Escribo esto en plena semana de Mayo, en el auge del otoño con sus días fríos y nublados. En Avenida de Mayo, un lugar que hoy en día se escucha la voz de Emova anunciando la demora del subte cuando hace más de 200 años se escuchaba las voces de nuestros próceres que conformaron la Primera Junta. La patria cómo concepto florece en este territorio el 25 de mayo de 1810 ante la destitución del virrey español Cisneros conformándose el primer gobierno patrio autónomo. Luego de todo este proceso se producen los choques de intereses para la consolidación de este mismo gobierno, llegando así a 1816 donde los representantes de las Provincias Unidas del Río de la Plata firmaron el Acta de Declaración de la Independencia, rompiendo la dependencia política con la monarquía española y dando inicio a los conflictos internos sobre la forma en la que iba a organizarse el país con el conflicto de unitarios y federales. Conflicto que ¿termina? por causa de la Batalla de Caseros y el dictado de la Constitución Nacional en 1853.
En la actualidad uno puede hacer una encuesta en las zonas más centrales del país, donde transitan muchísimas personas y preguntarles ¿qué significa la patria? cada uno va a tener una respuesta distinta y sin saber -en muchos casos- van a llegar a la misma conclusión: para unos la patria es identidad, para otros es memoria y un legado y para varios es un sentido de solidaridad, la familia y el lugar donde uno puede concretar sus sueños.
Buscando una definición que prescinda de cualquier sentimentalismo, la RAE nos dice que patria es la “tierra natal o adoptiva ordenada como nación, a la que se siente ligado el ser humano por vínculos jurídicos, históricos y afectivos.”
Desmenuzando esta definición, podemos observar que además de ser un lugar, un territorio o una tierra este ser humano no se encuentra nunca solo y la patria le hace compartir un vínculo, tanto emocional cómo cultural con el otro. Un vínculo que no solo nos une al territorio sino a lo afectivo. Para Borges la patria son tantas cosas que termina siendo nada. En un poema llamado “Oda a la Patria” el autor señala:
“La patria, amigos, es un acto perpetuo como el perpetuo mundo…. nadie es la patria, pero todos lo somos”.
La patria termina siendo un acto colectivo, que se vive permanentemente. Y no solo eso, sino que somos todos, hasta la persona que más odiamos, el que piensa diferente, nuestros rivales o enemigos. No excluye a nadie, es un acto, constituye un hacer. No es un slogan ni un dicho, es una acción.
Y por último, menciona el deber patriótico que tiene una sociedad con sus héroes:
“Somos el porvenir de esos varones,
la justificación de aquellos muertos;
nuestro deber es la gloriosa carga
que a nuestra sombra legan esas sombras
que debemos salvar”
En estas líneas se puede esbozar la defensa de un futuro comunitario ¿Que le debe la sociedad a sus héroes? ¿Cómo podemos justificar aquellas muertes? ¿Cómo podemos llevar la carga de esas sombras que debemos salvar?
La marcha peronista intenta elaborar una respuesta persiguiendo una meta que debería realizar todo Estado: “Por esa Argentina grande con que San Martín soñó” simbolizado en una Argentina para los argentinos. El tema es que la política no se constituye por cómo la sociedad debería ser, no existen buenos y malos. La política es un ejercicio pragmático basado en cómo mantener el discurso estatal, la racionalidad práctica y esto tiene que ver en la forma que pensamos la patria.
Los Estados no sólo administran los recursos, administran las ideas. Dichas ideas -sean liberales, progresistas o conservadoras- necesitan de una fuerza necesaria para sostenerla. Un Estado con buen ejercicio de poder sabe imponer determinada idea o concepto a la sociedad. Desde decir que Buenos Aires es una ciudad europea o que la única patria grande es la que puede hacer Argentina con sus “hermanos” latinoamericanos. El Estado mismo necesita una justificación para su ejercicio y construcción de poder.
La noción de patria tiene que ver con todo esto. La frase “hacer patria” puede tener distintos significados dependiendo del gobierno que estemos hablando. El motor para llevar a cabo esto es la acumulación de consenso, lograr que las personas estén de acuerdo con la idea que quiere imponer el gobierno. El que logra esto maneja el sentido común, el boca en boca, lo que se habla en las calles y la famosa “opinión del pueblo”; luego volveremos a hablar sobre este asunto.
