Tengo 43 años. Por supuesto, mi nombre no es El Telépata y nunca escribí un texto tan incómodamente autorreferencial; pido disculpas por eso.
Hay una perspectiva antigua, casi obsoleta y de otro siglo, que dicta que si uno habla públicamente debe dar su nombre, apellido, DNI, grupo sanguíneo, teléfono de contacto y vaya uno a saber cuánta información inútil que serviría para que lo que se diga tenga valor, peso o sea tenido en cuenta. ¿Tenido en cuenta por quién o quiénes? Por las elites y catadores de legitimidad que siguen procesando la realidad con dispositivos en blanco y negro, en carreta y totalmente fuera del tiempo y de la dinámica que la actualidad requiere. Entonces, lo que se diga desde un seudónimo, digital en este caso, pierde peso y carece de valor porque quien enuncia o interpreta no se expone; el enunciante condiciona al enunciado. Si el aporte anónimo no ataca, ni agrede, ni hostiga cobardemente, escudándose en esa relativización de la ficha técnica del enunciante, entonces no hay razón para anular el contenido. René Descartes firmaba como seigneur du Perron y Juan Perón firmaba como Descartes. No jodan con giladas.
En la digitalidad que todo lo invadió, ese esquema de selección y valoración de opiniones se fue diluyendo cada vez más desde que internet se volvió doméstico, hasta quedar reducido a la mínima expresión. Sencillamente porque, con firma o sin firma, casi todo lo dicho vale muy poco desde el torrente de instantaneidad que no alcanza la sagrada y deseada viralización. La resonancia pesa más que la sustancia, independientemente del contenido que se narre; la acumulación de likes indica autoridad y razón. Tan pelotudo es ese razonamiento, en el caso de que llegue a serlo, que basta un ejemplo de lo que hay que dejar de hacer, aunque eso signifique remar contracorriente. En el tramo final de la campaña hacía el ballotage de 2023, fue el actual Presidente quien manifestó orgulloso que la imagen creada con una herramienta generativa de ia prehistórica de un pato y un león dibujados y abrazados anunciando la alianza electoral con Bullrich, había llegado al millón de likes: “Ey!” dijo Milei, llamando la atención de la audiencia, y el calvo y desmodulado periodista Esteban Trebuq le aclaraba: “pero esos no son votos, Javier”. Así de estúpidos nos vemos cuando priorizamos según los algoritmos definen, sin hacernos muchas preguntas, dejando de lado la importancia del análisis político que nutre y justifica la acción desde el Peronismo.

Esos formatos están obsoletos, al menos en la digitalidad que todo lo invadió. Así que, si te sentís representado por el personaje de Francella “Enrique, el antiguo” en tus dogmas comunicacionales, “andá nomás, máquina, nadie te detiene”.
Tengo mis razones, que serán dadas en algún párrafo de la siguiente nota, y no voy a ponerme a rendir examen frente a los paladares delicados, de fácil indignación y arcadas; ni ahora ni nunca, ni con esto ni con nada que no signifique colaborar sin especulaciones a dar el salto obligatorio que el peronismo debe dar hacia el siglo XXI. El tiempo se agota.
Aclarado este asunto, comencemos.
Luces efímeras, como corre el tiempo
Quiero retomar la nota publicada en De Frente por el compañero Alexis Schamne Araoz, titulada Peronismo Poliédrico; no como una discusión, sino como una continuidad de tan interesante análisis.
Antes debo aclarar que, si es que existe un punto de partida para las cuestiones militantes y peronistas, la charla con Daniel Santoro publicada en el número anterior, fue el inicio de una manera diferente en la perspectiva que yo tenga de aquí en adelante sobre mi limitada y humilde comprensión del peronismo como fenómeno poliédrico.
Peronismo poliédrico que, como acertadamente marca Santoro, “es una conceptualización que habría que ver qué significa”. Me parece indispensable que ordenemos algunos trazos gruesos para definir de manera más acertada qué decimos cuando decimos lo que decimos.
Dice Araoz en su nota en De Frente: “En su exhortación apostólica “Evangelii Gaudium”, entre los cuatro principios para construir un pueblo, Francisco nos habla del modelo del poliedro en contraposición al de la esfera. En este último prima lo homogéneo y las diferencias se diluyen. En cambio el poliedro es una figura geométrica de muchas caras distintas que conforman una unidad. En sus propias palabras, “refleja la confluencia de todas las parcialidades que en él conservan su originalidad”. Hoy enfrentamos las tentaciones, tanto por derecha como por izquierda, de constituir un peronismo esférico, uniforme, delimitado”. Aquí reside, y esto ya lo digo yo, una de las claves obligatorias para pensar, diseñar y construir la expansión del Peronismo hacía el S.XXI.
