El padre Rodrigo Vega es el cura de la comunidad de la Virgen de la Asunción, parroquia ubicada en el barrio Carlos Gardel, de El Palomar, Morón. Vive en el barrio desde hace más de veinte años. Su vocación comenzó mucho antes, en Moreno, donde su experiencia no solo de trabajo social, sino de vivencia, lo motivó a seguir su vida dentro de la iglesia y junto al pueblo. Lo conocimos escuchándolo dar misa, como suele hacer, los domingos por la mañana. Al poco tiempo le pedimos esta entrevista para conocer su perspectiva sobre algunos temas, tanto de su experiencia personal, como una reflexión más general de la coyuntura que vivimos los argentinos y el mundo, el papado de Francisco y su contexto siendo una referencia directa o indirecta a lo largo de toda la conversación.
Pensaba que un buen lugar para arrancar sería contarnos un poco de tu trayectoria personal antes de llegar a Carlos Gardel.
Sí, mi familia es de Parque Quirno, Hurlingham. Ahí mi papá y mi mamá participaban de una parroquia, Nuestra Señora de Los Ángeles. Yo estudiaba en un colegio parroquial de la zona. Así que bueno, siempre estuvimos vinculados a la parroquia. Participé en grupos de niños, participé en grupos de adolescentes y después con el colegio armamos un grupo en la parroquia del centro de Hurlingham, que es Sagrado Corazón de Jesús, un grupo de jóvenes. Y ahí con ese grupo empezamos a hacer experiencias de servicio y misión en Moreno, Cuartel Quinto.
En esa época Cuartel Quinto era campo.
Era campo, sí, rural. Nos alojábamos en una escuelita rural y ahí estaban todas las quintas que rodeaban y las familias que trabajaban muy precarias, muy pobres, lo que para mí fue como un segundo impacto. El primer impacto fue cuando tenía 16 años con una hermana religiosa, Pilar. Ella iba al asentamiento que estaba al borde del arroyo de Morón y nos invitaba a ir ahí, como hacíamos actividades con los chicos. Bueno, fue impactante la realidad.
¿Qué año estamos hablando?
Y estamos hablando del '89, '90. En esos años empecé a hacer estas obras de servicio, de misión, le decían, y que también eran actividades de visitar a la familias y después se las convocaba a algunas actividades recreativas de la misa y eso. Yo tenía mi ámbito más personal de oración, de espiritualidad. Y dije, bueno, esto me gusta para mi vida. Entonces empecé a charlar con un cura. Y el cura me dice, bueno, tranqui, vamos a ver. A mi me entusiasmó lo que viví ahí, ver esa realidad, involucrarme. Era jovencito, tenía 17 años, y sentí en esa experiencia que Dios me llamaba, podía sentir que era algo bueno. Después fui profundizando en lo que implicaba la vocación, pero lo primero fue eso. Sentir esa manera de vivir, especialmente con la experiencia de servicio en el asentamiento y después en Moreno me gustó mucho. Por eso también la opción después de venir para Gardel.
A vos lo que te atrae de entrar al seminario es la ayuda al prójimo.
De ayuda y de vivencia, ¿no? O sea, yo lo que sentí es que no era que íbamos a un lugar y nada más, sino de haber estado, haber compartido, haber generado eso me gustó.
¿Cómo llegas al barrio Gardel?
Al terminar el seminario ingreso a la parroquia Nuestra Señora Luján, de Castelar Sur. Ahí estoy cuatro años, los dos primeros años con un cura, dando una mano. El cuarto año el obispo ya iba viendo en qué parroquias podía ir asumiendo. Entonces yo sabía que esto (actual parroquia Virgen de la Asunción) no era parroquia, era una capilla, pero siempre tuvo un sacerdote que venía y se hacía cargo. Y yo sabía que el cura que estaba acá se estaba yendo para otro lado, no era de la diócesis, sino que volvía, había venido a estudiar. Yo ahí le digo al obispo, mira, si necesitas a alguien para Carlos Gardel, yo me ofrezco. Teniendo mi vivencia en el asentamiento y en Cuartel Quinto, siempre me quedó esta cosa de poder entregar un poco de mi vida y de mi tiempo a aquellas personas más pobres. Y sabía que Gardel era algo simbólico dentro de la diócesis, porque no hay un barrio así en otro lado. Entonces el obispo me dice que sí, y me vine a vivir acá. Primero en el fondo de la parroquia, y después de unos años compramos un departamento en el monoblock. Es decir, estoy acá desde el 2004, y del 2005 en adelante viviendo en el barrio.
