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No se entiende el menú pero la salsa abunda

La Argentina como tablero estratégico: una lectura crítica del plan económico desde la teoría de juegos

Desde diciembre de 2023, el gobierno de Javier Milei viene ejecutando uno de los experimentos económicos más disruptivos de la historia reciente argentina, que al mismo tiempo, resulta igual de desconcertante. Mientras sus defensores lo presentan como el único camino posible hacia la estabilidad macroeconómica, sus detractores lo consideran una estrategia de ajuste más, cuyos costos sociales podrían superar sus beneficios, entre otros ingredientes.

Sin embargo, existe otra forma de analizar el fenómeno: observarlo como un complejo juego estratégico donde cada decisión económica modifica los incentivos de actores políticos, empresariales y sociales. De frente a ese escenario cabe, en principio, hacer algunas observaciones: definir quienes están jugando el juego y por qué, cuáles son los incentivos en disputa, cómo cada movimiento modifica la estructura, las reglas y cómo queda configurado el tablero a futuro.

La teoría de juegos ofrece herramientas particularmente útiles para comprender este proceso porque permite analizar no sólo qué decisiones toma cada actor, sino por qué las toma y cómo responden los demás. Entonces, a la hora de preguntarse si la propuesta es buena o mala, o si apruebo o rechazo tal proyecto, quizás hay mayor tino en cuestionarse ¿qué otras propuestas se vuelven posibles si se aprueba ésta? ¿Qué posición futura crea este proyecto dentro del sistema? 

El gobierno nacional a lo largo de estos años ha tomado decisiones audaces, eso es indudable, con el fin de acomodar el escenario macroeconómico, aún en desmedro de la calidad de vida de gran parte de la sociedad, amparado en la promesa de que al sacrificio de ahora procederá un futuro estable y venturoso para todos los argentinos, sin embargo, lejos de mantener la línea con las pretéritas arengas electorales que le dieron el lugar que ocupan hoy, nuestros dirigentes insisten en acciones contradictorias que atentan contra la estructura institucional, incumplen de manera ¿caprichosa? con leyes de financiamiento ratificadas en el Congreso, defienden y mantienen personas en el ojo de escándalos por malversación, enriquecimiento ilícito o negocios con el narcotráfico. Ahora, ¿es esto inocente? ¿es de poca pericia? ¿o es en cambio una cortina de humo?

¿que se teje mientras los medios muestran la cascada de Adorni?¿Qué bloques se acomodan demorando los pagos en educación, discapacidad o jubilaciones?¿Qué pasa con las no emisiones monetarias mentirosas para amordazar la inflación?¿Quién se beneficia con las sí emisiones en M3 y el ping pong de bonos entre el Tesoro y el Central?

Existe una diferencia notable entre jugar dentro de las reglas establecidas y alterar las reglas mismas. Ahora, ¿para qué alterar las reglas? La respuesta si no es del todo clara, al menos es el indicio de que hay razones de mayor peso y que pagan el costo político de cambiarlas. Normalmente está asociado a buscar aumentar la capacidad de influencia a futuro. En lugar de discutir proyectos de manera aislada, lo que el gobierno intenta es construir nuevas capacidades, procedimientos o precedentes que le otorguen más poder a largo plazo. Así, los proyectos de alto consenso potenciados con una buena narrativa que acompañe el sentido común funcionan como la puerta de entrada: todos queremos un país estable, una macro ordenada, tener trabajo, seguridad e ingresos suficientes. El menú no se entiende bien de qué va, pero al menos sí tiene buena pinta y suficiente aderezo.

Hace unos años mientras vivía en Tucumán, una buena mujer me ofreció una porción de una tarta dulce, nada parecido a lo que yo hubiera visto antes, a lo que procedí a preguntar de qué era el relleno. La señora me dijo que primero mejor la probara, para que decidiera si era o no de mi agrado.Y que luego me diría cuales eran los ingredientes, Confié y comí. 

Tenía un agradable sabor especiado, suave y dulce. Entonces me enteré de que estaba hecha de carne de cerdo, una inusual y exquisita tarta dulce de carne de cerdo. Pero admito que difícilmente la habría probado si hubiera sabido eso con antelación. En fin, como diría Diego, ya la tenía adentro

Y así funciona la estrategia de la que hoy nos ocupamos, un primer paso consiste en avanzar con muchas cosas de  una sola vez, como ocurrió con la ley de Bases, que se trataba de un pool de leyes muchas de las cuales se sabía de antemano que eran controversiales e impracticables, pero su primer impacto genera desconcierto. A continuación, aprovechar lo que genere acuerdos mayoritarios para preparar estratégicamente el campo para lo que resulte difícil de digerir, esto tiene dos objetivos, implementar cambios preparatorios o distractivos, y a modo de medir o explorar el terreno.

