una imagen que a lo mejor no la habíamos agregado a la lista de comprobaciones de la relación metafórica entre el peronismo y el agua. Y es en el ‘72, el cruce del río Matanza.
Claro, ahí hay otro límite, otro río. Y ya no es el río de la industrialización sino es la contención de las fuerzas militares que como un dique, tratan de evitar que el pueblo se reúna con Perón y la gente que lo sobrepasa otra vez, cruzando límites que ponían en riesgo su propia vida. En las autopistas o las rutas de acceso a Ezeiza, había nidos de ametralladoras, fuerzas represivas.
Hay una imagen que me parece maravillosa de esa situación y creo que la contó (Juan Carlos) Dante Gullo, o por lo menos fue uno a los que se la escuché contar. Cuenta que, en un momento de máxima tensión entre las fuerzas que querían contener y las fuerzas que querían avanzar para encontrarse con Perón, un pibe sube a una colina enfrente de donde estaban los milicos, que lo podrían haber volteado, y empieza a agitar una bandera argentina. Eso como que los quiebra a los que estaban en ese piquete particularmente y empiezan a bajar las armas. El oficial a cargo los puteaba, pero los tipos bajaron las armas y por ahí pasaron un montón de Compañeros hasta que pudieron restablecer el piquete. Esto también nos habla del agua, ¿no?; de esa fuerza irrefrenable que aun poniendo en riesgo su propia vida, era capaz de decir, nosotros vamos a llegar a donde queremos llegar. Me parece que la fuerza que le da esa metáfora del pueblo como el agua es una fuerza donde no hay límite que nos pueda contener. La misma de la canción sobre que no nos han vencido. Nos pueden hacer de todo; matarnos, proscribirnos, fusilarnos, desaparecernos, pero no nos van a vencer. Eso se explica así de simple, como el agua.
Otra dimensión de la misma metáfora tiene relación con los agentes contaminantes. Cómo el agua pura en la fuente, se llena de patas de negros y cabecitas que llegaban con calor a contaminarla. Hay muchas otras instancias que nutren esta metáfora: los balnearios populares; los sindicatos copando Mar del Plata y que los cogotudos se tengan que trasladar a Punta del Este para no estar con el factor contaminante. O las piletas sindicales, la pileta de Milagro Sala en el Alto Comedero… Hay un montón de instancias en relación a la contaminación. Entonces pienso sobre cierta tensión con la pureza o la blancura que parece debe ser presentada de cara a la sociedad. Para generalizar y discutir, podría decir que la parte progresista del campo popular prefiere moverse por los lugares donde da la luz, donde el agua es más cristalina. Los pliegues, las partes donde habita la mugre podría resultarle un poco incómoda. ¿Qué te parece que ocurre en esa tensión entre la pureza y la contaminación?
Mirá, por un lado está la primera incomodidad que no es de ese progresismo, que no existía en aquellos momento. Por otra parte, hay unos pasajes extraordinarios del libro de (Daniel) Santoro sobre la severidad y la misericordia, que cuenta precisamente la incomodidad que le dio a la oligarquía que su balneario, su lugar en el mundo que era Mar del Plata se llenara de negros, se llenara de gente que ahora podía ir a veranear, que tenía su departamentito. Como tenía mi abuelo: un departamentito de un ambiente en donde salían camas hasta de abajo de la heladera, más o menos. Y había 10, 12 personas veraneando en Mar del Plata. También estaban los hoteles sindicales. Ahora, y esto es lo que dice Santoro; el gran problema, la gran incomodidad para esa oligarquía es ver que había un negro al lado disfrutando de la misma ola ¿no?. Entonces no marcaba la diferencia, no marcaba la jerarquía, no marcaba que ellos que sí se merecían ese acceso, compartieran con esos negros de mierda que no se lo merecían.