Si queres contanos un poco la historia de esta parroquia, de la comunidad de la Virgen de la Asunción.
El barrio se empieza a hacer en el año 1969. Es un barrio que Onganía organiza para erradicar las villas de capital y otros lados y toma un modelo francés que hacían en las posguerras de esta edificación. Hacen primero unas casitas más chiquititas acá sobre Gardel, casitas sencillas, pero con cloaca, con luz, con toda esa infraestructura para que vinieran muchos a vivir ahí y después ser trasladados. En ese momento, la gente lo que te cuenta es que participaban mucho de las iglesias centrales. La de Palomar, por ejemplo. Cuando se terminaron los monoblock hay una toma y entonces muchos quedan viviendo en las casitas y no llegan a los departamentos. Ahí empieza a poblarse de forma más masiva. Luego en el año 76 el obispo viene a hacer una misa para dar la comunión y ahí le pide a unos sacerdotes que vivían acá si podían hacerse cargo de organizar la comunidad.
¿A qué le llaman comunidad?
Comunidad le llamamos al grupo de personas que se establece alrededor de una parroquia. No necesariamente con un espacio físico al principio, pero dentro de un territorio. En ese momento, estos sacerdotes convocan a la gente que tienen la misma fe o que venía y se iban organizando, especialmente con dos cosas. La catequesis y la misa. Por eso se toma el 76 como año del comienzo, porque es donde empiezan a celebrar misas en el colegio del barrio. Bueno, un año difícil, ese también, la verdad que cambiaron un montón de cosas. Locuras que venían porque además todos los curas que iban a los barrios más humildes estaban sospechados de cualquier cosa, entonces era complejo también.
Es un momento de la iglesia donde su rol de organizador social está muy presente.
Si, por eso cuando yo hablo de comunidad, me refiero a la comunidad religiosa que se arma, y lo que implica la comunidad barrial, o sea la gente. La gente tenía una práctica de organización común por esto de aprender a vivir en la precariedad, en esa intemperie, y a la vez se va nutriendo de otras organizaciones. La iglesia es una, las sociedades de fomento son otra, los clubes son otra. Digamos, como que los aportan a en ese momento el modelo que tenía en ese momento. Bueno, esto mismo que muchas veces decía Perón, júntense, aunque sea a organizar alrededor de un cajón de manzanas. O sea, el concepto de organización era algo muy popular, muy de la gente que necesitaba juntarse, organizar para poder enfrentar lo que le tocaba enfrentar. En este caso, esa precariedad.
Era una época donde la organización comunitaria era muy fuerte en la Argentina. Lo que llamamos las organizaciones intermedias, o libres del pueblo. La iglesia fue un ordenador y un organizador social importante. ¿Aún lo es?
Es una de las ideas que revitalizó Francisco, que toma en la Argentina particularidades a partir del concilio Vaticano II. La reflexión social pastoral de la Argentina fue donde se forjó Francisco. Él vivió todo esto; lo que era la organización del barrio, lo que era la parroquia como un lugar de identidad. Francisco toma lo esencial del concilio, y entiende que la teología que está de fondo es una teología que tiene que ver con la cultura. Entonces lo comunitario, lo organizacional, solidario, todo eso estaba en esa cultura. Creo que después lo que vino es un oleaje del individualismo, de materialismo, de consumismo, que lo que hizo fue enfriar todo eso culturalmente. Entonces se compró todo eso, y algunas instituciones como la iglesia lo mantuvieron porque es propio de su identidad. No lo separa, cómo Jesús nunca separó. Creo que después los clubes, los sindicatos y otros espacios prestaron un espacio de formación interesantísima. Lo que pasa es que esa oleada de individualismo, de materialismo y de consumismo se metió dentro de esas instituciones y sacó lo peor de cada una.
Lo que decís va un poco de la mano de la idea católica del bien y el mal. No tengo formación eclesiástica, así que toco de oído, pero entiendo que para el catolicismo el mal no es en sí mismo, sino la ausencia del bien. La corrupción del bien, la desviación.