Cómo puntapié inicial a este tema me pareció importante diferenciar de qué manera se celebró el Centenario y el Bicentenario de la Revolución de Mayo. Que entendió cada gobierno por lo “patriótico”, que modelo se pretendía y cómo moldearon sus ideas al sentido común teniendo la posibilidad de conmemorar un hito histórico que ya tiene más de 216 años.
La celebración del Centenario de 1910
La celebración de los 100 años del 25 de mayo de 1810 se da en un periodo de inestabilidad política. Argentina estaba gobernada por un sistema conservador y elitista, todavía las masas no tenían una involucración política en un sistema que se usaba el fraude como herramienta de llegada al gobierno. El concepto de patria era bastante primitivo, no se definía lo argentino cómo tal. La lectura en esta época era que el país estaba despoblado y la búsqueda de inmigrantes europeos era indispensable para la construcción de algo propio.
Aquella élite oligárquica no tuvo los resultados esperados; los inmigrantes que vinieron al país traían ideas socialistas y anarquistas; alentando a las protestas y/o atentados sin tener la idea del “progreso” que esperaba la generación del 80.
¿Cual era la búsqueda que tenía esta élite con celebrar el 25 de mayo? ¿Qué entendía por patria y cómo buscaba influenciar esta idea en el imaginario social?
Puede haber más de una respuesta, lo que puede afirmarse es que la intención de esta élite era que el país se diera a conocer al mundo. La visita de distintos ilustres de países extranjeros y la impresión que estos podían llevarse de Buenos Aires era la justificación para celebrar el centenario del 25 de mayo, buscando instalar la idea de la ciudad europea.
Muy lejos de cómo lo pensamos hoy en día, el concepto de patria en esta época dejaba de lado a las clases populares. En una sociedad que estaba lejos de hablar de derechos laborales y enfrentaba la represión del Estado.
Los festejos del centenario significan un aprovechamiento político de un acontecimiento histórico por parte de la elite oligárquica, mostrándole al mundo el “éxito” de la clase terrateniente con el modelo agroexportador.
La celebración de 1910 buscó fijar una tradición propia, queriendo instalar su definición de patria al ideario social, con la intención de fijar un discurso que pueda ser transmitido a otras generaciones.
Una construcción de sentido común que fue simplemente la expresión de la clase terrateniente, con una distribución de la riqueza desigual e injusta.
Los escritos de Bartolome Mitre tuvieron una influencia decisiva en la forma de pensar de la clase terrateniente, teniendo en cuenta un enfoque político liberal y la exclusión de los sectores populares, demonizando a los caudillos de la provincia.
El manejo ideológico del 25 de mayo, aquella manipulación que se dio en el Centenario sobre los ideales de Mayo es fruto de imponer su propia concepción, no solo de patria, sino de país.
La celebración del Bicentenario de 2010
Pasó mucho tiempo desde la celebración del Centenario. En el medio ocurrieron millones de cosas; el voto universal obligatorio, la incorporación de los trabajadores al escenario político, seis golpes de estado, desapariciones forzadas de personas, la vuelta de la democracia, el menemismo, la crisis de la representación política en 2001 y tantas cosas más.
Un escenario radicalmente distinto si tomamos en comparación el gobierno de Figueroa Alcorta en 1910. Un gobierno elegido por el pueblo orquestó una fiesta en plena Plaza de Mayo llena de gente, y lo importante que cabe destacar es que no fue encolumnada solo por las organizaciones políticas sino por personas que genuinamente se acercaban a presenciar el festejo de la patria. Se festejaron los cinco días y en total fueron 6 millones de personas a recorrer la Av. 9 de julio en esos tiempos.
La presidencia en ese entonces comandada por Cristina Fernandez de Kirchner contó con la presencia de siete mandatarios sudamericanos, mostrando un signo de hermandad regional, la famosa “Patria Grande”. Y no fue una celebración que se dió solamente en Capital Federal, se dió en todas las provincias, teniendo un carácter federal. Una conmemoración que unió a todos los argentinos.
El término patria en este gobierno fue concebido cómo la patria es el otro. Frase dicha por Arturo Jauretche y replicada por el gobierno kirchnerista como slogan en 2013, no sólo cambió radicalmente la concepción que se tenía en 1910 sino que pasó a tener un sentido de solidaridad nacional, no fue solo el concepto sobre la pertenencia a determinado territorio, que además se construye y se vive a través de las relaciones entre las personas. La patria con ese otro es solidaridad, empatía y compromiso con el prójimo siendo para este gobierno un pilar fundamental para el desarrollo de una nación. Abordando este tema con discursos que señalan la importancia de una independencia económica y una democracia real.

