Sobre la interna del peronismo, el ingreso de la Argentina a Pax Silica, la advertencia filipina y el poder que se construye en tanto discutimos candidaturas.
Mientras la conversación pública del peronismo gira, una vez más, alrededor de candidaturas y liderazgos, la Argentina firma en Washington un acuerdo capaz de condicionar el margen de acción de cualquier gobierno futuro: su ingreso a Pax Silica.
Según documentos difundidos por el propio Departamento de Estado estadounidense, Pax Silica es la coalición impulsada por Washington para ordenar, bajo liderazgo norteamericano, la cadena global que alimentará el desarrollo de la inteligencia artificial: minerales críticos, energía, semiconductores, infraestructura y logística.
La Argentina ingresó exactamente la misma semana en que el peronismo discutía, con una intensidad que no tiene para las cuestiones urgentes, quién encabezará una lista en 2027.
El ingreso a esta arquitectura geopolítica probablemente condicione mucho más el margen de maniobra del próximo gobierno que la disputa por una candidatura todavía lejana.
Pax Silica: la geopolítica del cómputo
La coalición nació en diciembre de 2025 por iniciativa del Departamento de Estado. Su principal impulsor fue Jacob Helberg, ex ejecutivo de Palantir y actual subsecretario de Estado para Asuntos Económicos.
La idea que organiza la iniciativa se resume en el viejo sentido común de construcción de poder global que es que quien domina los insumos estratégicos termina condicionando el orden político. Si el siglo XX estuvo estructurado alrededor del petróleo y el acero, el siglo XXI se ordenará alrededor del cómputo, la energía y los minerales críticos.
Al momento de su implementación, fueron siete los países que conforman esta alianza. Ayer, tras la incorporación reciente de la Unión Europea, Alemania, Países Bajos y Grecia (una ampliación que, según informó el Financial Times, encontró fuertes resistencias dentro de Francia por sus implicancias sobre la autonomía estratégica europea), la coalición supera los veinte miembros. Esta semana se incorporan Argentina, Chile, Costa Rica, Kazajistán y Panamá.
Sin embargo, el lugar que ocupa cada país dentro de esta arquitectura no es simétrico. Corea del Sur, Japón, Taiwán y Países Bajos concentran el mayor valor agregado que es la producción de semiconductores.
La división internacional del trabajo aparece, apenas maquillada por la retórica de la innovación. Es el modelo calcado del último siglo donde unos diseñan algoritmos y fabrican chips, y otros aportan territorio, energía y minerales.
La Argentina ingresa en esta arquitectura desde este último lugar.
La advertencia filipina
El caso filipino ofrece un antecedente reciente para observar cómo este tipo de acuerdos empiezan a traducirse en conflictos concretos sobre soberanía, jurisdicción y control territorial.
En abril, Filipinas se incorporó a Pax Silica y aceptó alojar el primer proyecto físico de la coalición el cual consistió en la creación de una Zona de Seguridad Económica sobre la antigua base aérea de Clark destinada a asegurar el suministro de níquel, cobre y cobalto.
Semanas después, el Wall Street Journal reveló que funcionarios estadounidenses plantearon la posibilidad de que el predio opere bajo un régimen jurídico excepcional inspirado en estándares legales norteamericanos. La información desató una fuerte controversia política interna y posteriormente fue relativizada por funcionarios de Washington.
No obstante este episodio dejó expuesta una pregunta más profunda. ¿Quién conserva la jurisdicción efectiva sobre los territorios y las infraestructuras estratégicas creadas bajo este tipo de acuerdos?
Organizaciones campesinas filipinas denunciaron el proyecto como una cesión de soberanía territorial y mineral. Sectores de la izquierda parlamentaria, por su parte, advirtieron sobre el riesgo de que la iniciativa se termine articulando mediante la creciente presencia militar estadounidense en el país.
El analista francés Arnaud Bertrand comparó el mecanismo con el viejo sistema romano de reinos clientes. Una red de pertenencia donde nadie está obligado a ingresar, pero cuya lógica vuelve cada vez más costoso permanecer fuera.
La metáfora puede discutirse, si. Ahora, la esperanza de discutir sobre jurisdicciones pareciera ser ajena en el debate público en un país cómo la Argentina.