Claro, no es que uno ataque las instituciones en sí. Pero hay que observar cómo esta ola le restó mucho valor a lo que alguna vez fue bueno, o al menos funcionaba mejor que ahora. Entonces hoy está muy fuertemente instalado el que está en un club para hacerse millonario a costa de los vecinos. O el que está en un sindicato para hacerse millonario a costa de los trabajadores. Sin denotar, yo valoro el rol de estas organizaciones, no es que digo que no sirvan, yo creo que sí. La trampa también es tirar tierra sobre algunos malos actores para descalificar al resto. Pero después qué te queda. Yo creo que bueno, a nosotros también como iglesia nos puede pasar y nos ha pasado que por ahí el viento materialista se nos meta, pero bueno, existe la esencia de la iglesia. Defendemos valores propios de nuestra fé. Por eso Francisco, al volver a soplar eso, reavivo las llamas, digamos, de un modelo de iglesia. Él decía siempre, yo vengo a revitalizar, o a desarrollar, lo que el concilio Vaticano II propuso. Eso implicaba que lo esencial de la experiencia religiosa eran los vínculos. Con Dios, entre la gente, con la sociedad amplia, aunque no sea de mí misma fe.
Me contaste alguna vez que la arquitectura de esta parroquia tiene algo que ver con la propuesta del concilio.
Siempre los templos que conocemos tienen mucho que ver con la teología que está detrás. La teología del Vaticano II lo que vuelve a poner es la experiencia de lo común en el centro. Entonces pone en el centro la palabra y la mesa del altar, que son la eucaristía. Por eso, nosotros con la arquitectura de esta pequeña capilla, lo que tratamos de hacer es eso, que sea más vincular. Por eso la forma y la predisposición más circular, más de asamblea, donde nos vemos un poco las caras en torno a la palabra, por eso el amor está en el centro y al altar, a la mesa. La palabra y la mesa son algo cristiano. Tratamos de hacer eso como de poner que la teología del Vaticano II, que era más las comunidades reunidas en torno a la palabra y la eucaristía, y eso se expresa también en la arquitectura.
¿En qué año la construyeron?
En el 2010. Y la particularidad del templo es que lo hizo la gente del barrio. La obra la llevaba un arquitecto, la diseñó un amigo mío, Leonardo Rodrigo.
¿Qué actividades llevan adelante en la parroquia para la comunidad?
Nosotros tenemos los domingos la misa a las 11. Un ratito antes, tenemos un espacio de catequesis para los chicos y un espacio de catequesis para adultos mayores. Y después tenemos de lunes a viernes por la mañana casa Jerusalén, que es un espacio de adultos mayores que abrimos ya hace dos años, están participando ahora unos 30 y pico. Muchos de esos adultos mayores fueron del origen de la comunidad del barrio. Desayunan todos los días y los lunes hacen un almuerzo. Y después tienen taller de música, de juegos, de bordado, están haciendo hora de tejido, de distintas actividades de movimiento adaptado a la edad y todo eso. Después, a partir de las 12 también funciona una escuela primaria de adultos. Es un grupito chiquito, pero que era un profe los ayuda para que terminen la primaria acá. Y por la tarde está lo que se llama casa Belén, que es un espacio de infancia. dónde están participando más o menos 40 chicos y chicas. Algunos vienen de la escuela de la mañana, almuerzan acá a la una y después tienen talleres, distintos talleres, algunos prácticos, otros los que están en talleres de emoción, y juego. A partir de las cuatro y media arranca la merienda. La merienda es un espacio abierto. Cualquier persona del barrio, niño, joven, adulto. Es un espacio muy lindo atendido por algunos de los educadores, las señoras que hacen el voluntariado. Y la verdad que están transitando más o menos en 150 personas. Los sábados tenemos el grupo de catequesis. Y una vez por mes, la reunión de comunidades, que es un espacio abierto, se les invita más que nada a todos los que están prestando algún servicio y vamos decidiendo cosas juntos. Rezamos juntos y decidimos cosas juntos de la comunidad.
Vivís acá en el barrio hace ya 21 años. Quería preguntarte cómo ves el barrio y su evolución en estos últimos años.
