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Breve historia de una juventud patriótica

Ilustración de tapa: Aureliano Acevedo

“La juventud, a quien corresponderá ese futuro, tiene también la responsabilidad de asegurarlo.”
— Juan D. Perón

Juventud y Patria

Somos hijos de una Patria jovén. Doscientos años de historia no es mucho en perspectiva histórica. Además, la mayoría de nosotros somos nietos, o bisnietos, de inmigrantes. Esto habla de una nación cuya cultura está en constante cambio y formación. Si bien los argentinos tenemos una fuerte identidad cultural, los vaivenes de nuestra Patria demuestran cierta fragilidad de fondo, propia de un proceso de formación.  

La juventud es una edad de pasiones; de vigor, de acción. De ideas fuertes pero también de idas y vueltas. Suele relacionarse la juventud con la pureza o incluso con cierta inocencia. Hay una potente aura en las figuras históricas que fallecen prematuramente que los rodea como una condena a no envejecer jamás; a no haber podido hacerlo. La sonrisa de Evita. La mirada del Che. Hay una canonización de espíritu juvenil cristalizado en sus mártires que definen en perspectiva histórica que significa ser jovén, al menos desde un punto de vista político. Son figuras que, al haber dejado su firma en la historia a tan temprana edad, quedarán en ella como exponentes de las grandes pasiones, las grandes causas, las grandes hazañas de sus épocas.   

Además, la juventud como actor político se ha caracterizado históricamente por ser una fuerza dinámica. Un colectivo que empuja apasionadamente hacía el cambio y actúa como catalizador de las sensibilidades de una época. Muchas veces se confunde a la juventud con la inmediatez, cuando por el contrario uno encuentra en la militancia juvenil una mística y una épica propia de quien no solo tiene poco por perder sino todo por hacer. Y que aún no se ha traicionado a sí mismo. Quizás la muerte no biológica de un jovén militante es afrontar su primer traición

Somos una Patria jovén. Una Patria en formación. Y en el calor de esa construcción, no es casual la conexión entre el calor de la juventud y los procesos que hicieron a nuestra nación en poco más de doscientos años de historia. A lo largo de nuestra historia encontraremos una interminable lista de jóvenes que se lanzaron a hacer Patria, y en esa búsqueda definieron parte de ella

Jóvenes Patriotas en la Historia

Martín Miguel de Güemes, Héroe Gaucho, Prócer Nacional. Con tan solo 21 años, participó en la defensa de Buenos Aires durante las invasiones inglesas y protagonizó un hecho insólito; la captura de un barco inglés por una fuerza de caballería. En 1815, es el primer Gobernador de Salta designado por el cabildo local, respondiendo a un fuerte clamor popular y férreo apoyo de sus tropas gauchas. Tenía en ese entonces apenas 30 años, y en el fervor de su juventud libró con escasos recursos (pero convencido de su patriotismo y con un profundo conocimiento del terreno) una constante guerra de guerrillas deteniendo seis invasiones del ejército realista. Sus fuerzas, “Los Infernales”, eran milicias populares; pequeños productores, arrieros, artesanos, mestizos, indios y esclavos, todos sumados a la causa de la Independencia. Murió a la escasa edad de 36 años, asesinado en una emboscada por tropas españolas, convirtiéndose así en el único general en la historia argentino muerto en combate. Su vida está marcada por ingenio, coraje y bravura, rasgos característicos de aquellos que ingresan al panteón de la historia a una temprana edad. Güemes es un claro ejemplo de heroísmo.