¿Qué pasa en la actualidad?
Es difícil entender qué es lo que sucede hoy en día. Vivimos tiempos grises, donde no se entiende hacía dónde va el mundo. Hace 26 años empezó el siglo XXI y los cambios y/o procesos históricos son cada vez más rápidos y no se termina de entender hacía dónde estamos viajando. En estos 26 años vivimos una crisis de la representación política, 12 años de un gobierno peronista que instaló un modelo de país combinado con un orgullo latinoamericano, el ingreso de la derecha moderada en 2015, un gobierno peronista que fracasó en el ejercicio de la toma de decisiones y el actual gobierno de Milei con un modelo economico absolutamente dependiente a la ordenanza norteamericana. En pleno 2026 es impensado que vuelva a ocurrir lo que pasó en 2010, y solo hay 16 años de diferencia.
Quizás la pregunta esté mal formulada. Todavía no hay una respuesta para saber que pasa en la actualidad pero si hay más preguntas para responder; ¿Por qué nos pasa esto?
Hay una generación que ya está involucrada en la política, de hecho en este país el deber cívico empieza optativamente a los 16 años. Impensado para otros tiempos, ese joven de 16 años vive en un contexto rotundamente distinto a los pibes que en 2010 tenían esa corta edad.
La aparición del smartphone cómo primer aparato tecnológico que nos posibilita entrar a una red social abrió la puerta para que la opinión pública esté expresada en 140 caracteres. Siendo un medio de difusión que ni el propio gobierno tiene el control ni siquiera el éxito está garantizado. Actualmente se habla de generar consensos, que esa patria que tiene 216 años pueda establecer puntos de vista en común para un proyecto de país. Ninguno tiene dudas de esto, es inviable vivir siempre en dos polos y que todos los temas sean motivo de una ofensa o una agresión.
Ello nos llevó a que conceptos tan nobles cómo la patria, la justicia o el pueblo queden completamente desdibujados y tengan un uso distinto según quién nos está dando el mensaje. Y la crisis que se da en estos términos es que no logran imponer su hegemonía en estos discursos, es decir, no hay un poder de convencimiento para creer que hoy la patria, el pueblo y la justicia son lo que nuestros representantes creen que significa.
En 2010 la figura de lo argentino era una bandera profundamente política, y con orgullo de que así fuera. 16 años después se le echa la culpa a la política de maltratar lo argentino. El pueblo no vuelve a creer en la política o lo toma cómo una mala palabra. Mientras que la respuesta de este lado es defender instituciones que cada vez están más alejadas del pueblo que decimos defender.
Los medios digitales y la concepción de la patria
Cómo se señaló anteriormente en esta misma nota, hoy un celular te permite expresar tu afinidad política, desde el carisma, la seriedad, la bronca o el enojo. Pero es un medio para hablarle a otro, alguien que vive en tu mismo país, que comparte el territorio y probablemente ciertas cuestiones afectivas con Argentina. Hoy es más fácil ver un Tik Tok o un corto de un reel de instagram que nos explique en menos de 2 minutos que fue la Revolución de Mayo, que es la patria o que fue la Primera Junta.
La clase política cuenta con un medio que es el quíntuple de poderoso para comunicar, expresar e imponer su hegemonía, su forma de ver el mundo o de concebir un sentido común. Esto no es bueno ni malo. Lo que se debe hacer no sirve tanto si queremos encontrar la manera efectiva del ejercicio de poder.
Para plasmar todo esto, no es redituable quejarse o hablar de lo peligroso que son las redes sociales. La herramienta existe y es utilizada por muchos dirigentes políticos que entienden que hacer política digital es la manera más fresca y atractiva de hacer política.
Hoy no sirve sólo hacer un “timbreo” para hablar con los vecinos, sirve hablarle al algoritmo que permite mostrar contenidos alineados con las creencias de ese sujeto que tiene el celular. Es una forma de entender qué personales cómo Trump o Giorgia Miloni tienen la facilidad para hablarle a su pueblo. Provoca un sentimiento, un “ganas de hacer algo” mientras que nuestra clase política cada vez genera “ganas de hacer nada”
Con esto no estoy diciendo que lo territorial no sirve, de hecho es una gran pata que tiene la política, pero no es la única. Hasta que no lo entendamos el movimiento nacional y popular dejará de hablarle a gran parte de la audiencia, expresándose en los lugares donde están las personas que piensan cómo ellos.