Entonces ese es el primer plano de la incomodidad, de la impureza, de la suciedad. Digamos, como si los negros destiñeran. Por eso es, y esto también lo dice Santoro, es que fueron a fundar su propio balneario fuera de los alcances del peronismo en Punta del Este. Eso por un lado. Y después; en esto voy a referirme a una cosa que dice (Pedro) Saborido en su Historia del peronismo que también usa la metáfora del agua. Del peronismo como un mar, pero como un mar no limpio, ni puro, ni impoluto. Dice “¡Vení! El peronismo es maravilloso. Al principio es un poco Barrionuevo, pero después te acostumbras” (risas).
Y ahí sí me parece que entra la lógica del progresismo que quisiera tener un mar sin Barrionuevo, digamos. Quiere que las mayorías se apropien del mar, pero más como cada uno en su corralito; son los que alquilan la carpa en Mar del Plata, y si le pasa alguno caminando por al lado dicen, mirá estos negros cómo tiran la basura, ¿no?. Digamos que esa es un poco la actitud, usando una metáfora, que tiene el progresismo. Porque el progresismo en última instancia siempre tiene una lógica de lo políticamente correcto y piensa que si alguien no coincide con él es porque es un tipo que todavía no tiene la instrucción necesaria. Porque como cree ciegamente en el conocimiento y no lo cuestiona en ningún momento, cree que lo que hay que hacer es parecerse al modelo de lo políticamente correcto de la matriz europea; entonces el progresismo permanentemente se siente incómodo. Le molesta que haya un Barrionuevo ahí en el medio.
Ser peronista es bancarse la pelusa; si te gusta el durazno, bancate la pelusa. Ser peronista es bancarse las contradicciones, que es quizás lo más difícil de comprender del peronismo desde afuera de la Argentina. Vos vas a cualquier lugar, no te hace falta irte muy lejos; con ir a Uruguay alcanza y ya no pueden entender cómo en un mismo Movimiento conviven posiciones ideológicas tan distintas. Y ahí es donde todos tenemos la tentación de tener un peronómetro y decir este es peronista, este no es peronista; y esa es una tentación progresista. Porque el peronómetro siempre es autorregulable. Cada uno le pone los ingredientes que le quiere poner y lo apunta para donde le sirve decir quién es peronista y quién no es peronista.
Me parece que esta es un poco la matriz del peronismo que es una lógica de movimiento, no una lógica de partido con una estructura en la cual hay que obedecer. A veces cuando escucho a algunos compañeros, “no, porque nuestro partido…” qué sé yo, digo, qué lejos está eso de los parámetros históricos del peronismo. El peronismo concibe su riqueza en ser un movimiento nacional, popular y revolucionario. Además de ciertos cercenamientos como por ejemplo el de la palabra revolucionaria que fue erradicada del diccionario en los últimos años.
Esto me lleva a una cosa que fue bastante nutritiva para las discusiones que nos trajeron hasta acá a nosotros como colectivo militante. En tu libro “¿Qué es el Peronismo?”, planteas con mucha profundidad lo que rodea a la metáfora del agua, pero también hay una parte dedicada a los modos de uso del Peronismo. Me gustaría que nos cuentes un poco de qué se tratan los modos de uso.
A mí se me ocurría que podíamos meter en ese libro, una cosa que fuera muy provocativa. Porque cada uno cree que su peronismo es el peronismo, ¿no?. Y entonces el peronismo suele tener modos de ser ejercido, modos de ser usado, modos de ser llevado a cabo. Ahí es donde entran las matrices ideológicas de alguna manera. Por eso hay un modo de uso ortodoxo del peronismo que, sobre todo piensa la política del peronismo como un dogma y no como una doctrina. Hay un modo de ser progresista del peronismo que es pensar que el peronismo tiene que aggiornarse a una cosa mucho más moderna, entre comillas; más europeizada, más políticamente correcta; y que si se corre de ahí, en realidad es una rémora retrógrada que tiene el peronismo a la cual vamos a negar sistemáticamente. Hay un modo de uso revolucionario del peronismo que piensa que el peronismo tiene que ser cortado con la misma tijera de las revoluciones de otras partes del mundo y que piensa que en el peronismo si uno larga el pie del acelerador en todo momento, lo desnaturaliza. Es decir, hay múltiples modos de uso del peronismo. Probablemente no haya un único modo legítimo de uso del peronismo. Es una cosa que de alguna manera es una resultante de todos esos modos de uso, todo eso es peronismo también. Pero claro, a ese peronismo hay que ponerle un proyecto estratégico, porque si no los modos se comen al núcleo del peronismo. Esta idea del modo de uso, es también una manera de entender una desnaturalización del peronismo llevado al extremo.