Mariano Moreno, Ideólogo de la Revolución, el Jacobino Porteño. Con apenas 31 años, fue puesto al frente de las Secretarías de Guerra y Gobierno de la Primera Junta el mismo día del 25 de mayo de 1810. Moreno no concebía la Revolución sin radicalidad, y trabajó desesperadamente por la producción y difusión de las ideas políticas que se agitaban en el resto del mundo. Por eso fundó la Biblioteca Nacional, La Gazeta (órgano de prensa de la Revolución de Mayo) y tradujo al castellano la obra de Rousseau. Pero no fue un Jacobino solo en palabras, sino que también se dedicó a promover, organizar y apoyar el ala más revolucionaria de la Primera Junta de Gobierno y sus acciones, como el fusilamiento del depuesto Virrey Liniers. Esto le ganó el desprecio del ala moderada de la Junta, identificándolo rápidamente como un enemigo de aquellos actores que aún veían la posibilidad de negociar con el Imperio Español en el proceso que se abría. En 1811, fue enviado por Saavedra, Presidente de la Junta y parte del ala moderada, en una misión diplomática a Londres. Allí moriría, presuntamente envenenado, condenado por sus ideas con tan solo 32 años. Su vida está marcada por la urgencia de quien intuye que el tiempo es breve y su compromiso con sus ideales fue total. Él mismo sintetizó; “El pueblo no debe contentarse con que sus jefes obren bien; debe aspirar a que nunca puedan obrar mal”. Mariano Moreno fue un idealista en el mejor de los sentidos

José de San Martín, El Libertador, Padre de la Patria. Con tan solo 30 años había alcanzado el rango de Teniente Coronel en las filas del ejército español. Este era el mayor rango al cuál probablemente un hombre nacido en una colonia podría alcanzar en su carrera como oficial de la corona, y seguramente su ambición jugó parte en la decisión de darse vuelta y luchar por el suelo que lo vio nacer. Ambición que no opacaría su causa, pero que demostraría ser indomable en cada paso que daba hacía la emancipación de América. Es por eso que, al ser designado al frente del Ejército de los Andes en 1814, se propuso, con escasos recursos y un deteriorado estado de salud, afrontar la campaña militar más desafiante de la época; el Cruce de los Andes. A pesar de su popularidad y éxito, San Martín rechazó el Poder en cada oportunidad, aunque siempre mantuvo en alto el deseo de superarse en cada paso. No se conformó con ser el estratega clave en la independencia de su Patria, ni cruzar la cordillera, ni liberar tres países. Él estaba convencido de que la liberación era una cuestión continental, causa que lo desvelaría hasta sus últimos días a pesar de la trágica paradoja que acarreó su vida; el Libertador de América pasaría más tiempo viviendo fuera de su Patria que dentro de ella. Su exilio, al cual fue empujado por tensiones políticas y la amenaza pujante de los conflictos internos, lo encontró trabajando hasta el último día por la unidad de sus compatriotas. Hoy podemos decir que esa fue quizás su campaña más desafiante. Aún hoy luchamos por realizar la última ambición de San Martín.       

Estos son tan solo tres ejemplos, extraídos del panteón de próceres nacionales, de jóvenes que se hicieron patriotas. En sus historias podemos divisar tres elementos constitutivos de una auténtica Juventud Patriótica; el heroísmo, el idealismo y la ambición.

En los genuinos actos de heroísmo se encuentra una búsqueda implícita por la trascendencia, propia de aquellos hombres y mujeres que tienen no sólo la vida sino la historia por delante. No es un acto de narcisismo, sino en cambio el desprendimiento del ego, es obrar desprovisto del valor de la propia vida y en cambio exaltando el valor del colectivo al cual uno se debe.    

El idealismo (muchas veces confundido por la ingenuidad) es el ejercicio activo de guiar nuestras acciones por principios y valores inclaudicables. Es anteponer la verdad por sobre la mentira. Y en la búsqueda por la verdad hace falta un profundo pensamiento, no apurado por la inmediatez del presente, sino meditado por una perspectiva histórica.

Y por último la ambición es un elemento fundamental, no solo en la tensión natural entre un poder emergente y un poder establecido, sino en la búsqueda existencial por ser. Por definirse, e imprimirse a uno mismo en la historia. Es el deseo por la victoria y trabajar incansablemente por ella.

En distintos momentos de nuestra historia, existieron jóvenes que encarnaron al máximo estos elementos y dejaron una huella imborrable sobre este suelo. Es importante recordar estos ejemplos, ya que pueden servirnos como guía en momentos de confusión y debilidad como es el presente para todo jovén que busque participar en política por el bien de su Patria. Muchas veces nos preguntamos qué hacer queriendo inventar la pólvora, cuando la historia nos ofrece incontables experiencias de donde extraer las herramientas para salir del laberinto. Herramientas que habrá que saber acondicionar al siglo xxi, pero que en su esencia siguen teniendo algo de valor a la hora de producir política de nuevo. 

