Hector “Gallego” Fernández es el fundador de la Organización política Peronismo Militante. Un tipo transparente, genuino; pero por sobre todas las cosas, profundamente peronista. Fuimos a San Miguel a charlar con él, dentro de este ciclo de entrevistas, donde la excusa de la metáfora del agua para explicar el peronismo nos permite compartir un café con militantes que nos ayudan a pensar mejor el futuro de la Patria que está en nuestras manos. La conversación entre peronistas siempre es infinita y esta no fue una excepción.
NOTA DE REDACCIÓN: Esta charla debió tener su versión en video, pero tuvimos un problema técnico y perdimos el material. Pedimos disculpas por este imprevisto a todos nuestros lectores y sobre todo, al compañero Fernández.
¿Tiene algún sentido seguir explicando el peronismo con metáforas?
Sí, yo creo que sí. En la política sirven muchísimo las analogías y las metáforas, que muchas veces tienen que ver con lo mitológico. En el sudeste asiático, en una de las guerras más largas que libró un pueblo contra el imperialismo, que es la Guerra del sudeste asiático, la guerra de Indochina, la guerra de Vietnam… En realidad, es más que Vietnam; porque eso incluye a Camboya y a Laos. En fin, había un mito desde hacía muchísimos años sobre un enorme ejército había invadido esa región y era tan grande y era tan pequeño el de los defensores que entonces habían mandado a hacer unos tambores de bronce. Al ser golpeados, esos tambores provocaban un ruido estruendoso. Al escuchar el ruido, que era tan grande, imaginate golpear tambores de bronce…así fue vencido ese ejército invasor enorme y poderoso. Seguramente no haga tanto ruido, pero como era un mito la gente lo repetía. Digamos, la analogía sirve y la metáfora también sirve.
El 20 de noviembre en el ‘72, cuando Perón llega, el Ejército, las Fuerzas Armadas no quieren que Perón baje del avión. De hecho, si miras la película de Favio, ves que hay un nido de ametralladoras, que lo van siguiendo; ves ese auto, el Fairlane del General, rodeado de Torinos de los vigilantes. Lo encajonan y Perón tiene que ir al Hotel Internacional de Ezeiza. Ahí lo quieren detener. Ahí hay una metáfora también. Un ejército enorme que no deja avanzar a la gente, la gente cruza el río Matanza y llega como puede a esa terraza en el aeropuerto. El General con dos valijas y un paraguas, derrota a un ejército que había puesto tanques, miles y miles de hombres. La metáfora sirve también para explicar la política.
Yo creo que la metáfora del agua es brillante. Porque el dique es la oligarquía y sirve también para explicar las proscripciones. A uno le daba una fuerza bárbara porque eras parte del torrente. Yo siempre digo que el peronismo es un río gigante; ancho, muy ancho, muy caudaloso, un torrente muy fuerte. Por supuesto, a los costados también lleva troncos, arrastra basura, pero en el medio va el agua que vivifica. Vamos a seguir con lo del agua, muy bien explicado por Santoro; un nivel filosófico asombroso. Ahora, ¿qué hace la oligarquía? Como bien dice Perón: pone diques. El agua, sabemos que intenta pasar por los costados, por arriba o si no socava los cimientos para derrumbar el dique. Eso sirve para explicar la proscripción y vos te sentís parte del agua. Pero el agua y el peronismo siempre tienen una relación. Voy a hacer un reduccionismo; pero los peores tipos que se levantan contra Perón, son los de la Marina; el agua de nuevo.
Ahora, nosotros somos el agua, ese río torrentoso que lleva vida. Pero el enemigo siempre intenta, cada tanto, armar canales muertos; para que no golpee tanto contra el dique, siguiendo la metáfora. El canal muerto es ese canal que desagota el río torrentoso y lleva a una ciénaga, ¿no? a un lugar donde el agua queda estancada. Y eso también es la política de la oligarquía: la ciénaga. El lugar podrido, donde hay alimañas. Y este es un gobierno de alimañas, que nada le importa y tiene una crueldad bárbara con los enfermos oncológicos, los jubilados, los chicos con discapacidad. Un presidente que se burla de un chico con autismo. Bueno, eso es, eso es la oligarquía. A mí más que preocuparme porque algunos compañeros elegidos en la batalla electoral, que no tuvimos éxito, me preocupan mucho más los caballos de Troya que se arman dentro del Movimiento. Porque todos entendemos que si el río es tan ancho, es natural que por los costados arrastre de todo. Claro, es un movimiento nacional, no es un partido de cuadros. En el partido de cuadros están todos de acuerdo, ¿viste?. Cuando hay una disidencia, se pide tendencia, plantean la tendencia, nunca se arregla nada, se van, arman otro partidito.