Excelente. Vuelvo un poco a la idea de la rosca como el otro extremo de la metáfora. Digamos que entre el río torrentoso, aluvional y la canilla, hay todo un sistema en el medio que conduce hacia algún lugar. Daría la sensación que, lo pongo en discusión, puede ser que no sea así, que de tanta rosca, rosquita, contrarrosca, doble doble rosca, etc, cuando vas a abrir la canilla no sale nada de agua. Hay una falla severa en el sistema que debería convertir ese torrente en otras cosas, otras energías que impulsen la transformación. No es un problema de albañiles y plomeros, que podrían ser los dirigentes, pero pareciera que tenemos un problema serio de cañerías.
Entonces, en esa idea donde quizás el poder pensar estratégicamente, poder ordenar una producción política en un sentido superador, tiene que ver más con la ingeniería hidráulica, ¿no? con poder pensar y diseñar algunos planos para ver hacia dónde se conduce eso que parece no tener conducción cuando no se administra el Estado y eso se termina convirtiendo en el fin último de la rosca. ¿Qué opinas vos sobre la rosca puesta en estos términos?.
Dos cosas. Lo primero es que no hay que ser enemigo de la rosca. Porque hay veces que tiene que dar vuelta el caño y hay que poner una rosca. Quiero decir, no hay que pensar en que cualquier relación de poder es necesariamente mala. Ahora, yo entiendo la metáfora que vos usas; el exceso de rosca hace perder agua en el camino, y yo creo que eso es parte de lo que nos está pasando. Y esto tiene que ver con que el peronismo hace muchos años viene sufriendo recauchutes, viene sufriendo reformas, pero no fue capaz de repensarse a sí mismo profundamente. No fue capaz de reconstruir un Proyecto Nacional.
Y el Proyecto Nacional, a partir de esta lógica de doctrina de la que hablaba antes, no puede construirse de una vez y para siempre como si fuera un dogma, ni puede reconstruirse con una suma de tácticas; Cooke decía, “una suma de tácticas no hace a una estrategia”; sino que tiene que construirse desde el hoy, tiene que construirse planteando una estrategia de liberación en las condiciones de dominación actual; en las condiciones del trabajo actual, en las condiciones de la justicia social actual. Es decir, no puede sino partir de la realidad, que es la única verdad, diría el general. Esto es a lo que parece haber renunciado el peronismo. Parece haber renunciado a tener un plano, volviendo a la metáfora que vos decías. Porque yo puedo entender que vos tenés acá la canilla, querés sacar una canilla para el otro lado y lo más corto es sacar de donde estaba la primera canilla, un caño con una rosca y con esta canilla, otra canilla y seguis enroscando. Yo creo que en los últimos años viene faltando eso. Todos piensan en la canilla nueva que hay que poner y creen que la respuesta es poner su canilla para que todo funcione y no repensar el plano completo. Bueno, ¿qué tenemos que hacer de esta casa? Y ahí vamos a ver dónde ponemos las canilla, ¿no?. Pero pero hay que pensar la casa completa y eso es caro, cuesta mucho más que sólo poner mi propia canilla donde me parece a mi que va. Es caro si uno tiene que reconstruir una casa y es caro también en su dificultad y en el tiempo que cuesta construir un proyecto nacional estratégico. Ahora, cuando el peronismo pierde su proyecto nacional estratégico, ese recauchute tarde o temprano hace que en vez de pensar en el agua, se piense en los caños, se piense sólo en la rosca.