Ingresando ya en el siglo xx, existió la Fuerza de Orientación Radical de la Joven Argentina. Un desprendimiento de la UCR que había pasado de ser el partido de Hipolito Yrigoyen a una careta más del régimen del fraude y las botas. Durante la década infame, FORJA divisó un marco teórico que reveló el sistema de dependencia al cual estaba sumido la Argentina de aquel entonces y en muchos sentidos perdura hasta el día de hoy. Estos pensadores no podían tener ni la más mínima sospecha de que años más tarde un coronel del ejército argentino tome sus tesis y las lleve a la práctica cuando le toque ser llevado al poder por las masas obreras. Lo hicieron con esa convicción idealista de que lo único que valía la pena hacer como jóvenes patriotas era desnudar la verdad.

Otro ejemplo es Dardo Cabo. Un auténtico héroe nacional. Jovén Peronista probado en combate. La historia es conocida. El 28 de septiembre de 1966 junto a un grupo de jóvenes asalta un avión de Aerolíneas Argentinas y lo aterriza en las Islas Malvinas. Planta la celeste y blanca en su suelo. No fue cálculo político. Fue heroísmo. No existían chances de tomar en ese acto el poder material sobre las islas, pero fue un gesto que estremeció el alma de cualquier patriota argentino. Un ejemplo comparable de la misma época es el robo del Sable de San Martín por parte de un grupo comando de Juventud Peronista. Fue la épica de una generación que marchaba al combate iluminados por el ejemplo de otro jovén argentino que moría en Bolivia, Ernesto “Che” Guevara

La generación del ‘70 nos deja una experiencia de altísimos niveles de organización y agitación política incluso en su masividad y diversidad. El auge de la Juventud Peronista del año 1973, que venía de quebrar la proscripción de Perón a los tiros y se engordaba durante el gobierno de Cámpora, fue también un ejemplo de (quizás desmedida) ambición política, disputandole la conducción al propio Perón. Fue una experiencia a la cuál uno siempre vuelve y que sin dudas canalizó el espíritu de una época. Aquella JP vive en las canciones que aún cantamos.   

Idealmente, una Juventud Patriótica debería caracterizarse por la exaltación de estos tres elementos y contar con exponentes que los lleven a la práctica concreta. 

Nuestra Generación

Todos los procesos políticos han parido generaciones; hijos del Peronismo, hijos de Malvinas, hijos de la Democracia, hijos del Kirchnerismo. Cada uno de estos hijos tiene un momento como un bautismo, que explica su esencia. A eso le llamamos hito. Cada generación tuvo un hito que la definió; Los cabecitas del 45, la JP del 73, la primavera democrática en los 80 y la rebeldía popular que hizo el 2001, la (resolución) 125 en 2008, son varios hitos de una larga tradición de juventud militante en la Argentina. Podríamos repasar cada uno de estos hitos, pero me interesa fijarme en la ausencia; ¿cuál es el hito de nuestra juventud militante? ¿Acaso es lo más parecido, la asunción de Javier Milei en el 2023?. Tenemos, al menos de este lado, una juventud que está huérfana políticamente, acéfala de liderazgos y carente de sentido. Una juventud que de a poco se va encontrando en la calle luchando contra este gobierno, teniendo en claro por qué, pero quizás no para qué; una juventud convocada a aplaudir hits, pero nunca a escribirlos.

Lamentablemente hay que hacer una aclaración. Lo que hoy más se parece a una juventud militante está en las filas del Libertarianismo. Quizás con confusión. Quizás, en menos casos, con maldad. Pero con sentido de época; con contenido generacional, con estructura sentimental. Pibes que se pusieron al hombro en los kilómetros de La Matanza o detrás de la pantalla de un celular la campaña presidencial más marginal de la historia y ganaron. Esa es la épica libertaria. ¿Hoy quien carajos cruza a nado el Riachuelo por el Peronismo, como alguna vez hicimos? No podemos negar que, aún limados por las internas y esquirlas que va dejando el ejercicio real del poder, “Las Fuerzas del Cielo” son hoy la juventud política más importante del presente. Es una discusión que todo jovén peronista debe dar, y una disputa generacional a la cuál tenemos que dar el presente. 