Nosotros estamos todos adentro, las contradicciones de la nación se expresan acá adentro. Un problema es ese centro del río, por donde va la mejor de las aguas. Ahí es donde hay que fortificar y siempre entender que algunos de esos canales son un canal muerto; que no lleva a ningún lado, que no va a regar nada, no va a llevar prosperidad a ningún lado. Y enfrente está el otro gran problema que es el dique, que casualmente está para que ese río torrentoso no llegue a ningún lado, no lleve prosperidad, no lleve abundancia.Entonces, me parece que las metáforas explican la política. Después, si querés también hay que hablar de cosas un poquito… no quiero parecer soberbio con lo que voy a decir, ¿se podría decir científicas? A lo mejor. ¿se podría decir más ligadas a la realidad?, también. Pero las metáforas explican,
Además, Perón era un contador de metáforas, ¿no?. ¿Quien no se acuerda de la mula del Mariscal de Sajonia?, ¡maravilloso, maravilloso!
O el caniche que se llamaba León.
¡Claro, León, León, León! Y venía pero era un perro.
En ese paquete de asuntos y nutriendo la metáfora o desarrollándola (forzándola incluso), hay algo que se usa metafóricamente, que está cotidianizado en la política, la militancia y la dirigencia, que también responde a la misma dimensión metafórica que es la rosca. La rosca es un dispositivo que sirve para unir dos cosas que están separadas.
Claro. Guarda, que si te pasás de rosca se termina falseando.
Exactamente. Entonces, con una rosquita acá, otra rosquita allá, no sé qué más, del río torrentoso y caudaloso, del otro lado del camino se abre la canilla y no sale nada. Daría la sensación que estamos en un estado actual del peronismo con la cañería medio rara. Lo que nosotros queremos tratar de plantear; para nutrir el pensamiento, sin ninguna pretensión más que esa, tiene que ver con cómo pensar la militancia organizada o la capacidad de producir política desde el peronismo casi en clave de ingeniería hidráulica ¿No?. No hay problema que sean los mismos albañiles y plomeros; lo que sí, revisemos y renovemos la cañería porque pierde por todos lados. ¿Qué pensas de esta continuidad metafórica para seguir pensando juntos?
Yo soy un tipo que reivindica la rosca. Siempre hay que rosquear. Cuando uno va a operar sobre un grupo de compañeros en un lugar, está rosqueando ¿no?. He leído varios artículos en contra de la rosca. ¿No? Pareciera entonces que uno y las incorporaciones deben ser químicamente puras. Como si nadie nunca fuese sobre un espacio, sobre un sector que tenía diferencias y lo incorporó. Si pudiste allanar cinco, seis, diez diferencias y los incorporaste, pues eso es el peronismo.
Si miramos la historia del peronismo, muy pocos pueden decir, “no, yo tengo certificado de pureza peroniana desde el nacimiento”, eso es muy poco, ¿viste?. En el peronismo, muchos han pasado por otras experiencias anteriores y se incorporaron. Y tenés compañeros que resultaron ser maravillosos. Hay compañeros que bancaron el ‘55 y después se incorporaron al peronismo y al peronismo combativo. Y tuvieron que ver con la CGT de los Argentinos, o algunos con el Ejército Guerrillero del Pueblo. Está lleno de eso, y hay compañeros que ingresaron por derecha y fueron buenos compañeros. Por eso, yo reivindico la rosca.
Yo creo que el peronismo es un enorme estómago, el peronismo digiere todo. Ahora, nosotros somos los jugos gástricos. Hay que ayudar a disolver eso que se come ¿no?. Después el estómago divide: esto es proteína, esto lo descarto. Si pensamos en términos del 46, había nacionalistas, católicos, socialistas, anarcosindicalistas, sindicalistas revolucionarios, tipos que querían ser laboristas. Perón tenía la idea del movimiento nacional. Todo eso, con el avanzar del tiempo, el avanzar de las acciones concretas construyeron un movimiento. Y vino el enemigo, el dique; proscribió, eliminó compañeros, fue bestial, asesino, una proscripción realmente estúpida. Porque 18 años para nada, derramamiento de sangre al pedo. Pero volvimos, y siempre hubo compañeros que se incorporaron de otras tradiciones y el peronismo los procesa. Entonces yo creo en la rosca. Hay que tener cuidado de no excederse en la rosca porque una vez que la tuerca falla, no sirve para nada.