Perfecto. Ahora te tiro así como una gran pregunta y apelo a tu capacidad de docente. ¿Qué es una Orga de cuadros, para qué sirve y sirve para algo en este momento de la Argentina?
¿Qué es una organización de cuadros? Bien. Hay distintas tecnologías de la organización política, ¿no?. Un partido político es un grupo de compañeros que intenta, con una ideología común, representar; ya sea en el caso del partido leninista, representar a una clase, ya sea en el caso de los partidos liberales a una opinión, ¿no?; esto es una de las tecnologías. Otra tecnología es una agrupación, que es un conjunto de compañeros que se juntan para hacer algunas cuestiones específicas. Por ejemplo, podrían ser en su momento las agrupaciones sindicales que no eran para el gremio, no eran para la disputa interna del gremio, sino para hacer política en relación con el gremio. Hay grupos; gente que se junta con un objetivo específico relativo, más grande, más chico, pero un grupo puede ser eso. Y existen también organizaciones. Las organizaciones no intentan expresar o representar sino organizar, como dice su nombre. Organizar es construir una voluntad común. No articular opiniones sino, en todo caso, articular voluntades. Eso es una organización.
Al mismo tiempo, hay organizaciones de distinto tipo. Organizaciones que se plantean ser una fuerza de masas, así como hay partidos de masa y partidos de élite, hay también organizaciones de masa y organizaciones de cuadros. Las organizaciones de masa, lo que intentan es organizar una porción de pueblo lo más grande posible. Y las organizaciones de cuadros pretenden organizar, principalmente y no porque no tuvieran esos cuadros en relación con la masa, a un núcleo de compañeros que sean capaces de trazar una estrategia común.
La parte más difícil de la pregunta es si hoy necesitamos o no una Organización de cuadros. Está claro que necesitamos partidos políticos, está claro que necesitamos Movimientos, que no los definí anteriormente, que son dinámicas mucho más amplias que pueden abarcar en su seno organizaciones, partidos, grupos, agrupaciones, etcétera, etcétera; eso lo necesitamos también. Ahora, ¿necesitamos o no necesitamos crear una Orga de cuadros?. ¿Esta sociedad, se banca construir una voluntad común que no sea como el Movimiento, una unidad en la diversidad o como el partido una unidad en la representación?. Esta es una discusión interesante para esta época.
Quizás en los años ‘70, cuando la sociedad era una sociedad mucho más ordenada y organizada en torno al trabajo, organizada en torno a la disciplina, ¿no?. Porque en el trabajo vos tenías que ir a la fábrica a las 6 de la mañana y si no ibas a las 6 de la mañana te echaban. Es decir, había una relación jerárquica en la mayoría de las actividades que uno desarrollaba. Hoy es una sociedad mucho más fragmentada, mucho menos afecta a la disciplina, mucho menos afecta a asumir responsabilidades. Digo, ¿es posible construir una Organización de cuadros que implica todas estas cosas en la Argentina de hoy? Y bueno, yo creo que es una pregunta abierta. Aquellos que militamos en Organizaciones de cuadros, siempre tendemos a repetirnos a nosotros mismos construyendo eso. Yo creo en una voluntad única que construye la historia como una forma de operar sobre la realidad de forma colectiva, conjunta; no en base a los individuos, sino en base al conjunto. ¿Nos equivocamos o no nos equivocamos? No lo sé, yo me lo pregunto todos los días a esto.
Me parece que hay que tratar de desarrollar tecnologías organizativas lo más parecido a lo que la sociedad es, para tratar de capitalizar lo más profundo en esa transformación de la realidad. Porque no hay una respuesta abstracta de qué es lo que hay que hacer. No hay un manual, no hay un libro que desde el peronismo diga qué hay que hacer.