En el 2004 todavía estaba el asentamiento, lo que eran las casitas ahí sobre la calle Carlos Gardel, era como una L. Había más o menos unas 600 y pico de familias ahí. Era pasillo. Por eso le decían la Villa Carlos Gardel, porque en realidad primero era un asentamiento, había mucha cuestión de bandas, de enfrentamiento, grupos que tenían negocios con la droga, la venta de la drogas o de autopartes, cosas así. Luego, en el año 2005 empieza a haber un censo desde el municipio y más adelante las obras de infraestructura.
Claro, la urbanización.
Dicen urbanización, me gusta hablar más de integración urbana. Me encanta el término que usan los curas de la capital, de la Pastoral Villera, porque ellos dicen, hay que integrar. La cultura hay que enriquecerla mutuamente. Ellos hablan más de la integración que de la urbanización. Entramar el barrio con el centro.
Está bueno el concepto.
Y bueno, ahí es un momento importantísimo del barrio, la verdad que laburaron. Hubo dos etapas, el Hospital Posadas donó tierras. Se hizo todo un censo, se construyó una primera etapa bastante difícil, muy bien, pero bastante difícil. El municipio fue el ejecutor, y la nación puso los recursos. En un momento la municipalidad se dio cuenta de que había mucha distancia entre la gente y los técnicos. Entonces ahí buscan a Madre Tierra, que es una sociedad civil que nace de Cáritas, y tenía mucho trabajo popular, más que nada en lo que es vivienda. A ellos los invitan a hacer talleres con la gente para planificar juntos la vivienda. Entonces, la segunda etapa fue mucho mejor planificada. Muchos de esos talleres se hicieron acá. Ese tiempo fue un tiempo muy lindo.
Vos eras cura acá cuando pasó eso.
Sí, sí, claro. Y bueno, ahí vivimos otra etapa de mucho crecimiento en el barrio, se empezó con algunas cosas de infraestructura, muy bien. Se notaba el tema de los recursos. Y ahora el presente, yo creo que hay una crisis, una crisis importante.
¿Por qué lo decís?
Yo creo que hoy estamos en un momento muy precario en cuanto a lo económico. Siempre los espacios como Gardel, o Apache, distintos lugares, siempre son en momentos de crisis económica espacios donde la gente se refugia. La gente que de pronto no puede pagar un alquiler o no puede pagar servicios empieza a venir acá y termina hacinado en un departamento con dos o tres familias, o alquilando como está pasando ahora lugares muy precarios. O sea, construcciones muy precarias, cinco paredes, ni siquiera baño tienen. Y es sostén también de las crisis en la cuestión alimentaria. Creo que ahí entra un poco lo que hablábamos antes de la tradición organizativa de los barrios populares. Existen esas redes que en un barrio capaz de clase media baja no existen. Lo difícil de ahora es que hoy además de la sobrepoblación del barrio es la cuestión delictiva. El narco hoy se está diversificando, ya no es solo el que te vende la droga. Puede ser el que te alquila la pieza, el prestamista, está siempre la cuestión de la violencia, es el que te ordena gran parte de la vida acá en el barrio.
El narco está tomando el lugar que la política abandona.
Cuando uno se lo permite florecer, pasa a ser un actor importante.
¿Y hoy cómo ves a la gestión en ese sentido?
Es una situación compleja. Se nota mucho la falta de recursos, comparado a otras épocas. Pero lo más dramático es la cuestión del crimen. Yo creo que hoy es la etapa más oscura de Gardel, en cuanto a la violencia y todo eso. Porque en el fondo, aquellos que manejan las drogas, también terminan penetrando más profundamente en la vida del barrio. Quiero decir, una cosa es un problema de seguridad dentro del barrio, una complicidad de las autoridades. Y otra cosa es una convivencia con las autoridades.
Vos te referís a la relación del narcotráfico con las fuerzas de seguridad. Cómo las fuerzas de seguridad pueden pasar a ser quienes terminan administrando el crimen, más que combatirlo.
Si. Pero eso es más común y más sabido. Yo me refiero a una cooptación más política, en las referencias locales. Entonces, ahí es donde, para mí es una cuestión muy compleja. Ya sea por conveniencia, por complicidad, o quizás por ignorancia. Pero que existe.