Y después vos decís algo que hay que reflexionar; eso de “cambiar la cañería”. Yo lo que ahí preguntaría es, ¿qué es la cañería? Es el conducto que lleva el agua, por donde pasa el movimiento, ese sería el continente. Contenido siempre hablamos del agua, ¿no? lo que lleva vida. Y el continente entonces, ¿qué sería, el movimiento? Bueno, hay que darle una mano de antióxido, si podemos volver a galvanizarlo, y esa es la batalla cultural, y esa es la bajada de línea, y eso es lo doctrinario. Después a mí no me preocupa tanto a quién elegimos si tenemos ganada la batalla cultural. Hernández Arregui decía que el peronismo expresaba tres cosas; vamos a ir a la última, que expresaba a la clase trabajadora, a los intereses de la clase trabajadora que era la más numerosa, la más organizada. Si sectores de la clase trabajadora confiaron en un programa neoliberal estamos complicados.
Pero el problema no es la conducción, el problema no es el compañero que es el candidato, el problema somos nosotros, los militantes, los cuadros políticos. Nosotros. Que parece que no logramos explicar. Porque algunos le esquivan a eso y dicen, “sí, hay que preguntarse”, ¿y a quién le preguntamos? Y preguntemosles a los que fueron candidatos, a Cristina, a Máximo, a Axel, o a no sé quién. No, paren muchachos, nos tenemos que preguntar nosotros mismos; yo, que soy el militante. El que está en la calle, soy yo. El que va a un laburo y comparte soy yo. Nosotros somos los que estamos en las aulas, nosotros somos los que estudiamos, o algunos compañeros que tienen otra función, profesores. Nosotros vamos a un bar, nosotros vamos a hacer las compras. Nosotros somos los que nos tenemos que indagar.
Lo que hay que indagar es el rol de la militancia. ¿Qué hizo la militancia para que haya sectores que hayan confundido su lugar en el mundo, cómo están parados en la forma de producción?. Un compañero que no se solidariza, que pasa de largo frente a la agresión policial a alguien que vende paltas, y bueno… estamos complicados, loco.
Desde este cuadro de situación, en el cual seguramente habrá más coincidencias que desacuerdos; no solamente de la política argentina, sino el estado actual del peronismo. El otro día Santoro nos decía: “yo no recuerdo una etapa del peronismo que no haya estado en crisis”. ¿Vos estás de acuerdo con eso?
Si te clavás en el 67, el peronismo estaba fusilado. Porque hay tipos que malinterpretan la frase de Perón cuando dice, “desensillar hasta que aclare”. Hay cierto gorilismo de izquierda que dice, “Perón estaba bancando a Onganía”. En realidad no, Perón no lo bancaba a Onganía, lo que hace Perón es ver que se quedó sin nadie porque el movimiento obrero había pactado con Onganía, el Vandorismo empujó a eso. Es cierto que van a la elección y pierden, que gana Ongaro. Pero se lo desconoce y a buena parte de la CGT de los argentinos, pero eso era muy débil. El viejo le da manija a la CGT de los argentinos En el 67, Perón no tiene más cartas, no tiene cartas de poder para jugar. Sí tiene los inicios de la juventud peronista; grupúsculos. Ahí está muy mal. Ahí nos salvó la conciencia nacional y social; la clase trabajadora, los sectores muy hechos mierda que mantenían el peronismo. Las primeras villas donde los tipos que venían del interior traían esa cosa peronista. Nos salvó eso, pero no había nada; no había estructura, el partido jugaba para el orto.
Hay una cosa que te escuché decir una vez, yo soy medio nerd de algunas cuestiones que hacen a la formación política y los conceptos. Desde un trazo grueso, si uno tendría que pensar u ordenar las definiciones estratégicas que puede tomar un esquema organizado de peronistas, se encuentra con el movimientismo, el alternativismo y el tendencismo, que son las tres que yo conocía. Pero te escuché a vos decir una vez que también está el insurreccionalismo, pero que el peronismo lo aplica solamente en dictaduras. Me pareció esclarecedor, porque si no parecía como que quedamos medio encorsetados a decir, “bueno, tenemos solo estas opciones para construir una estrategia de poder”. Intentando darle musculatura a una mejor organización política y social y asumiendo que estamos en una situación un poco tensa o conflictiva en torno a estas nuevas características que parece tomar el siglo XXI; estos dueños de los nuevos territorios digitales, la producción y la propiedad de datos digitales, un montón de cosas que han dado mil millonarios en un lapso de cinco cinco años, que antes de la pandemia no existían. ¿Cuál es el horizonte estratégico que podemos plantearnos en este contexto en donde la democracia tensiona con la libertad según estos nuevos dueños del nuevo mundo?