Si yo mido con la vara de una Organización de los ‘70 o incluso de los ‘80 a una organización actual parece una murga, que es blanda por todos lados. Ahora, ¿qué es lo posible de hacer hoy? Porque alguien puede pensar que hoy alcanza en la política con las figuras individuales que hablan por la radio, que hablan por los streaming y que con eso alcanza para todo y con eso ya está resuelta la política. Yo creo que las políticas no son las figuras. También las figuras hacen a la política, pero con figuras solas no se construye un proceso de liberación nacional. No es una cuestión de encontrar los individuos adecuados, sino algo muy distinto. El ejercicio de la conducción política con la tecnología organizativa que sea necesaria. Pero es necesaria la conducción política porque sin conducción no hay estrategia. La referencia no necesariamente implica tener una estrategia política.
Perfecto. Esto que nos decis, lo ato inevitablemente con cuestiones que nosotros venimos discutiendo. El primer impulso nos resulta en pensar sobre la necesidad de tener algunos ordenadores políticos. Desde el vocabulario; qué quiere decir cada una de las cosas que decimos, cuándo las decimos y por qué las decimos, que por ahí puede ser un poco confuso por la fluidez que trae la realidad. Como que todo parece ser más o menos lo mismo y si junta likes en Instagram, sirve, y si no está en Instagram, no ocurrió. Entonces, sobre ese contexto general, nosotros tenemos una propuesta de discusión que tiene que ver con cierto agotamiento del capital o de la producción política que hubo en la última experiencia más potente que tuvo el peronismo, que fue el kirchnerismo hasta 2015. Identificamos ahí un corte, se cortó esa producción política que estaba impulsada por Cristina y que de ahí para acá, quien sabe jugar al póker, digamos, el peronismo terminó jugando con el stack, con las fichas que juntó Cristina hasta 2015.
Y encima, se jugó un all-in en 2019 y le salió bastante mal; le quebraron los ases, para continuar la metáfora. Sobre esa idea, nuestra pequeña forma de ver el cuadro de situación se ordena a partir de una necesidad urgente: hay que volver a producir política. Hay que dejar de reciclar lo que fue y nutrirlo, enriquecerlo en clave de S.XXI. No por reemplazar o desechar la historia, sino desde la idea de expandir, de poder ampliar esas perspectivas para ampliar la capacidad de acción y el poderío del impacto de lo que somos capaces. Sobre eso pensamos un sistema de producción política que consta de tres dimensiones, que es la sustancia política, la narrativa de futuro y la resonancia digital que la militancia debería de poder, como con un hilito, cruzar esas tres perlas para convertirlas en un collar. ¿Te parece que tiene algún sentido esta propuesta de línea que te sintetizo o es sólo otra confusión conceptual por la vorágine que trae la época?
Lo primero es que me parece que en estos últimos tiempos, el hecho de arrastrar la producción política de otras épocas, la termina desnaturalizando y la Patria no es el otro sino que la Patria es la foto. Esa idea de la foto, de hacer política solamente sobre las redes sociales, limita; como si la política hoy se restringe a la política digital.
Lo primero que tengo que decir sobre eso es que creo que la política digital como forma de propaganda política, es una pelea que hay que dar. No se puede obviar, es parte de cómo se va construyendo la subjetividad de las mayorías populares en la Argentina. Y entonces no podemos dejar de dar una pelea ahí. Ahora, es necesario entender que esa pelea, si me permitís una metáfora futbolera, es como en la Copa Libertadores, jugar de visitante. Entonces, vos vas, te apedrean el micro cuando llegás, te putean en el aeropuerto, llegaste y tenés la ducha solamente de agua fría, las camisetas no están completas, el árbitro te inclina la cancha, te están puteando todos. ¿Por qué digo que es de visitante? Porque hoy esa pelea se da sobre plataformas que son de un puñado de empresas oligopólicas, que tienen una ideología, que favorecen a nuestro enemigo, que tienen incluso no solamente una direccionalidad y un sesgo, sino que tienen una lógica propia que es la lógica del mercado, que abiertamente contraria a nuestra lógica. Nosotros damos esa pelea en las peores condiciones posibles y aún así hay que darla y la damos; hay que sacar un resultado digno de ahí.