Lo que le toca a la Argentina
La Argentina firma esta semana sobre la misma base estructural similar con una promesa a futuro de inversión en infraestructura auspiciada por el SUPER RIGI. Es decir materias primas y energía, y la capacidad tecnológica propia está supeditada a una incierta expectativa de inversiones futuras.
El gobierno presenta el acuerdo como una profundización de la relación estratégica con Estados Unidos y como continuidad del “Instrumento Marco para el Fortalecimiento del Suministro en Minería y Procesamiento de Minerales Críticos” firmado en febrero de este año.
Esa relación estratégica se inscribe, además, en una serie de iniciativas impulsadas recientemente por el Gobierno que parecen orientarse en la misma dirección. Entre ellas se encuentran los memorandos de cooperación en inteligencia artificial suscriptos con el Estado de Israel, el lanzamiento del programa Gemelo Digital Social por parte del Ministerio de Capital Humano y la incorporación de drones de la empresa Shield AI por el Ministerio de Defensa, en el marco de acuerdos de cooperación con el Comando Sur de Estados Unidos.
La discusión sobre soberanía tecnológica ya forma parte de los debates estratégicos de numerosos países. En ese contexto, un general retirado especializado en ciberdefensa, consultado por El Destape, resumió la preocupación con una pregunta sencilla: si un sistema llega completamente encriptado y cerrado, ¿cómo puede verificarse que no posea mecanismos de transferencia de información hacia terceros?
Este especialista sostuvo que la incorporación de estas tecnologías exige auditorías locales, capacidad de inspección y control estatal sobre sus componentes críticos.
En última instancia, la cuestión remite a la clásica discusión de la teoría política sobre el control de las infraestructuras que hacen posible el ejercicio del poder.
La experiencia filipina funciona como una advertencia para una dirigencia incapaz de proyectar las consecuencias de largo plazo. Cuando finalmente se abra el debate sobre quién ejerce la jurisdicción sobre los territorios y las infraestructuras estratégicas surgidas de este tipo de acuerdos, es posible que parte de esas capacidades ya haya quedado fuera del control efectivo del Estado argentino y la política.
Mientras tanto, la interna
El kicillofismo ya marcó la cancha defendiendo la vigencia de las PASO. Máximo rechazó la idea de candidatos “por default” y reclamó centralidad para Cristina en 2027. Trascendió, además, que sectores del kirchnerismo evalúan inscribir a Cristina aún sabiendo que la Justicia electoral podría impugnar su candidatura.
El planteo de Máximo trascendió el carácter de una declaración aislada. Lo expresó durante el banderazo realizado en Parque Lezama bajo la consigna “Cristina Libre”, al cumplirse un año de la detención de la ex presidenta, ante unas quince mil personas y como único orador de la jornada. Allí afirmó que “está muy claro quién debe conducir este proceso político” y apuntó contra quienes hablan de unidad pero “ni siquiera son capaces de ir a verla a San José” para preguntarle cómo está. Axel Kicillof no participó, y entre la militancia camporista se escucharon cánticos en su contra.
La eterna interna convive entre fotos cuidadosamente seleccionadas, tiros por elevación y conductas ingratas propias de estudiantinas adolescentes.
Acá nadie sobra. Cristina sigue siendo la dirigente más importante del peronismo. Máximo expresa una parte real de la militancia. Axel construyó gestión y esperanza al frente de la provincia más castigada del país. Pero hay una cantidad inconmensurable de compañeros que la miran desde afuera. Esos mismos compañeros y compañeras que asisten con liturgia identitaria a las marchas pero que la discusión internista los ha expulsado de los lugares tradicionales de militancia. Compañeros y compañeras quemados en la vorágine de una corporación política que los usó para llenar una planilla de excel o hacer bulto para la foto en negociaciones de escritorio, pero que nunca se sentó con ellos a pensar la Argentina del presente y el futuro.
La etapa que viene exige mecanismos de deliberación más amplios que las decisiones tomadas en círculos reducidos.
Cada vez aparecen más voces dentro del propio espacio que lo plantean abiertamente. Una legisladora cercana al gobernador sintetizó la discusión al afirmar que el próximo candidato no puede surgir de “dos compañeros en una oficina cerrada”.
