CURADURÍA DOCUMENTAL: MUSEO VIRTUAL JUSTICIALISTA
Los tres documentos conforman un corpus político e histórico de enorme valor para comprender la construcción doctrinaria del primer peronismo, especialmente en torno a las ideas de justicia social, soberanía nacional, organización económica y patriotismo. En ellos puede observarse un hilo conductor: la presentación del peronismo como un movimiento nacional destinado a reorganizar la Argentina sobre nuevas bases sociales, económicas y morales. Tanto en los discursos vinculados a los trabajadores como en aquellos dirigidos a la juventud, Perón plantea una concepción de la política asociada a valores morales de los gobernantes y a la defensa de la Patria frente a intereses foráneos.

“Se me tacha de haber agitado la conciencia obrera del país, de haber creado un problema social que no existía, cuando lo que he hecho ha sido buscar los medios para encontrar soluciones al que se venía ocultando. En vez de ocultarlo, en vez de silenciar las desigualdades y las injusticias sociales, lo he puesto al descubierto para que todos supiéramos dónde estaba el mal y pudiéramos hallar los remedios más convenientes.”
En Las reivindicaciones logradas por los trabajadores argentinos no podrán ser destruidas, discurso pronunciado el 1 de mayo de 1945 cuando Perón era Secretario de Trabajo y Previsión, aparece con claridad uno de los núcleos doctrinarios iniciales del peronismo. El documento explica la necesidad de reorganizar las relaciones entre capital y trabajo mediante una intervención activa del Estado. Allí se sostiene que el problema social argentino no era circunstancial, sino estructural, debido al “desnivel que desde antiguo existía entre las ‘necesidades reales y efectivas de la familia obrera y el nivel de las retribuciones’”. A partir de este diagnóstico, Perón plantea una nueva concepción de la política social, basada en una arquitectura político-jurídica del Estado que permita la protección efectiva de los derechos de los trabajadores, criticando un sistema en el cual ‘el destino económico de los trabajadores estaba exclusivamente en manos de los patrones.
El entonces Coronel Perón redefine el lugar otorgado a los trabajadores en el sistema de producción, afirmando que que son ellos quienes producen la riqueza y esboza una identidad común del pueblo, afirmando que “somos trabajadores y no somos tontos”.
El documento tiene además un fuerte contenido nacionalista y antioligárquico. Perón denuncia a sectores económicos y políticos que intentaban sabotear las conquistas obreras mediante la especulación y la manipulación económica. En este sentido, afirma que “la riqueza de la Nación, extraída del suelo por las duras manos del labriego y elaborada por las callosas manos del obrero, es el patrimonio del pueblo al servicio de su felicidad y de la grandeza material de la patria”. A través de esta frase asienta las bases de una idea fundamental del peronismo: la riqueza nacional no debe beneficiar a minorías privilegiadas sino servir al conjunto de la comunidad organizada.

“Este país (…) que sus relaciones internacionales inseguras y aleatorias marchaban a la deriva según fuera el viento que soplara, a caprichos muchas veces de los voluntariosos que quisieran emprenderla contra la soberanía o la dignidad de la Nación sin que nadie le saliera al paso, lo que nos presentaba en el mundo como a un país de 5.º orden, desconocido e inoperante, cuya palabra no pesaba sino entre sus propias fronteras, en tanto que cualquiera podía entrometerse en los asuntos que nos eran propios con la ayuda misma de algunos malos argentinos que especulaban en provecho personal entregando a girones la libertad e independencia de su Patria.”
En La obra de gobierno y la labor destructiva gradual de los que intentan alterar el orden, publicado en 1947, Perón desarrolla una defensa integral de su gestión pública y presenta al peronismo como una fuerza destinada a restaurar la soberanía nacional y el orden institucional. Desde las primeras páginas, el texto enfatiza una concepción ética y patriótica del gobierno con claros estándares éticos para la tarea de administrar la Nación, incluso con aquellos con los que no tiene coincidencias ideológicas: “siempre he considerado que quienes gobernaban lo hacían de buena fe y con espíritu patriótico”. En esta línea, sostiene que “la única pasión que debe animarlo: la del bien público”. El documento se estructura como una rendición de cuentas dirigida a la ciudadanía realizada por el propio Presidente de la Nación, contrarrestando las campañas de difamación y las operaciones propagandísticas destinadas a desacreditar la obra oficial.
Uno de los conceptos centrales del documento es la defensa de la independencia económica como condición de la soberanía política. Perón contrapone constantemente la Argentina anterior al peronismo, sometida a intereses extranjeros, con la nueva Argentina construida a partir de las nacionalizaciones y la intervención estatal. El Presidente de la Nación afirma que Argentina “ha realizado su absoluta independencia económica cuyo valor moral es inmenso y su valor material inapreciable” y enumera medidas tomadas como la nacionalización del Banco Central, los ferrocarriles, los teléfonos, los puertos y otros servicios estratégicos. La publicación funciona así como una pieza de legitimación política, pero también como un documento de época que refleja el modo en que se articulaba en el seno del peronismo la relación entre economía, soberanía y la patria.

“La historia —es verdad y es justicia— no es historia— ha debido reconocer el extraordinario valor de San Martín frente a la confabulación de los otros.”
A modo de cierre, el folleto denominado Perón habla para la juventud argentina, publicado en 1950 durante el “Año del Libertador General San Martín”, posee un carácter pedagógico y patriótico. Alejándose de los típicos discursos políticos, Perón rinde homenaje a San Martín, utilizando la figura del libertador como modelo moral y político para los jovenes estudiantes argentinos. Desde el inicio, Perón define a San Martín como “el arquetipo de nuestra nacionalidad” y “el más grande de los argentinos”. El documento constituye una fuente fundamental para el trazado de una continuidad histórica entre la proeza del padre de la patria y la revolución justicialista.
Para ello presenta a San Martín no solamente como un héroe militar, sino como “el hombre de una causa: la causa de la Patria”. A lo largo del discurso, Perón contrapone permanentemente a los “hombres fuertes” comprometidos con la Nación frente a los “hombres flojos” asociados a la dependencia extranjera. La evocación sanmartiniana funciona entonces como una lección política dirigida a las nuevas generaciones: el patriotismo aparece ligado a la honestidad, la lealtad a la Nación y la capacidad de enfrentar la adversidad sin ceder intereses foráneos o individuales.
En su conjunto, los tres documentos permiten observar la construcción de una misma matriz ideológica entre 1945 y 1950. En todos aparece la idea de una nación amenazada por el poder económico, contrario al interés de la Patría. Primero, contra aquellos que pretenden destruir las reinvidicaciones del pueblo trabajador. Segundo, analizando los gobiernos entreguistas y la dependencia económica de los sectores opositores. Por último; deja bien claro que los hombres “flojos” son aquellos que pretenden resignar la soberanía nacional.
También existe una fuerte continuidad en la valoración moral de la política. Los documentos exaltan conceptos como disciplina, verdad, justicia y patriotismo. La figura de San Martín, la defensa de los trabajadores y la nacionalización de la economía aparecen integradas dentro de una misma narrativa histórica: la construcción de una Nación soberana y socialmente justa. Así, estos textos no sólo poseen valor documental por registrar discursos y debates centrales del período, sino también porque expresan con claridad la forma en que el peronismo elaboró su propia identidad histórica y doctrinaria, vinculando la cuestión nacional con la justicia social y el protagonismo popular.