Tomar como nutriente las enseñanzas de Francisco, la idea de lo poliédrico y muchas otras, desde este perfil casi performático de El Telépata, me permite explicar algunas profundidades conceptuales y urgentes de otra manera. Principalmente, sin las demandas personalizadas de quien pretende acumular prestigio, lectores, seguidores o millas para la rosquita de turno, para un lugar en las listas de Villa Culo o en alguna mesa de nuevos burócratas que para no discutir lo que no comprenden, caracterizan como quebrado y marginal a todo lo que no son capaces de controlar desde la comodidad circunstancial de su pequeña nueva pirámide.
El Peronismo es un lenguaje, como lo es la música. Hay músicos que conocen tan bien el lenguaje musical que piensan en música: cierran los ojos, imaginan una partitura y en su cabeza suena la orquesta; a veces es al revés: imaginan una música y visualizan la partitura. Uno, limitado en sus virtudes musicales, diría: “¿eso es posible?”; claro que es posible. De la misma forma se puede pensar en peronismo.
El asunto es que desde hace más de 20 años que, personalmente, no sé pensar de otra forma; yo no pienso en peronismo para mí, práctica que recomiendo sanamente. Pero, de la misma forma que la tarea de producir música ha cambiado sustancialmente en tiempos de revolución aceleracionista de datos digitales, quizás también haya cambiado la forma de producir peronismo y todo dependa de la capacidad poliédrica con que seamos capaces de repensar la Patria y su futuro, para poner manos a la obra de forma más acertada y organizada por el bien de nuestra comunidad.
Puedo ajustar un guión
Hay correcciones leves, muy leves que podrían hacerse, que nos conduzcan desde el Estado actual de diagnósticos permanentes y reducciones narrativas electorales al ambicioso Proyecto Nacional por la definitiva liberación de la Patria. Si somos capaces de ponernos de acuerdo en esos ajustes, la grandilocuencia megalomaníaca de la afirmación liberadora, cae a tierra y pisa firme desde la capacidad de transformación que habita en cada patriota. La prioridad única es consolidar un TODO que sea superior a la suma de las partes.
Una de las tareas más simples y vertebradoras para romper la inercia es ordenar la información. El caos informativo, el aturdimiento de noticias reales y falsas, los volúmenes de información aturdidora, generan rechazo social y a todos nos interesa cada vez menos todo lo que no tenga relación directa y explícita con nuestro metro cuadrado habitable, que también está intervenido por los condicionamientos algorítmicos pero de forma mucho más silenciosa; nadie se escapa de esta red.
Ahí es donde ingresa a este asunto El Telépata como performática digital. En principio, podría apostar a que nadie leyó en este país tantas noticias en los últimos 15 años como lo hice yo; perfeccionando la mayor cantidad de procesamiento de información en el menor tiempo posible, bajo los criterios calibrables de las más altas esferas del Poder institucional. Ese es mi trabajo y me apasiona. Hace más de una década y media que convivo con la agenda diaria de noticias y la analizo rigurosamente; encontrando relaciones, continuidades, valoraciones, riesgos, aciertos comunicacionales y debilidades narrativas. Ese trabajo, mi trabajo, construye ciertos mecanismos; ciertas cañerías de procesamiento analítico y mental, que se van aceitando y funcionando en el día a día a la par de los sistemas tecnológicos que se actualizan a una velocidad apabullante, desde que las herramientas de inteligencia artificial habitan en las pantallas que caben hasta en un bolsillo.
No hay una virtud extraordinaria desde lo individual; es sólo un trabajo en el Estado y el resultado de una decisión política en otra etapa de la Argentina: Soy un enfermero de las noticias. Si quisiéramos insertar las tareas de ese enfermero a la tarea real que implica la gestión gubernamental; donde los políticos que toman decisiones ejecutivas, seleccionados por otros políticos elegidos democráticamente en cada gobierno de 2011 en adelante, ellos son los cirujanos cardiovasculares que definen sobre el beneficio o el daño que impacta en la sociedad argentina. Es más fácil comprender la funcionalidad de mi práctica laboral desde esa comparativa sanitaria.
Esta nota no pretende ensalzar ningún mérito individual, sino enmarcar las razones de por qué planteo lo que planteo y por qué pienso lo que pienso. Hace 15 años, proceso y analizo información (no confundir con datos), para obtener nueva información para la mejor toma de decisiones políticas.
Los psicópatas serán los hombres del siglo XXI
Así como el siglo XX no terminó milimétricamente el 31 de diciembre de 1999 desde la interpretación historiográfica; sino 11 años antes con la caída del Muro de Berlín, el que transitamos actualmente, empezó a contar a partir de la cuarentena global que detuvo al planeta en 2020. En el medio, una transición general de poco más de 30 años. Este planteo para el análisis, acomoda de raíz la idea de emprender la tarea de construir el Peronismo del S.XXI: Qué somos y qué queremos ser como Movimiento en el mundo post pandémico.
Fue Martín Sabbatella que en 2014 aseguró en un estadio repleto de nuevos peronistas vía kirchnerismo, que ese era el nombre del campo popular en el S.XXI. Esta caracterización nos resultó y nos sigue resultando un poco apresurada y bastante equivocada. Principalmente, interpretada desde este presente político deformado para el peronismo y sus apéndices progresistas, en donde Javier Milei parece no tener contra quien perder porque la oposición que debemos ser; nosotros, Sabbatella y lo que él dice o cree representar, todos; estamos enredados en confusiones conceptuales condicionantes, si no se recalibra la maquinaria en clave de futuro con urgencia.