Mientras tanto, existe un peronismo disperso (muchas veces por fuera de las estructuras tradicionales, otras simplemente desencantado) que observa la escena desde cierta intemperie organizativa.
Perón solía repetir que la organización vence al tiempo. Sucede que el problema es que una parte creciente de nuestros compañeros ya no encuentra dónde organizarse. Y no encuentra dónde hacerlo porque la política muchas veces les ofrece custodiar cargos ajenos y no protagonizar los suyos propios.
Cristina, Máximo y Axel
Desde esta redacción humilde y marrón del oeste del conurbano bonaerense queremos decir, con mucho respeto.
Cristina: Agradecemos todo lo que has logrado para el pueblo durante tus gestiones, nadie pone en duda tu lugar en la historia. Tu palabra sigue siendo decisiva, y por eso pesa tanto cuando falta. Cuando no aclarás cómo debe resolverse la conducción, aparecen compañeros que hablan en tu nombre y utilizan tu figura para abrir o cerrar discusiones o disputas políticas que nunca expresaste con tu propia voz.
Tu liderazgo podría fortalecerse aún más si convocaras a internas limpias, competitivas y movilizadoras. No para ungir un heredero, sino para que el pueblo peronista decida cómo continúa esta historia.
Máximo: tenés derecho a marcar diferencias, y las marcaste frente a miles de compañeros en Parque Lezama. Creemos que el problema no son las diferencias sino el método. Hablarle a Axel mediante actos e ironías amplía una pelea que luego nadie explica frente a la militancia que llenó la plaza convencida de estar allí por la libertad de Cristina. Y eso, quieran o no, es un desgaste de las convicciones y las esperanzas de los que nos sentimos peronistas.
Axel: también necesitás hablar claro. Construir una alternativa nacional propia mientras evitas definir públicamente tu relación política con Cristina y Máximo prolonga una ambigüedad que desorienta tu propio espacio. Una definición pública ayudaría a ordenar expectativas y fortalecer el vínculo con quienes hoy sostienen tu construcción política.
Si existen proyectos distintos, que se presenten, se debatan y se voten. Con debates públicos, posiciones explícitas y dirigentes hablando en nombre propio. Creemos que esas discusiones deben darse de cara a la sociedad. Soñamos con un espacio abierto, transmitido en vivo, donde todos los peronistas y la ciudadanía en general puedan presenciar el debate de ideas y donde las rispideces puedan resolverve in situ.
Tienen un compromiso con la historia, estén a la altura.
La consigna y la calle
Hay además un tema doloroso.
Nos piden levantar la libertad de Cristina como única bandera principal, sin resolver el trasfondo político primero. Sin embargo, las bases siguen esperando una convocatoria concreta para organizarse. Queremos las dos cosas, y no son contradictorias: movilizarnos para romper la proscripción de Cristina y votar en una interna limpia quién conduce la nueva etapa. La movilización popular y la participación democrática forman parte de una misma tradición política y se potencian mutuamente.
Una sin la otra deja incompleta la tarea.
La medida

Antonio Gramsci escribió que la crisis consiste precisamente en que lo viejo no termina de morir y lo nuevo no termina de nacer.
Tal vez el problema argentino sea otro.
Discutimos quién administrará el próximo gobierno mientras las condiciones materiales sobre las que ese gobierno deberá ejercer el poder empiezan a definirse en otra parte. Hay que empezar a hacerse la idea de que aunque un gobierno popular gane en 2027, podría encontrarse con un Estado cuyos datos dependan de corporaciones extranjeras, con infraestructuras críticas diseñadas fuera del país y con recursos estratégicos comprometidos en acuerdos que no negoció.
La experiencia internacional muestra que el control sobre infraestructuras críticas puede convertirse en un mecanismo de condicionamiento efectivo sobre gobiernos futuros.
Se puede discutir candidaturas todo lo que haga falta. Lo que no podemos hacer es discutirlas como si fueran lo único que está sobre la mesa. El riesgo es que cuando queramos acordarnos, esa mesa va a tener otro dueño.