Yo creo que la democracia está siendo atropellada por los dueños del capital más transnacionalizado; estos mil millonarios, estos tipos que en la pandemia se hicieron mucho más ricos de lo que eran y aparecieron algunos más. Lo que pasa es que el capitalismo… ¿En qué etapa está? Nosotros tenemos que definir la etapa que atraviesa el capitalismo. El capitalismo está en una etapa monopolista y financiera. Porque estos tipos que vemos que surgen; los unicornios, los fondos de inversión, todo guita financiera que se va comiendo empresas. Los fondos de inversión son dueños de un montón de empresas que antes eran de producción industrial. Es interesante como sectores de la Sociedad Rural bancaban la extranjerización de tierras. Uno de esos dijo, creo que fue el presidente, “va a valer más, si van a comprar va a valer más”. Extranjerizás tu tierra, pero no le importó, no se preocupaba por eso. Esta es una etapa monopolista, de concentración; de comprar, comprar, comprar; y financiera.
Porque los fondos de inversión son eso. Entonces, estos tipos que son prepotentes, que tienen la prepotencia que tiene Peter Thiel, que no creen en la democracia, Dice Thiel: “La democracia es un límite. Habría que poner a los CEO y a los dueños de las empresas en lugar de los políticos, porque los políticos son un problema. En cambio el CEO o el dueño de una empresa no robaría y haría que el país prospere”. Entonces si la pregunta es, ¿cómo ves la democracia? Y, en peligro; en peligro y limitada. Porque estos tipos le ponen límites.
Si vos mirás la situación argentina; la democracia argentina es una democracia limitada, restringida. Vos tenés un presidente que no para de insultar de las peores maneras. Insultos realmente complicados… hay una cosa, yo te diría que pseudo totalitaria. Con la principal dirigente política proscrita. Después te gusta, no te gusta, la querés votar, no la querés votar, no importa; pero está proscrita, no puede participar. Una barrabasada. De por vida, en un juicio estúpido; porque realmente es una estupidez, una tontería.
Ese Presupuesto lo votó el Congreso, si las Obras Públicas se terminaron… porque el perito dijo que se habían hecho las obras… Está proscrita. Esto es más o menos como en el ‘55: decir que Perón se había robado todo el oro del Banco Central. ¿Cómo hizo para transportarlo? Porque en la cañonera se llevó una valijita. Ahora (el oro) se lo mandamos a Inglaterra y no sabemos cómo, dónde, cuándo, qué, para qué. Entonces, estas proscripciones limitan más y restringen más la democracia. Ahí hay que tomar y analizar lo que dice Peter Thiel, ¿no? Vos viste el experimento de la ciudad Prosperidad en Centroamérica y ahora, le hacen un juicio al Estado hondureño porque les quisieron poner un límite. Avanzamos hacia una forma de totalitarismo complicada. Vuelvo inevitablemente a la cuestión de la proscripción; una cuestión que atraviesa la democracia, el peronismo y las instituciones de la Nación, transversalmente.
Le pongo un poquito de chimichurri a la charla, si estás de acuerdo.
Dale, si. Dale.
Hay una cosa que nosotros consideramos y la ponemos en discusión: un problema serio en la matriz de construcción política del peronismo actual, que parte del exceso de narrativa y la falta de sustancia. ¿Qué significa esto? El exceso de narrativa es: “si la tocan a Cristina, qué quilombo se va a armar”. Miles de personas cantando, durante años; la tocaron, la humillaron, la metieron presa, la proscribieron, le pusieron una tobillera y no se armó ningún quilombo. De mínima es un límite repetir hasta el cansancio que uno actuará de cierta forma si ocurre x cosa y después no ocurre nada; exceso de narrativa; lo que en barrio se diría “boquear al pedo”.
Lo de “qué quilombo se va a armar”, es una crítica que muchos hacen. A mí me parece que, entre compañeros, se puede perfectamente analizar. También la gente en la plaza antes del golpe final contra Perón, cantaba “la vida por Perón”. La plaza llena; 200, 300.000 personas cantando “la vida por Perón”. Entonces, los gorilas se burlaban y hacían chistes sobre eso. El chiste de la plumita: “Voy a tirar la plumita y al que le caiga”, decía Perón, “Dará la vida hoy” y todo el mundo “La vida por… (sonido de soplo) Perón” y todos se hacían a un lado para que la pluma no los tocara; eso decían los gorilas de la época.
