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Crónica: Peronizados por Rebord

Hola. Soy Sofía, tengo 9 años, y me hice Peronista escuchando el programa de Tomás Rebord. Tomás Rebord no me cae bien, pero diablos necesito saber que es lo que va a decir. 

Esta nota tiene una tesis. Rebord es una de las figuras más importantes que tiene el Peronismo juvenil. Hay una generación que llegó a la política con el celular que la dirigencia sigue subestimando, pero que está ahí. Y Rebord, deliberadamente o accidentalmente, es su catalizador más claro. Es una figura que, siendo una referencia clara del Peronismo, no se limita por él y logra interpelar públicos de los más diversos. Y en ese proceso, los peroniza. Y en ese ejercicio reválida las credenciales de un movimiento que siempre se caracterizó por ser amplio, pragmático y por sobre todas las cosas popular. 

Para comprobar esta tesis, buscamos testimonios de jóvenes a lo largo del conurbano bonaerense, y les hicimos algunas preguntas sobre Rebord y su comunidad.  

Ramiro (18 años) es de La Matanza y nos cuenta:

Empecé a tener contacto con la figura de Rebord cuando me instalé Twitter y empecé a usar activamente la red social, sobre todo participando en debates políticos argentinos entre libertarios y peronistas, en la época en la que Milei recién empezaba a instalarse como figura política fuerte, más o menos entre 2021 y 2022. Ahí fue cuando empecé a conocer lo que era la comunidad “HAGOV”, que tenía toda una estética y una identidad muy marcada dentro de Twitter. Muchos usaban fotos de perfil parecidas, modificadas entre sí, y manejaban ciertos códigos propios dentro de la red. A partir de esa comunidad empecé a consumir más contenido de Rebord y me interesó mucho la manera en la que hacía política y comunicación. Veía entrevistas que le hacía a figuras como Alberto Fernández, Kicillof, o Tomás Rebord mismo dentro de distintos formatos, y me llamaba la atención que mezclara política, humor, cultura de internet y análisis de actualidad de una forma distinta a la tradicional.

En Argentina, estaría incompleto el estudio de las redes sociales y el sujeto digital si no se  detiene en el fenómeno Hagovero, la comunidad que acompaña a Tomás Rebord. Como bien describe Ramiro, los HAGOVs se instalaron fuerte en Twitter (X.com), pero luego fueron migrando a otros planos tanto de la digitalidad como del mundo real. Los HAGOV son un fenómeno profundamente generacional, profundamente ligado a las lógicas de la comunicación y el comportamiento en las redes sociales, y cumplen o suplen una necesidad humana; la de construir comunidad.

A lo largo de los testimonios compilados, nos encontramos con un dato significativo. La mayoría entró en contacto con Rebord en las épocas de MAGA y “El Método”. Esto no habla solo de una preferencia de formato, sino de un clima de época. Ambos programas se produjeron en pandemia. El aislamiento no solo produjo soledad, sino que instaló nuevos comportamientos que el tiempo estaría demostrando que han llegado para quedarse.    

Pero el diferencial de Tomás Rebord no es solo haber generado una comunidad cultural, sino el capital político que tiene en una época donde, al menos del lado del Peronismo, existe una fuerte desconexión entre la dirigencia partidaria y el electorado jovén. En su testimonio, Ramiro dice lo siguiente:

No me considero hagovero, pero sí reconozco el valor político y cultural que tiene este fenómeno, tanto para el peronismo como para la juventud política en general. Creo que hoy politizar a la juventud desde las redes sociales es algo fundamental, porque gran parte de los debates públicos pasan por internet. Y en ese sentido, Rebord entiende muy bien los códigos de comunicación actuales y logra acercar discusiones políticas a mucha gente joven que quizás no se acercaría desde los canales tradicionales. (…) Si el debate político juvenil hoy pasa por redes sociales, el peronismo también tiene que saber moverse ahí si quiere seguir interpelando a las nuevas generaciones. Y creo que Rebord entiende eso muy bien: adapta conceptos políticos a los códigos culturales y comunicacionales actuales sin perder del todo el trasfondo ideológico.

En la comunidad de Tomás Rebord, ampliamente conocidos como los Hagoveros, se encuentran elementos constitutivos de un folclore tradicional Peronista. El líder personalista y carismático, luego llevado a símbolo. Una construcción ideológica, que encontramos en la Doctrina Espiritual Hagovera, un compilado de citas, textos y conceptos asociados a la filosofía rebordiana. Alguna construcción de pueblo, primero a partir del sujeto digital que tras la progresiva masificación de la figura de Rebord fue encontrándose en la calle, ya sea por iniciativas propias o movilizándose para acompañar las funciones teatrales de Tomás a lo largo del país. 

Ignacio, Hagovero de Lanús, observa lo siguiente:

Sí, me considero hagovero. Para mí tiene mucho que ver con sentirme parte de una comunidad que se fue formando alrededor de todo ese universo. Compartir códigos, referencias, chistes internos, pero también una sensibilidad y una forma de ver las cosas. Hay algo muy fuerte ahí relacionado con el sentido de pertenencia, y creo sinceramente que eso es algo fundamental para cualquier persona.