A esta estrategia se la conoce como salami slicing o cortar el salame, nadie se come un salame entero de un bocado, pero presentarlo en el plato de una vez genera el primer acuerdo: cortarlo en fetas. Luego cada feta por separado es mucho más fácil de ingerir.

En este proceso es clave no perder de vista el panorama completo, y desde lo político no analizar las jugadas individuales sino toda la secuencia completa y observar cómo queda configurado el campo de juego.

El problema de credibilidad y la herencia de un jugador poco confiable

La economía argentina arrastra un problema histórico de credibilidad.

Durante décadas, distintos gobiernos prometieron disciplina fiscal, estabilidad monetaria, seguridad jurídica y reglas previsibles. Sin embargo, crisis recurrentes, cambios regulatorios, controles de capitales, reestructuraciones de deuda y aceleraciones inflacionarias generaron una percepción persistente: las reglas del juego podían modificarse en cualquier momento.

Esto constituye un problema clásico de compromiso creíble, la tan conocida incertidumbre que deviene de la inestabilidad de modelos y reglas poco claras.

Cuando un jugador acumula antecedentes de incumplimiento, los demás actores dejan de creer en sus promesas futuras, y esto representa un gran problema.

En ese esquema, la principal apuesta del gobierno consiste precisamente en resolver este problema mediante señales extremas y costosas: ajuste fiscal, reducción del gasto público, freno a la emisión monetaria y reformas estructurales.

La lógica es sencilla. Si el costo político de estas medidas es elevado y aun así el gobierno las sostiene, los demás jugadores pueden interpretar que existe un compromiso genuino con el nuevo rumbo. Y este es justamente el argumento que esgrime el oficialismo, contrastar las experiencias pasadas con una aparente consistencia de modelo apelando a diferentes mecanismos para controlar indicadores, discurso y gestionar incentivos. El problema es que a pesar de las señales que el gobierno envía, el modelo y el personal que utiliza son los mismos que durante años saquearon el país. Los apellidos de las aristocracias colonialistas de siempre son los que rebuznan y corcovean para deshacerse de la montura de responsabilidades que vivir en democracia supone, intentando siempre volver al cauce del entreguismo apátrida para regodearse de todo el poder que puedan acumular. 

El superávit fiscal como mecanismo de señalización

Una señal resulta creíble cuando es suficientemente costosa como para que otros jugadores no puedan imitarla fácilmente, y el superávit fiscal opera como una de esas señales. El gobierno intenta demostrar que abandonó definitivamente la lógica de financiar desequilibrios mediante emisión monetaria. La desaceleración inflacionaria fortalece esta narrativa y genera un círculo virtuoso de expectativas positivas. Todo marcha acorde al plan. Pero si miramos con un poco de atención, nos damos cuenta de que la respuesta a esa señal por parte de la sociedad se traduce en reclamos por recomposición salarial, resistencia a las reformas, pérdida de puestos de trabajo, degradación de la calidad del empleo, negocios que desaparecen, crecimiento de la informalidad, precios que no dejan de aumentar en un contexto de supuesta inflación contenida, etc. Entonces aquí emerge una tensión crítica y un interrogante: ¿La señal es para la sociedad argentina? o, en su defecto, ¿qué mensaje se quiere dar y a quién se intenta anoticiar?.

La consolidación fiscal no es un objetivo neutro. Supone redistribuir costos entre distintos grupos sociales. Jubilados, empleados públicos, universidades, provincias, beneficiarios de programas sociales y sectores dependientes del gasto estatal, por un lado, y grupos sociales de mayor poder adquisitivo y que concentran mayores porciones de poder y capital, experimentan impactos diferentes. La diferencia es que éstos últimos influyen sobre la agenda política, manejan el poder real y son los verdaderos beneficiarios de los recursos del Estado, con lo cual supone cierta lógica apañar un Galperín y apalear a un jubilado.

La pregunta estratégica sería si los beneficios futuros compensarán los costos presentes antes de que se erosione el apoyo político necesario para sostener el programa. Y como apéndices, ¿qué beneficios futuros y para quiénes?¿Qué apoyo político es necesario proteger de la erosión para sostener el programa, el de la sociedad en general o de un pequeño sector de ella?