Digamos, eso siempre pasó. Los pibes, los compañeros, los más jóvenes, los viejos, qué sé yo… Hay una cosa medio de cancha también en el peronismo. Entonces, “qué quilombo se va a armar si la tocan a Cristina”, yo no exigiría, “che, no se armó quilombo”. Porque además, la verdad, ¿qué quilombo se va a armar?. Para armar quilombo hay que tener una herramienta, una organización, de determinadas características, que no da la etapa, porque sería motivo de otro análisis. Tendría que tener una característica político-militar. Yo no reclamaría eso. Yo creo que el peronismo no está excedido de relato y con poca acción.Creo en realidad que nosotros fuimos un proyecto sobre ejecutado y sub teorizado. Que es algo que tiene mucho que ver con el rol de la militancia.
Si nosotros agarramos a un compañero destacado, a un cuadro y yo le preguntamos: “Che, ¿cuántos kilómetros de fibra óptica enterró el gobierno de Cristina?”. No sabe. ¿Cuántos kilómetros de ruta hicimos? Qué sé yo. ¿Cuántas escuelas nuevas hicimos? No sabe. ¿Cuántos hospitales hicimos? No sabe. ¿Cuántas escuelas arreglamos, además de las que inauguramos?, no sabe. Yo creo que no es que estemos excedidos de relato. Al revés, creo que nos faltó relato. ¿Era el Ejecutivo, Cristina, la que tenía que explicarlo? ¡No! ¡La militancia, los cuadros políticos! Faltó relato. No lo supimos explicar. No somos capaces de explicar lo que hace, lo que construye permanentemente el enemigo. Porque yo creo que no son rivales, son enemigos. El enemigo es el que no me deja vivir. El enemigo es aquel que está dispuesto a suprimirnos físicamente. El rival, bueno, es con el que estamos en competencia y hay reglas.
Yo te voy a compartir una breve caracterización que nosotros hacemos de este proceso, como una bisagra histórica en 2015 que ponemos en debate; Cristina presidenta, Cristina ex presidenta, ahí hay un primer cambio de etapa inevitable. Ese cambio de etapa, no altera el lugar absolutamente extraordinario que ocupa Cristina en la historia, pero las condiciones se modifican sustancialmente. El 10 de diciembre del 2015 se interrumpe la producción política que Cristina conducía. No sé Gallego si sabes jugar al póker, pero podríamos decir que toda la dirigencia peronista, empezó a jugar con el stack de Cristina. Cristina juntó un montón de fichas, de capital político y empezaron a jugar todo eso. Se jugó un all-in en el 2019, le salió medio bastante como el orto y esas fichas se redujeron significativamente. Desde allí, van 10 años de reproducción y drenado de aquella producción política. ¿Estás de acuerdo con esta interpretación?
No tanto (risas).
Vos estabas planteando un corte de los últimos 10 años. Entonces yo te digo: tres cosas, vamos a ir por partes. La primera es… vos me decías eh… nosotros hacemos referencia a los 10 años, ¿no? y yo creo que ahí hay una clave hacia el futuro. ¿Qué hacíamos en el ’70, ’71? ¿Qué futuro explicábamos?. Te decían, “habíamos hecho barcos, aviones, Perón hizo las jubilaciones”. Todo había pasado hacía más de 20 años todo eso ¡Apelabas a la memoria positiva!. Por eso vuelvo a discutir. Para mí no es sobrenarración, y creo que además la victoria se construye, no tanto discutiendo el futuro a veces; a veces sí, un poco hay que ponerle; pero también es decir, “si fuimos y pudimos hacer esto, vamos a hacer esto otro también”. Porque cuando yo empecé a militar, la gente te decía, “esta casa la tengo gracias a Perón”. Ahí había conciencia social.
Hoy creo que nosotros perfectamente tenemos que decir, si nosotros hicimos esto, lo vamos a volver a hacer. Si nosotros construimos 300.000 casas, las vamos a volver a construir. Nosotros sub narramos, sub teorizamos. Nosotros generamos empleo, nosotros agarramos el país en el 2003, había el 30% de desocupados y un 20% más de subempleo, ¿viste? Y lo logramos, incorporamos 5 millones de personas al campo laboral, jubilamos, ¿cuánta gente que no tenía aportes?, ¿lo podemos volver a hacer?: lo podemos volver a hacer.