Pero tenemos que ganar la pelea en el partido de local. ¿Cuál es el partido de local? Yo creo que hay una política, que no es la política de la foto, que no es la política de las redes, que es la política insustituible que es el cara a cara. Y para eso tiene sentido la militancia. La militancia no puede ser la mediadora entre las necesidades populares y lo que se consigue del Estado, ni puede ser tampoco un sindicato de producción de funcionarios en los distintos rangos; desde el contrato basura más bajo hasta el ministro. No puede ser eso la la militancia. La militancia tiene que generar organización popular, tiene que organizar porciones cada vez más grandes de pueblo y eso se hace cara a cara; las redes pueden ayudar. Esa política se hace construyendo, embarrandose, no teledirigido sino como una infantería ocupando el territorio. A mí me parece que si nosotros no componemos eso, no hay nada que sirva realmente.
Yo creo en esto que vos decís. Me parece interesante como proceso para entender que hay que diferenciar la sustancia de la narrativa y la resonancia. A mí me parece que es interesante eso. El problema es que hoy eso está restringido y que le falta la acción política directa. A esas tres cosas le falta el barro. Sin el barro, esas cosas son nada más que propuestas mejores, peores, con más llegada, menos llegada, con más contenido, menos contenido, pero no se encarna. Hay que encarnarla.
Yo creo que esto es lo que venimos perdiendo en este último tiempo. Entre otras cosas porque la política ha perdido la capacidad de escuchar y cada vez más se desarrolla desde el mirarse el propio ombligo e importarle sus propias cosas. Yo a veces me pregunto: esas foto de “acá nos juntamos con…” ¿A quién carajo le interesan? ¿Quién la mira sino a aquellos que suben otras fotos juntándose con otros?.
Me parece que eso es una de las cosas que tenemos que reformular del peronismo, ¿no?. Y ojo, no solamente la dirigencia, porque es muy fácil putear a la rosca, putear a la dirigencia. Lo que hay que hacer es pensarlo y construirlo en la práctica militante. Porque así como los funcionarios suben fotos en su escritorio, en su despacho de la intendencia, en su despacho de Diputados, en lo que sea, después vos ves a los militantes subiendo fotos que son distintas, pero son iguales, ¿no?. Me parece que no tenemos que hacer la autocrítica del otro, sino lo que tenemos que decir es: bueno, ¿qué estamos haciendo mal para que en la Argentina ganen unos tipos que son la negación absoluta de lo que nosotros creemos?
Cuando nosotros sintetizamos sobre la idea de construir el PERONISMO DEL S.XXI, nos referimos a esas cosas y otras más. Entendiendo esa tarea como el sujeto político que se necesita de la pandemia para acá, para este Nuevo Mundo. En estos últimos cinco, seis años se inició una fábrica de multi milmillonarios, las revoluciones tecnológicas, de la comunicación digital, de la inteligencia artificial como nueva infraestructura de producción. O sea, ciertas capacidades de transferencia de recursos y de riqueza hacia el centro del poder, dueño de esas infraestructuras digitales donde parece que funciona la totalidad de la vida de las sociedad, incluida la militancia y la política.
Entonces, casi que la única propuesta de modelo de mundo es la que quieren terminar de imponer estos tipos, que descartan la democracia en nombre de la libertad. También está el modelo chino, es cierto y en el medio pareciera ser como una tercera posición, quizás hasta revitalizando el peronismo, aparece la postura del Vaticano y la figura del Papa Francisco ordenando los fragmentos que fueron quedando de los descartes de humanidad que esta vorágine tecnológica pretende desechar. ¿Qué inserción tiene el peronismo o puede llegar a tener el peronismo en estos nuevos contextos de incertidumbre y de aceleración hacía el Nuevo Mundo?