Desde esa búsqueda, es que recuperamos la idea de lo poliédrico, que amplía las herramientas para abordar las complejidades de la realidad, que se presenta como un acertijo, un rompecabezas incompleto donde parecen faltar piezas que ensamblen la decadente y libertaria Argentina actual con la Patria que soñamos; con lo que queremos ser en un futuro cargado de transformaciones tecnológicas e incertidumbres humanas, también aceleradas en este corto periodo post pandemia.
La cuestión es cuánta profundidad queremos darle al método analítico (los peronistas a los Peron llamaba “predicadores”) para construir una voluntad colectiva que organice desde abajo y nutra el método pragmático (los peronistas a los que Perón llamaba “hacedores”) por la liberación de la Patria. Pretender menos que eso es canalla, pero cada uno sabrá cuántas ganas tiene de pensar para hacer mejor y evitar terminar siendo diputado o concejal por la inercia de lo efímero. Es necesario diferenciar estos métodos que se intercalan en la construcción política desde el Peronismo.
Seré heraldo de buenas noticias
De Frente es una de las piezas que decidimos como colectivo militante aportar a ese rompecabezas incompleto entre el presente y el futuro justicialista que es tarea de todos los y las peronistas de la Patria. Esta publicación, nos permitió afianzar una política desde la absoluta conciencia y necesidad de tener una herramienta propia que nos permitiera construir puentes y canales que amplíen las discusiones.
Demostrarnos a nosotros mismos que éramos capaces de construir, sin ningún recurso, una herramienta propia que nos permita predicar nuestras dudas y propuestas, y al mismo tiempo organizarnos como un colectivo nuevo que no existía antes de la existencia de De Frente, resultó siendo clave para profundizar en los intentos por expandir la capacidad política del Peronismo hacía el S.XXI.
Esta publicación, tiene que ver con la metodología con la que se produce política y cómo se genera un saldo que deje algo más organizado de lo que había antes. Organizar un poquito más de ciudadanía, de pueblo, de compañeros; no importa cómo lo llamemos; organizar un poco más. Al proponernos organizar voluntades antes que representar opiniones, el camino se allanó, sencillamente porque todos los peronismos en tensión, parecen sólo disputar representación de una sociedad que cada vez les da más la espalda. A menos que pongamos manos a la obra y volvamos a enfocar sobre la necesidad de organizar una voluntad colectiva de transformación, aunque no opinemos lo mismo sobre cada tema.
Vos te reís desde tu pantalla personal
Quienes nos sentimos convocados de alguna manera por lo que se identificó, en un intento de bajarle el precio por los burócratas de siempre como Peronismo Streamer, escuchamos más de una vez a Pedro Rosemblat sostener; palabras más, palabras menos; que “yo no tengo problema de jugar (en relación a potenciales candidaturas futuras). El tema es para qué, qué hacemos después con eso. Y eso debe nutrirse en ámbitos de discusión política que no existen actualmente”. Estoy totalmente de acuerdo con ese diagnóstico. Pero como sabiamente dice el Indio “ya no hay tiempo de lamentos, ya no hay más”, así que ocupamos los últimos meses en armar los puentes que fuimos y somos capaces de crear para generar una propuesta real y palpable a la que llamamos Usinas Patrióticas.
Una Usina Patriótica es un espacio donde el objetivo central es acumular la mayor cantidad de materia gris peronista que seamos capaces para desarrollar y planificar el andamiaje que permita acoplar el presente con el futuro que soñamos; por supuesto cruzado por las catástrofes tecnológicas que no dejan de ser noticia por estos días. Para ser parte de una Usina es indispensable no tener la pretensión de ser candidato a algo en 2027, lo que es un objetivo político válido pero que la herramienta propuesta no sirve para eso. Quienes tengan esa pretensión perderán tiempo y recursos valiosos en su búsqueda. Una Usina Patriótica es un nodo de pensamiento peronista con capacidad de acción y multiplicación, un organismo reproducible donde no discutir lo que discuten todos, sino discutir lo que no discute nadie. Una Usina Patriótica no es un lugar para sacarse fotos para Instagram, simulando acciones donde solo habitan discursos. Una, diez, cien Usinas que cuando llegue el momento pondremos al servicio de los hombres y mujeres que mejor representan al Peronismo del S.XXI para dar las peleas electorales necesarias para recuperar el Poder Político y el control de los recursos del Estado. Una Usina Patriótica produce sustancia, combustible para andar el camino hacia el futuro. Sin pedir permiso, sin especulaciones, sin chiquitaje pelotudo y amarrete; con responsabilidad histórica, con coraje y entrega patriótica, y por sobre todas las cosas con la irrenunciable convicción de que sólo el Pueblo salvará al Pueblo. Pronto, habrá novedades.