El hagoverismo para mí no es solamente ser fan de un streamer. Es una mezcla de identidad cultural, comunidad, filosofía de vida, humor, épica y también política. Aunque haya hagoveros con diferencias ideológicas, siento que en el fondo existe una idea compartida de patria, de comunidad y de querer una Argentina mejor. Incluso muchas veces el movimiento trascendió lo estrictamente partidario y construyó una identidad propia.

Una de las cosas más importantes que logró fue generar comunidad real. Mucha gente encontró ahí un lugar de pertenencia que quizás no encontraba en otros espacios políticos o sociales. Y eso se nota muchísimo cuando la comunidad se organiza para hacer cosas concretas: ahí aparecen niveles de compromiso, creatividad y solidaridad increíbles.

Hay rito, hay liturgia, hay lenguaje, hay símbolos, hay ritual. ¿Hay militancia? Thiago, un jovén de Avellaneda

Yo lo definiría en términos no-hagoveros: Son militantes. Son sus militantes. Seguramente muchos estén comprometidos de una forma sarcástica al fenómeno pero con pasear un rato por X (Twitter) te das un pantallazo de que hay pibes (y no tan pibes) que bancan a muerte lo que sea que se llegue a gestar. Si es que lo hace.

León, Moronense de 17 años, es detractor de Tomás Rebord. Como presidente de su centro de estudiantes y militante activo en su temprana edad ha lidiado (o sufrido) con Hagoveros en el propio territorio que lo rodea, un colegio secundario. Para él, los Hagoveros son gente rara, o simplemente una idiotez, pero da en la tecla cuando dice con lamento; son casi las Fuerzas del Cielo del Peronismo.

En esos códigos compartidos existe una estructura sentimental y un valor fundamental; la lealtad. La lealtad al líder, a los compañeros, a las verdades. Un Hagovero comenta:

Más allá del tono irónico o humorístico, creo que sí existe un conjunto de valores compartidos: la amistad, la comunidad, las convicciones, la lealtad, el amor por la Argentina y la idea de ir de frente sin miedo.

Rebord, fiel a su estilo entre serio y chanta, describe su oficio como la búsqueda de la máxima ciencia y la máxima verdad. En sus monólogos filosóficos, sean sobre política, obras de ficción, textos religiosos, o un videojuego, se deja de entrever sus observaciones más jugosas sobre temas profundos. Y ese resulta ser el atractivo menos pensado, y sin embargo uno de los más latentes entre los Hagoveros. Rebord suple una necesidad existencial que es esa búsqueda por la verdad en un tiempo asediado por la mentira y las preguntas sin respuestas. Esto puede trasladarse a la política partidaria, pero no empieza ni termina allí. Rebord le habla a una sociedad en decadencia, la mira a los ojos, y ríe. Combate la solemnidad sin perder la sustancia. Y esto, que parece trillado, es lo que ven sus seguidores. De ahí salen los chistes ya popularizados como diablos, qué tendrá Rebord para decir o la catchphrase análisis sesudo. En el fondo, la resistencia que Rebord encarna, es proponer el ejercicio de pensar sin barreras en un mundo que parece conducirnos a la idiotez. Pensar profundamente, y permitirnos reír al respecto. Porque la solemnidad sólo limita perspectivas, no las amplia. 

Teniendo en cuenta tanto los elementos identitarios como los principios filosóficos del Hagoverismo, podemos ver como se traza un puente entre Hagoverismo y Peronismo. Si bien puede resultar común que Tomás Rebord, declarado Peronista y comentarista político, tenga una audiencia afín a su ideología, lo que resulta interesante es cuando lo opuesto se da. Que la comunidad Hagovera sea más amplia que el Peronismo y además sirva como puerta de entrada para muchos hacía asumir al Justicialismo como su identidad política es un componente interesantísimo que realza los valores esenciales del Peronismo y eleva a Rebord como figura peronizadora de una generación. Hay una generación detrás de la pantalla que consume a Rebord, no por ser Peronista, sino a pesar de serlo. Que reconocen en él un talento, una verdad. Algunos hasta están dispuestos a pasarse del otro lado y reconocerse Peronistas. No existe hoy ninguna otra figura en la política argentina capaz de hacer lo que Rebord hace. Thiago de Avellaneda completa su testimonio:

Hoy en día no veo un dirigente en Rebord, no veo ni voluntad de serlo. Más allá de coquetear con el chiste interno de los hagoveros y demás; veo un comunicador del peronismo en el apogeo de las redes del S XXI, algo totalmente valioso. De hecho, personalmente diría que mi acercamiento a la política en los últimos 5 años viene, en parte, por decantación, no de su figura ni su pensamiento, pero sí de su contenido. Una especie de puerta a la intelectualidad histórica con toques histriónicos que le da otro valor a la política y permite escuchar lugares que antes no. No quiero pisarme cuando digo que no veo un dirigente, hablo en términos de que no se plantea militancia a su figura orgánica, al contrario, alienta y alimenta a buscar los propios consensos. En fin, un gran comunicador, una gran rama del peronismo que va encontrando interlocutores, y una fuente de curiosidad para las jóvenes generaciones que genera adherencia genuina a la militancia por fuera de las pantallas brillosas.