¿Por qué ellos ganan? Porque interpretan correctamente la discusión grande de la época. ¿El yo, es más fuerte que el nosotros? El Peronismo tuvo sentido porque probó en combate muchas veces que juntos valemos más. Hoy vivimos en una época donde, al menos por ahora, se viene demostrando lo contrario. Pasamos de la época de la movilidad social a la movilidad individual. La Argentina supo ser un país donde un convenio colectivo significaba el ascenso y la mejoría de cientos de miles de personas. Hoy la Argentina es un lugar donde solo te salvas solo; haciendo Uber, haciendo Rappi, emprendiendo, apostando, pero siempre solo. Es esta la triste realidad de millones de argentinos. Triste realidad que debemos ver sin desvíos si pretendemos cambiar.     

¿Por qué nosotros perdemos? En principio, porque hemos deformado la organización. La organización supo ser la herramienta para hacer realidad aquella idea de que unidos valemos más que separados. Para eso, el General Perón nos legó una Doctrina que hizo culto al arte de la conducción política. Posición equidistante tanto del individualismo liberal (donde uno vale por uno), como del centralismo marxista (donde todos valemos por uno). La conducción política peronista es aunar intereses y capacidades detrás de un objetivo compartido. Cuando la organización pasa a ser un techo en lugar de un piso está deformada.  

Si una organización, por su estructura o sus objetivos, coerce a sus integrantes a pensar y actuar por debajo de sus capacidades, entonces tiene más sentido actuar de manera individual. Y ahí es donde el individualismo triunfa. Cómo jóvenes patriotas tenemos la responsabilidad de construir organización basándonos en este principio; la Organización es el espacio donde cada uno puede desarrollar al máximo sus capacidades individuales en función de un horizonte común, y no en el que lo reduce a ser un engranaje más en una máquina para funcionar. Si nosotros, como defensores de la organización por encima del individuo, no entendemos a la organización también como un espacio de realización del individuo, estaremos perdiendo la discusión de nuestra época. 

¿Están hoy las organizaciones del Peronismo preparadas para recibir a los mejores exponentes de esta generación? ¿Es la política considerada hoy por los jóvenes como un camino en la búsqueda heroica y trascendental que a uno lo atraviesa a tan temprana edad? ¿O es acaso la política tradicional algo más parecido a un cuerpo sin alma? 

No podemos permitirnos equivocarnos. La juventud argentina no es estúpida ni cipaya. No es que la juventud no haga Patria, sino que no encuentran en la política partidaria un vehículo para hacerla. Milo J, por tomar un ejemplo de tantos otros jóvenes que hoy exaltan orgullosamente la argentinidad, es un exponente de esta Juventud Patriótica. Un pibe del conurbano cuya obra expresa el sentir de la Argentina marrón y no claudica ni pide permiso en esa búsqueda. Del otro lado de la General Paz, Tomás Rebord habla cada noche para miles y miles de jóvenes que vivieron (y quizás nunca salieron) del aislamiento de la cuarentena y hoy comparten una comunidad que trasciende el plano digital. Su popularidad se explica en parte por decir en voz alta lo que gran parte de la política no puede decir; la verdad. Existe una juventud patriótica y también una política en falta. Es por eso que resulta importantísimo que construyamos un espacio de participación política que logre canalizar las pasiones de estos jóvenes y generar desde esa base un proyecto político para la Argentina del nuevo mundo.
Es válido preguntarnos; ¿Dónde están los Dardo Cabo del Siglo XXI? ¿Dónde encontramos a los exponentes de esta juventud que busca hacer su nombre a la par de la Patria? Es preciso que quienes tenemos esta ambición, pasemos a proponernos ser nosotros. Porque si nos corresponde el futuro, es nuestra responsabilidad asegurarlo. Y así lo haremos, “cueste lo que cueste, y caiga quien caiga”.

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