Además del avance del narcotráfico, caminando Gardel uno nota una presencia muy fuerte del evangelismo.
Sí, en realidad cuando vine para acá la población era más bien evangélica, se había tenido todo. ¿Por qué? Lo que pasó fue que en los años '80, '90 tomó mucha fuerza el fenómeno de los pabellones evangélicos en las cárceles. Eso aportó mucho al crecimiento del evangelismo. Para mí fue una cuestión de flexibilidad, de lenguaje, hay una cuestión de comprensión distinta.
¿Ves un valor en eso?
No, no se si hay un valor en eso. Si no es una iglesia evangélica seria, hay mucha manipulación, mucho comercio, o sea, sí, creo y tengo buena relación con quienes son serios, aquellas personas que el pastor o la persona se formó. Pero fuera de eso hay un lenguaje que sintoniza con la gente desde otro lado. Yo no lo tengo. ¿Entendés? Yo no tengo ese lenguaje, o sea, yo no tengo el lenguaje de prometer milagros, de prometer progreso económico, ligarlo a Dios. Mi lenguaje es otro. Bueno, como me escuchas cuando venía a la misa, de transformación comunitaria, no personal. En ese sentido el evangelismo es una fe más individualista quizás.
Quería aprovechar la última parte de la entrevista para hablar de política más ampliamente. Ayer hablamos un poco de Francisco. ¿Cuál crees que es el mensaje principal de su obra?
Bueno, primero la claridad con la que él transmite el mensaje de Jesús, o sea, entender que el trabajo de la iglesia es hacia los que sufren, hacia los que están excluidos. Esa claridad de decir, bueno, a todos, pero primero desde acá. Es un magisterio que está centrado en en la dignidad de la persona humana, la dignidad del pueblos, la dignidad de las comunidades. Y viste que habla mucho de lo tecnocrático, como contrapuesto a los valores de la iglesia. Y es interesante porque en el fondo lo que plantea él es que lo tecnocrático saca a la persona humana del centro, digamos, de valor, de interés, y pone en el centro otras cosas, ¿no? Poder, riqueza. Entonces me parece que él, una de las cosas que toma del evangelio es esa. La dignidad de todo el ser humano, pero en especial, empezando por los que están hoy con su dignidad pisada. Y desde ahí dialoga con otros, eso es interesante. Incluso fuera de la iglesia. El verdadero diálogo es con el que piensa distinto, no con el que piensa igual.
¿Ves en Francisco continuidad o ruptura con el resto de la tradición católica hasta ese momento?
Yo creo que hay continuidad con el concilio Vaticano II y su experiencia concreta en la América Latina y en Argentina. O sea, él lleva un magisterio que nosotros habíamos trabajado y elaborado y lo lleva a un nivel universal. En ese sentido la iglesia deja de ser algo muy romanocentrista. El da un aporte, una impronta particular, porque la Argentina tuvo una escuela teológica propia. Él trató de reflexionar sobre la cultura y la realidad argentina y lo llevó a un nivel universal. A la práctica, a lo concreto. Francisco no es teórico. O sea, tiene una fundamentación teórica, pero tiene la práctica. O sea, es palabra y verbo, es palabra y signo.
¿Pensás que la referencia social que marcó Francisco opacó de alguna manera sus enseñanzas más espirituales?
No, como buen jesuita él entiende que la espiritualidad y lo terrenal son elementos que van de la mano. O sea, vos el mensaje no podes separarlo de la práctica real. Él dice; la trascendencia de lo espiritual se da en lo terrenal.
Profundiza en ese concepto.
Claro, Francisco dice que hay una manera de vivir lo terrenal que te ayuda a vivir y a trascender en una espiritualidad. Que es el fondo verdaderamente de la Encarnación, o sea lo que plantea es que Jesús, este hijo Dios que se hace hombre, asume la realidad humana. Y ahí se vive la espiritualidad, no en la desvinculación, sino que lo que transforma es la acción de Dios, del espíritu, el ser humano, y el ser humano transforma el mundo, la historia, todo eso. Entonces, es al revés, él lo que hace es integrar. Viste que tendemos a ser como enfrentados, tendemos a la confrontación, La espiritualidad de Francisco no contrapone, integra. La unidad es superior al conflicto.