Hoy un acto organizado por dirigentes y lleno de militantes que asistieron ahí simplemente porque se los dijo su responsable, no tiene utilidad. Hay que dejar de hablarle a los propios y empezar a hablarle a los que no piensan cómo uno.
X.com genera una comunidad, un grupo de personas que piensan cómo uno, fanáticos de un tipo que pone una cámara y habla al micrófono o de una banda que simplemente sube los videos en formato vertical para que la canción tenga más éxito. Se interactúa, la gente se conoce por redes sociales, generan amistades o a veces noviazgos. A lo que voy: hay cosas que pasan ahí, hay movimiento, conflicto y poder.
Hablar del 25 de mayo no tiene que ser una costumbre por una insignia vacía, tiene que ser la excusa. Aquella generación que logró el primer gobierno autónomo pretendía la independencia política, una economía fuerte y la defensa del territorio. Entre otras cosas son esas las preguntas que la dirigencia política del peronismo tiene cómo tarea estos años. Los medios sobran; no está solamente la televisión cómo método para convencer a alguien en una cena familiar donde miran 678 o a Lanata, ahora todos tenemos al medio al alcance de abrir una aplicación, y vamos a seguir consumiendo un contenido similar con el mismo mensaje si damos un “me gusta” a videos que van con la misma línea. No nos aparece por arte de magia, nos intercepta, nos baja línea y pasamos a ser objeto de información.
Insisto con la misma lógica, no es nada bueno ni malo, son los procesos históricos que nos tocan vivir y es parte de la responsabilidad del peronismo asumir que no se puede hacer política con la misma lógica del 2010. En los tiempos que corren es imposible imaginarse una plaza con más de seis millones de personas o que la gran mayoría de las personas piensen que la patria sigue siendo el otro.
Para que haya un mensaje debe haber un receptor y estas dos cosas no se conciben si no existe un medio. Es en el medio donde el peronismo tiene que expresar su idea, que pretende y cómo quiere formar un sentido común. Sin mensaje y sin receptor no queda nada, solo un prejuicio que tiene ese receptor sobre la idea que tiene sobre los conceptos que fueron mencionados anteriormente ¿Querés formar sentido común? Anda donde se esté dando la discusión, la resistencia no solo está en el territorio, está en lo digital.
Si hoy se asocia al peronismo cómo un interventor estatal que no permite la llegada de capitales extranjeros o que no puede manejar la macroeconomía sin llegar al déficit financiero es porque existió otro grupo de poder que logró imponer eso en el sentido común. Pasó a ser más una pose estética del chori y la coca y no una forma de concebir al mundo aplicando el ejercicio del poder. Para salir de esta disyuntiva es imprescindible hablarle a esa audiencia, actualizar la organización buscando el interés de una sociedad que vive el aceleracionismo.
En las redes sociales existen miles de comunidades, todos buscan al ídolo en el cúal depositar su idealización imaginando algún día ser él o fijándose la manera más rápida de hacer plata. Y estas mismas comunidades construidas genuinamente están por fuera de lo político, tienen sus modismos, sus códigos y sus propias reglas. “El Estado te salva” pasó a ser de una frase cabecera para una campaña política a un slogan vacío lleno de telarañas.
Miles de jóvenes buscan un mejor futuro fuera de Argentina priorizando una estabilidad económica por sobre el afecto a sus familiares, teniendo más peso ser un extranjero en un país ajeno a ser un nacional en un país propio. “La patria no se vende” pero el representante de esa patria sí. “La patria es el otro” pero ese otro detesta haber nacido en Latinoamérica y tiene bronca por justa razón “Patria sí, colonia no” pero los fracasos económicos son de hace más de 10 años y la dependencia con el FMI parece durar mucho más.
Para volver a los ideales de Mayo y a esa “Argentina grande con que San Martín soñó” son ineludibles hechos en vez de consignas y para ello, primero tenemos que hablarle a la audiencia, a ese lugar que el peronismo no habló, a ese espacio vacío donde se concentra la opinión pública y la generación de sentido común. Solo ahí se encontrará sentido y el orgullo de defender lo propio.