Mirá, yo voy a decir una cosa políticamente incorrecta. Yo creo que es una simplificación brutal pensar la tercera posición entre el imperio norteamericano y los chinos, al Papa Francisco o el Vaticano. Porque me parece que todas esas expresiones hoy están repletas de contradicciones y de cosas que cierran y no cierran. Por lo pronto, a mí me parece que la propuesta imperialista hay que desgajarla de la intencionalidad de los grandes grupos económicos transnacionales y que en última instancia es lo que no es nuevo, no es de los últimos 10 minutos. Sí lo que es nuevo es que gran parte del poder lo concentran esos grupos tecnológicos que trabajan sobre el tráfico de datos. Lo que nos estamos dando cuenta cada vez más, es que en esta sociedad, lo que hoy produce riqueza, es el tráfico de datos. Y esto es una constatación, no una explicación. Para poner un ejemplo concreto de esto; salvo Microsoft, la mayoría de las grandes empresas tienen programas espaciales. Hace 10 años pensar que no iban a ser los grandes Estados nacionales dominantes los que iban a tener programas espaciales era una locura. Bueno, hoy todas esas empresas los tienen. Algunas claramente en sociedad y en relación con los estados imperiales, pero otras no; hay que ver cómo funciona eso. Lo mismo con el tema de los chinos. El modelo chino no es el modelo del comunismo, ya no, no más. Es un modelo del Estado controlado por el Partido y ese Estado controlado por el Partido tiene una política distinta en las zonas costeras que en las zonas interiores. La fuerte intervención del Estado y la planificación son parte de una lógica de construcción, que en algunas cosas eso no está tan distante de lo que hizo el peronismo, planificación de la economía. Un Estado interviniendo no es una cosa distinta. No hace falta más que leer a Perón que decía que el Estado tenía que tener doctrina y cuando hablaba de doctrina hablaba de la doctrina nacional.
Digo esto para complejizar un poco esta idea de una especie de guerra fría reeditada y nosotros. Y la otra cosa que también planteo es que, si bien a mí me parece muy interesante, muchas cosas que dijo nuestro Papa; el Papa argentino, el Papa peronista, y todas las cosas que podamos hablar bien de Francisco; es cierto también que la respuesta que tenía Francisco al problema de la exclusión era una respuesta de inclusión, no una respuesta de transformación. No quería transformar la matriz productiva, quería que recojan a eso que la sociedad desecha. Y yo no sé si el peronismo es eso; o por lo menos, el peronismo no es solamente eso. Organizar a los excluidos para que no sean tan excluidos. Me parece que eso es parte también de una práctica política, si vos querés más humana. Pero que la solución de eso es romper nuevamente, como rompió el primer peronismo, con la división internacional de la producción y del trabajo, no hacer una asignación universal. Es una respuesta mucho más profunda, por lo menos la que espero yo.
Por eso, para mí no es que hay que abrevar en Francisco y ahora en el Papa León que eligió Francisco para encontrar todas las soluciones. Probablemente sus soluciones estén mucho más cerca de las soluciones del peronismo, porque la matriz formativa del peronismo es una matriz cristiana. Ahora, yo no miro a Washington, no miro a las sedes de cada una de estas empresas (que muchas veces están más en los paraísos fiscales que en las capitales imperiales), no mido a Pekín, Beijing o donde sea, ni tampoco miro al Vaticano. Miro a la Argentina para ver cómo resolvemos los problemas de los argentinos y de los latinoamericanos. Porque yo creo que el peronismo tiene un montón de potencialidad para ser un modelo de resolución de los problemas del mundo que tenemos ahora y particularmente de los problemas de los latinoamericanos.