¿Ves una continuidad en León XIV?
Claro. Su encíclica plantea esto, ¿no? La grandeza que hay, el desafío que tenemos ahora y la grandeza que hay en la humanidad a dar por Dios. Eso también es muy de San Agustín, San Agustín tiene una mirada positiva, utilizadora del ser humano, digamos. Y creo que también lo que tiene continuidad es que León viene de experiencias muy concretas. No es que fue un obispo de escritores, ¿viste? un burócrata. No, no, no, él viene de la experiencia religiosa con la gente, de acompañar a toda la congregación, visitándola, yendo, conociendo, estando, asumiendo diócesis y después en Perú, como que no, no es teórico. La continuidad está en que me parece que es un hombre también muy con los pies sobre la tierra.
También hace poco el obispo García Cuerda tiene un mensaje muy fuerte hacia la política. Tomando este ejemplo junto al de Francisco, de León XIV, hoy la iglesia católica está tomando un lugar central como bastión de pensamiento humanista frente al avance tecnocrático, ¿te sorprende ver a la iglesia ocupando este lugar? ¿Teniendo posiciones más valientes que la propia política?
No, ya Pablo VI pone mucho énfasis en el humanismo cristiano. Es decir, ya existe hace mucho tiempo una propuesta de humanismo para la sociedad que nace desde el pensamiento cristiano. Después se expresó a través de la doctrina social de la iglesia, con cuestiones que tenían que ver con el sentido del ser humano. Francisco, León, Garcia Cuerva, se apoyan sobre esta tradición. Y es un momento donde a la política le hace falta concepción humana. Se ha vuelto muy funcional todo, muy utilitario, en el peor sentido. Muy materialista. Endogamico. El humano queda fuera de ese sistema. Hoy estamos pasando de los gobiernos nacionales, democráticos, al gobierno en las corporaciones. Plantean que en realidad el poder real está en intereses económicos, y no en la soberanía de un pueblo. Antes, una nación iba concibiendo un sueño, una propuesta. Cuando Perón tiene que dar un vuelco más allá del bienestar social, lo que dice es, armemos una filosofía. Pensemos a la persona argentina y a la familia argentina y a la sociedad argentina, con el trabajo, con el descanso, con la recreación, con la trascendencia. Yo creo que hoy la política no está a la altura.
¿Tenes algún mensaje para jóvenes que quieran participar en política?
Sí, que lo hagan, que se metan, que no los desanime. O sea, que tengan un ideal, pero no entren en una frustración por idealismo. Porque en la política vos navegas como en todas las cuestiones humanas, grises y navegas un montón de cosas que uno puede empezar a gritar en política y tener el gran ideal y después sentir que todo eso se va como frustrando por las cosas que ve, por lo que te dicen y creo que hay que tener claro el sentido. Por qué milita en política o se mete en política. Sí, sí, yo creo que no hay que abandonar eso. No hay que abandonar y es un desafío grande porque hoy implica esto que te decía antes, ¿por dónde va a pasar la cuestión si el poder está en las corporaciones, en el proceso económico? ¿Cómo se sostiene esta dignidad humana en la base de la gente, en lo común del pueblo? Bueno, si, hay que militar, hay que hacerlo. Además otro lugar que voy descubriendo es la justicia. Yo creo que hay que meterse en la justicia.
¿Con justicia te referís al poder judicial?
Si. Militar en la justicia. ¿Por qué no? Yo creo que es de los lugares donde no entró la democracia en un montón de cosas. O sea, uno no generaliza, pero yo creo que tiene que haber gente que tenga una mirada profunda de la justicia verdaderamente que piense en el pueblo, que piense en la gente, que piense. He conocido gente muy valiosa, pero por lo general son lugares muy cerrados, es muy conservador, negativamente. Yo hace diez años le decía a algunos amigos míos o personas que conozco, che, estudia trabajo social, metanse. Bueno, hoy te digo, estudia abogacía, se un buen abogado y métete en la justicia para transformar algo que en el fondo no termina y que tiene un vínculo con todo, con cotidiano de la gente.
Padre Rodrigo: “La trascendencia de lo espiritual se da en lo terrenal”
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