El juego de la gallina entre el gobierno y las corporaciones tradicionales

Uno de los conceptos más interesantes para interpretar la dinámica política actual es el llamado “juego de la gallina”. El escenario es simple, dos conductores avanzan a gran velocidad uno hacia el otro. El primero que gira evita la colisión, pero queda como el perdedor, “la gallina”. Si ninguno gira, ambos chocan.

Si bien esta partida tiene el aspecto de la irracionalidad adolescente, buena parte de la relación entre el gobierno y actores tradicionales del poder argentino parece responder a esta lógica. Sindicatos, organizaciones sociales, gobernadores, empresas reguladas y sectores de la burocracia estatal enfrentan un mensaje explícito: las condiciones anteriores no volverán. El gobierno apuesta a demostrar que está dispuesto a soportar altos costos políticos antes que retroceder. Y aquí surge la primera estrategia para ganar la pulseada, uno debe convencer al otro que está dispuesto a todo para continuar en el camino, es deshacerse del volante a la vista de todos. Parte de esas demostraciones son desoír la ley continuando adelante con el desfinanciamiento en educación y salud, por ejemplo. La otra opción es fingir irracionalidad, y para esto no tengo mejores ejemplos que la propia figura del presidente Javier Milei.

La estrategia funciona mientras los demás jugadores crean que efectivamente no habrá marcha atrás. Pero si alguno de ellos concluye que el gobierno no podrá sostener indefinidamente el conflicto, los incentivos cambian y la confrontación puede intensificarse.

Por eso, el mayor error no está en decidir si mantenerse en el camino o volantear para salvarse, sino en jugar el juego propuesto. Y en el peor de los casos, ya en el camino, hay que dejar de mirar el evento por delante, hacerse cargo de las consecuencias, e intentar visualizar el panorama completo para generar nuevas partidas, mejores opciones y obligar al oponente a jugar un juego más largo. Esa ha sido la responsabilidad histórica de los organismos encargados de representar y proteger los derechos de los ciudadanos.

Muchos ingredientes, poca creatividad y (ning)una receta

Una de las tácticas más sorprendentes para conseguir comida en algunas regiones del centro de África por parte de las tribus cazadoras que allí viven, consiste paradójicamente en no cazar, sino esperar que las leonas lo hagan. Una vez que la manada está reunida alrededor del cadáver, el grupo de cazadores irrumpe sorpresivamente con gritos y agitando ramas, los leones huyen espantados y confundidos en todas direcciones y aprovechando la confusión, los cazadores cortan un trozo del antílope muerto y desaparecen rápidamente de la escena con el botín. Toda la secuencia es digna de un análisis minucioso, pero basta con notar que si bien es arriesgado por parte de los cazadores, ellos utilizan muy bien los recursos disponibles,el camuflaje, la confusión y las habilidades de los leones en beneficio propio aún en una situación de desventaja física que se pondría de manifiesto si se enfrentara uno a uno hombre y animal.

En términos del contexto político y económico actual en nuestro país, la confusión, la generación deliberada de ruido, la sobreinformación y las distracciones son las claves para ganar terreno donde hacerlo de otra manera sería imposible. Y en esto hay que admitir que el oficialismo tiene un gran equipo y está haciendo un gran trabajo, potenciado por la inoperancia táctica y debilidad estratégica de la oposición. Las controversias absorben de tal manera la energía política de la sociedad y de los sectores opositores que disminuyen de forma notable la capacidad de supervisar otros movimientos que se orquestan detrás de la escena principal que nos tiene absortos. En términos estratégicos, esto es aumentar artificialmente el costo de monitoreo de los demás jugadores.

Sin embargo la creatividad es magra. La economía argentina se apoya en los sectores primarios desde la consolidación del país como tal, pero los recursos económicos lejos de gozar de libertad de gestión, están atados a la propiedad de la matriz que los produce. La renta de la propiedad y no los bienes que ésta produce es la regente de la economía real, y por supuesto está condenada y condicionada a los intereses de unos pocos que permanecen en las sombras. Bajo estas condiciones, es poco lo que se puede articular en materia de industria, desarrollo y crecimiento económico sin un modelo que lo sostenga.

No hay que ser muy pillo para tener superávit fiscal, inflación baja y reactivación económica general. Este cuento tiene el mismo espíritu que aquel que nos contaron sobre El granero del Mundo.

La receta del poder real en Argentina en materia económica es una sola. Hacer los movimientos que sean necesarios, todos los que sean posibles durante al menos un período de gobierno favorable para dejar la cancha lista y en condiciones para que los dueños del país puedan minimizar los costos y maximizar sus ganancias durante años. Al fin y al cabo, presentando el menú en una linda bandeja de PBI sustancioso, tendremos para la foto un país feliz, libre y próspero.

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