Y el punto no está en que Rebord se asuma dirigente o no, dispute un cargo o no. El punto está en que en Rebord existe una referencia capaz de hacer cosas que la dirigencia actual no. Hablar con la verdad, profundizar sobre los temas, interpelar a la juventud y algo muy importante; ampliar el Peronismo. Sobre esta particularidad en Tomás, Ignacio suma:

Lo que sentí distinto respecto a otros comunicadores fue que siempre encontraba las palabras justas. Explicaba temas complejos de una forma cercana, atrapante y muy humana. Además, nunca sentí que le hablara solamente a “los propios”. Más allá de su identidad peronista, siempre transmitió una idea de comunidad donde cualquiera podía sentirse interpelado y bienvenido.

(…) Creo que Tomás logró acercar a muchísima gente joven a la política porque supo interpretar un sentimiento muy presente en esta época: el cansancio, el cinismo y la sensación de que “son todos iguales”. En mi caso, antes veía la política muy de reojo y con bastante desconfianza. A través de él empecé a descubrir otra dimensión: la comunidad, la organización, la militancia y el sentido colectivo que puede tener la política.

Y creo que lo hizo desde un lugar muy distinto al de la dirigencia tradicional. Rebord habla como un argentino más. No parece alguien haciendo campaña permanentemente. Dice lo que piensa, incluso cuando puede quedar mal o generar discusiones. Eso genera cercanía y autenticidad. Además tiene una capacidad enorme para explicar conceptos políticos complejos de manera simple, humana y hasta divertida. El humor fue clave para acercar a mucha gente.

En mi caso particular, siento que primero me peronizó emocionalmente. Antes que la doctrina o la teoría, apareció el sentimiento: el orgullo argentino, las ganas de participar, la esperanza y la idea de que vale la pena comprometerse con algo colectivo. Después vino el interés más profundo por el peronismo y por la política en general.

También creo que transmite muchos valores profundamente peronistas incluso cuando no está “bajando línea” explícitamente: la importancia de la comunidad, el trabajo, la familia, la amistad, las convicciones, el patriotismo y la idea de no resignarse nunca con la Argentina.

Por eso no me sorprende que muchos compañeros que hoy militan hayan llegado a la política desde ese universo. Yo mismo soy un caso así: jamás había militado ni me imaginaba haciéndolo.

Un ejemplo curioso de peronizado por Rebord es el del compañero Pablo. Peruano de nacimiento, se hizo Peronista escuchando a Tomás Rebord. Peronista y Hagovero. Su testimonio pone en valor muchas de las cosas que traía Ignacio. Cerramos esta nota con las palabras de un compatriota que desde otro rincón de la Patria grande sintetizó perfectamente un sentimiento:

Un análisis superficial del Rebord diría que se toma todo para la chacota pero justamente lo que él más ejerce es el ministerio de la felicidad, un activo fundamental para sobrellevar esta malaria generalizada por la coyuntura geopolítica. De hecho el ciclo Hay Algo Ahí me llegó en un momento muy fulero por cuestiones personales, me ayudó a sobrellevarlo y a cuestionarme muchas cosas que daba por sentadas sobre la realidad y más importante aún, sobre mí mismo.

Todo el tiempo él está luchando contra la solemnidad, “la baba” de la que se habla desde tiempos de MAGA, esta idea de que hay cosas con las que no se puede joder bajo ningún concepto, está enfocada en mantener un panteón de deidades estáticas, perfectas e impolutas, detestan a los ídolos con pies de barro y son solemnes. Una vez que les das cabida a ser catador de la solemnidad, esta empieza a expandirse hasta ser una jaula que te traga y te restringe incluso hasta de cometer errores, como le pasó a Alberto Fernández.  

¿Y para qué pelear contra la baba? para existir, para reír, para intentar alcanzar un propósito que nos acerque a la felicidad que no es poco, es esa la raíz fundamental de un movimiento político que busca un mejor futuro para los trabajadores, para los argentinos y argentinas, independientemente de qué voten, qué escuchen y a quiénes les hablen. A Rebord lo siguen peronistas, libertarios, gorilas, normies, rancios y golondrinas. Jamás negó su signo político para cuidar su audiencia, hablar con la máxima verdad (la espiritual a mi lectura de neo converso) quizás sea algo que logre transformar y unificar a este movimiento que tantas alegrías le ha sabido dar a la Argentina y espero, con entusiasmo, poder ver y sentir sus frutos en un futuro no muy lejano.


Ilustración: Aureliano Acevedo

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